Bolivia no presentó la tarea (SÍSTOLE & DIÁSTOLE. OH. LT. 2017.8)

Monica Olmos - Copyright © 2016 Andres Herbas PhotographyLa Declaración del Foro Mundial sobre Educación de la UNESCO de Incheon (2015), estableció un marco de acción para que los 160 países participantes adapten sus políticas educativas hacia el logro de la Agenda 2030.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible No. 4 (ODS 4-Educación 2030) establece “Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”. Se espera que el cumplimiento de este objetivo “transforme vidas en el mundo”, pero la UNESCO advierte que el éxito será proclamado siempre y cuando “concierna a todos”, razón por la que este Organismo ha diseñado y establecido una metodología específica de seguimiento para que los países puedan alcanzar y demostrar las metas que componen el ODS-4.

En agosto de 2016, el Instituto de Estadística de la UNESCO, difundió los resultados del diagnóstico auto administrado sobre la capacidad que tendrían los países de América Latina (AL) y el Caribe para disponer y calcular los indicadores educativos ODS 4 que permitan dar cuenta del avance hacia una educación más inclusiva, equitativa y con mayores oportunidades para todos.

La tasa de respuesta a esta información clave ha sido del 69%; Bolivia, lamentablemente, es uno de los cuatro países de AL que no presentó el informe (fuente UNESCO). Este hecho es preocupante por la importancia del diagnóstico cuyo valor está dado por el alcance de sus ejes principales: Disponibilidad (¿Cuáles son los indicadores que tienen mayor y menor probabilidad de ser calculados?); desagregaciones (¿Cuáles son las desagregaciones más comunes?); frecuencia de actualización (¿Con qué frecuencia promedio se actualizan los indicadores?); y dificultades (¿Cuáles son los indicadores sobre los que ha habido mayor cantidad de respuestas vacías, o mayor desconocimiento?)

La UNESCO no sabe cuan preparada está Bolivia para alcanzar esta agenda educativa internacional. Lo más preocupante es que, aparentemente, Bolivia tampoco lo sabe y esto implicaría que la cartera de Educación tendrá serias dificultades para alinearse a la Agenda 2030.

¿Qué pretende esta Agenda en lo educativo? Destaco lo más significativo: que todos los niños terminen primaria y secundaria que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad y producir resultados escolares pertinentes y eficaces; asegurar el acceso en condiciones de igualdad para todas las personas adultas a una formación técnica, profesional y superior de calidad, incluida la enseñanza universitaria; aumentar sustancialmente el número de jóvenes y adultos con competencias técnicas y profesionales necesarias para acceder al empleo, el trabajo decente y el emprendimiento; eliminar las disparidades de género en la educación y garantizar el acceso en condiciones de igualdad de las personas vulnerables;  garantizar que todos los jóvenes y una proporción sustancial de adultos tengan competencias de lectura, escritura y aritmética; y garantizar que todos adquieran los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo sostenible mediante la  educación para el desarrollo sostenible y la adopción de estilos de vida sostenibles, derechos humanos, igualdad entre los géneros, promoción de una cultura de paz y no violencia.

Dos datos más: 1. Los países han comprometido aumentar el gasto público en educación cumpliendo las referencias internacionales y regionales asignándole entre el 4% y 6% del PIB, o entre el 15% y 20% del total del gasto público; Bolivia no llega a la cifra mínima requerida. 2. Estos países han aceptado desplegar esfuerzos encaminados a conseguir un mayor consenso en cuanto a normas internacionales de calidad; Bolivia no participa de los sistemas internacionales de evaluación de la calidad educativa mejor valorados.

El país no da ninguna señal clara de haber mejorado en términos educativos, empero, lo que llama más la atención, es que después de 11 años de un gobierno que enarbola el proceso de cambio y el vivir bien, los bolivianos no conozcamos a ciencia cierta la realidad de la educación, amén de la voluntad política para transparentarla.

Educación ¿qué estás haciendo? (Revista OH, Los Tiempos, 2016)

Educación, educación ¿qué estás haciendo?

Esta semana mantuve una conversación de pasillo con tres profesionales, ninguno, incluida yo, trabaja para lo que estudió. ¿Falla del sistema educativo? Sí, también. Y cuando hablo de dicho sistema, me refiero a la educación primaria, secundaria y terciaria (superior).

En Bolivia, estos subsistemas no están debidamente articulados: Entre el perfil del Bachiller y el perfil de ingreso del estudiante universitario hay una brecha grosera y difícil de achicar que acaba siendo una “carga” tediosa y costosa para el subsistema universitario que se ve obligado a asumir las deficiencias de un Bachiller con serias dificultades para la comprensión lectora, la producción de textos, la lógica matemática y la resolución de problemas, en general.

Compatibilizar perfiles y lograr un diálogo más amable y fluido entre el producto de la educación regular y la materia prima con la que requiere trabajar la universidad, redituaría mejores promesas tanto para el encargo social como para el mercado laboral porque, entre otras variables, aseguraría un proceso formativo más exigente, y por ende, perfiles profesionales de mayor calidad (con pertinencia social y científica). Seguir leyendo “Educación ¿qué estás haciendo? (Revista OH, Los Tiempos, 2016)”

Una “ley” para aprender inglés (Los Tiempos, 2015)

bilinguismoEl 2 de agosto de 2012 se aprueba la Ley General de Derechos y Políticas Lingüísticas (Ley 269) que daba tres años a los funcionarios públicos para que aprendan un idioma nativo. Hace 5 días el plazo feneció y ante la “esquizofrenia” provocada por el anuncio de despido al que no cumpla la ley, el Ministro de Educación ha tenido que aclarar que dicha normativa no es para echar a nadie de su trabajo.

