Menos carne, urgente (SÍSTOLE & DIÁSTOLE, OH.LT.32)

Monica Olmos - Copyright © 2016 Andres Herbas PhotographyA propósito de la columna titulada Bolivia, la noble, la bella publicada el pasado 27 de agosto, Mauricio Quiroga, activista por los derechos de los animales en Houston,  me envía una batería de 11 preguntas que no sé responder; le devuelvo el correo indicándole que entiendo su preocupación, le pido su cooperación y le propongo que a partir de ella, construyamos esta columna. Pues bien, así lo hicimos.

La aflicción de Quiroga son los efectos medioambientales de las granjas de ganado vacuno, un problema global que también está presente en Bolivia. Las cifras proporcionadas por el colaborador de esta columna son alarmantes y nos obligan a reflexionar seriamente sobre la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene al respecto.

  • 1/3 de la tierra es convertida en desierto por el uso de los animales de granjas. El ganado cubre el 45% de la totalidad de la tierra.
  • Para que una persona se alimente regularmente de carne se deben ocupar/”consumir” 18 veces más de tierra al año que una persona cuya alimentación se basa en plantas.
  • El desperdicio de una granja con 2500 vacas lecheras equivale al desperdicio que generan 411000 personas.
  • Cada minuto se generan 14 millones de kilos de excremento producidos por animales destinados a la alimentación en Estados Unidos.
  • En toda la cadena productiva de una hamburguesa se usan aproximadamente 2500 litros de agua lo que representa tomar una ducha por dos meses sin interrupción. La industria de la carne y  leche utiliza 1/3 de agua fresca en el mundo. Datos de la UNESCO señalan que el agua utilizada en la producción de 1 kilo de carne de res es, por ejemplo, 10 veces mayor que la necesaria para obtener 1 kilo de trigo o maíz.
  • El 51% de las emisiones de gases que contribuyen al efecto invernadero es generado por la ganadería y sus derivados, frente al 13% que proviene del transporte.
  • La agricultura que requiere la crianza de animales para alimento, devasta el 91% de la deforestación del Amazonas.

Datos proporcionados por el doctor Eduardo A. Morales, ecólogo, señalan que en Bolivia la tasa de deforestación es de 350.000 ha al año; en términos per cápita esto representa 320 m2/persona/año. Esta es una tasa 20 veces más alta que el promedio mundial. La mayor parte de esta deforestación es para cultivo de alimento para ganado o para la ganadería misma (pastoreo y crianza).

Un estudio realizado por R. Müller, P. Pacheco y JC. Montero señala que “las tres principales causas directas de la deforestación en Bolivia son la agricultura mecanizada, la ganadería y la agricultura a pequeña escala.  La conversión de bosques a pastos para la ganadería ha causado más del  50% de la deforestación entre 2000 y 2010”.

La deforestación conduce al deterioro de ecosistemas, pérdida de suelos, amenaza y extingue a especies silvestres, y es hoy por hoy, un problema real en el país frente al cual no existen acciones concretas que estén reportando resultados satisfactorios.

En mi reciente recorrido por Municipios vecinos al Parque Nacional Amboró (Santa Cruz) conocidos como “productores de agua”, uno de los problemas medioambientales que más preocupa a sus autoridades es, precisamente, la contaminación del agua y la deforestación provocadas por la ganadería.

¿Qué hacer? El Portal Boliviano de Ganadería señala que “en 2009, Worldwatch plantea que la solución más rápida y efectiva para controlar el calentamiento global es reducir la ganadería al mínimo posible”, por lo que se hace necesario imponer políticas de Estado certeras; pero, al mismo tiempo, reflexionar y actuar en relación a nuestros hábitos alimenticios con lo cual no solo el medio ambiente estaría agradecido.

!Menos carne, urgente!