¡Y dale con las asignaturas!

¿Y si no evaluamos el aprendizaje propuesto en una asignatura, qué aprendizaje evaluamos?, me preguntó una colega. Una unidad más significativa y menos fragmentada, respondí.

Debemos entender que el proceso formativo es la madre, por tanto, la evaluación de los aprendizajes la hija y el sistema de calificación la nieta; es decir, que la evaluación se define a partir del modelo educativo planteado. Esto funciona así: si tienes un modelo diseñado con base en un currículo fragmentado, tendrás un sistema de evaluación que evalúe y califique esas partes.

El currículo responde a una cruel lógica de partes: Todo el proyecto educativo está diseñado, desarrollado y evaluado así: Dividido en ciclos, cada ciclo en asignaturas, cada asignatura en bloques, cada bloque en unidades, cada unidad en teoría y en práctica…y así, la división sigue y no siempre suma y cuando el estudiante recibe su título profesional, contraluz lee en letra menuda “ahora tu tarea es juntar esas partes y darte cuenta para qué eres bueno”. Seguir leyendo “¡Y dale con las asignaturas!”

Ni pragmatismos ni romanticismos en educación (Sístole & Diástole, OH, LT. 2016)

Monica Olmos - Copyright © 2016 Andres Herbas PhotographyAlgunas de las respuestas esenciales al por qué la educación en Bolivia no satisface las demandas y expectativas del encargo social ni del mercado laboral, están en la Teoría Curricular de Procesos. Esta postura teórica plantea algo bien sencillo y elemental, pero complejo y “difícil” de ejecutar: el currículo de la educación regular y universitaria se sustentan en la interacción de tres elementos: la naturaleza del conocimiento y su metodología (episteme), el proceso de aprendizaje y el proceso de enseñanza. Esto obliga a priorizar la ciencia como objeto y objetivo de estudio lo cual demanda una didáctica originada y dirigida a la investigación de la disciplina, y, por tanto, del currículo.

Sí, bajo esta lógica, el currículo como proyecto formativo se constituye en objeto de investigación permanente y continuo, un objeto que demanda, entre otros, dos consideraciones fundamentales: el enfoque Carrera (integrado), y la participación directa y activa del profesor/docente. Seguir leyendo “Ni pragmatismos ni romanticismos en educación (Sístole & Diástole, OH, LT. 2016)”

Retos del currículo universitario (Los Tiempos, 2015)

718El qué, el quién, el cómo, el cuándo, el por qué, el para qué, el para quién se enseña está reunido en ese proyecto educativo denominado currículo. El currículo universitario, es, en consecuencia, el responsable de lo que se hace y lo que se deja de hacer en el proceso de formación; de ahí la importancia que tiene la responsabilidad con la que se encare su diseño o rediseño.

De manera muy grotesca y facilona se le carga a la educación superior universitaria la responsabilidad de obtener un buen profesional, sin tomar en cuenta por ejemplo, que en Bolivia no se han hecho los esfuerzos suficientes para enlazar el perfil del Bachiller en Humanidades con el perfil del postulante a una carrera universitaria; y por otro lado, la ausencia de una Ley de Educación Superior que  guíe con argumentos técnicos la gestión del currículo, por mencionar solo dos aspectos. Seguir leyendo “Retos del currículo universitario (Los Tiempos, 2015)”