“Ahora Bolivia tiene identidad; en todo el mundo ahora tenemos dignidad” , ha expresado el presidente Evo a tiempo de entregar certificados de aprendizaje de aymara inicial a 2.520 funcionarios, número bastante deprimido comparado con las 350.000 plazas del Estado ocupadas.

El propósito de la ley es absolutamente consecuente con el modelo de Estado inaugurado con la Constitución Política en 2009, sin embargo, hay aspectos prácticos que convocan a la reflexión: Primero, la verdadera utilidad de aprender un idioma nativo en un país en el que el 40% de la población total se autodetermina perteneciente a una etnia; segundo, que de ese porcentaje probablemente el 100% se comunica a diario en castellano; tercero, que el intento de obligar (la ley es de cumplimiento obligatorio) a “hablar” un idioma nativo no corresponde a un gobierno respetuoso de la democracia y de los derechos y libertades que ésta supone; cuarto, que el aprendizaje de una lengua implica poder leer, escribir e investigar en ese idioma; el “hablar” es susceptible a múltiples interpretaciones propiciando desconfianza; quinto, causa extrañeza qué –amparados en los mismos principios que sustentan la Ley 269– no se haya aprobado otra ley para normalizar y estandarizar el aprendizaje del idioma inglés.

La ley en cuestión tiene el objeto de “recuperar, vitalizar, revitalizar y desarrollar los idiomas oficiales en riesgo de extinción”. Si bien ningún entendido en la materia podría estar de acuerdo en la desaparición de un idioma, seguro coincidirá en la necesidad e importancia de comprender las razones para que esto suceda mucho más allá de ocurrírsele mantenerlo a fuerza de ley.

El propósito de la Ley 269 es “garantizar los derechos lingüísticos individuales y colectivos del Estado Plurinacional así como procurar la “descolonización, equidad, igualdad, interculturalidad, personalidad y territorialidad”. Pues bien, con ese mismo ímpetu y convicción, y considerando exactamente los mismos motivos, el Gobierno debe asumir el compromiso fundamental de crear condiciones para que los bolivianos desarrollemos competencias comunicativas en inglés porque si bien es importante mirar atrás para reafirmar nuestra identidad, es vital mirar hacia adelante para existir.

Saber una lengua extranjera amplía las oportunidades para ser más competente; es una oportunidad invaluable para el desarrollo social, cultural y cognitivo: disminuye el etnocentrismo y permite a los individuos apreciar y respetar el valor de su propio mundo; desarrolla el respeto por otras culturas; fomenta la valoración de la pluralidad y de las diferencias tanto en el entorno inmediato como en el globalizado; apoya la interacción social y la negociación de significados; desarrolla mayor conciencia lingüística, acentúa la conciencia social; amplía las potencialidades síquicas superiores (memoria mediatizada, pensamiento lógico-verbal y conciencia); facilita el acceso a oportunidades laborales y educativas que ayudan al vivir bien.

Ser competente en otra lengua es esencial en el mundo globalizado lo cual exige poderse comunicar mejor, abrir fronteras, comprender otros contextos, apropiar saberes y hacerlos circular, entender y hacerse entender, enriquecerse y jugar un papel decisivo en el desarrollo del país.

D. Crystal: “Nunca ha habido una época en la que tantas naciones necesitaran hablarse entre sí (…) nunca ha sido más urgente la necesidad de una lengua global”, ese es el idioma inglés.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150807/una-%E2%80%9Cley%E2%80%9D-para-aprender-ingl%C3%A9s_311059_688698.html

Autoevaluación no será vinculante

Última noticia. El Ministerio de Educación ha decidido “desvincular” la autoevaluación del proceso de evaluación y calificación que realizan los maestros desde la gestión pasada (2014).

En varias oportunidades, desde este espacio, hemos insistido en que la autoevaluación no debe incidir en la calificación final porque los estudiantes deben pasar primero por un proceso de aprendizaje para ser capaces de autovalorar su desempeño.

En todo caso, es una medida correcta la asumida por las autoridades del Ministerio de Educación que deberán trabajar en darles tiempo e instrumentos adecuados a profesores y estudiantes para que entre ambos maduren las reflexiones y responsabilidades que implica la autoevaluación. Mientras tanto, ésta solo debe ser un referente “remoto”, “distante” para el maestro como guía del proceso y para el propio estudiante como forjador de su aprendizaje.

Ahora voy a seguir insistiendo en la necesidad de independizar la valoración de cada dimensión. Es adecuado valorar la formación integral del estudiante, pero no lo es sumar las ponderaciones para obtener una sola calificación. Un asunto es lo actitudinal y otro lo cognitivo, y otro lo procedimental, uno no puede “salvar” al otro….porque, finalmente, no podemos tener bachilleres burros pero buenos tipos….así como no podemos tener ingenieros y odontólogos mediocres pero buenas gentes, no ve?

En este blog encontrará al menos tres artículos (todos publicados en Los Tiempos), que explican y fundamentan la necesidad pedagógica de “separar”, por el momento,  la autoevaluación de la valoración que realiza el maestro; y la necesidad de “separar” también, la evaluación por dimensiones…lo que quizá nos lleve a cuestionar también la efectividad técnica de los objetivos  holísticos.

(Solo debe poner EVALUACIÓN en “buscar” o hacer click en los links que con seguridad aparecerán en la parte inferior de este post).