Una educación más allá de Dios (Los Tiempos, 2015)

Educación-y-Sociedad¿Puede haber una educación para no comprender? En teoría no, en realidad sí.  Una educación para no aprender a comprender es lo que muchos hemos experimentado, por ejemplo, en doce años de escolaridad, y en otros cuatro o cinco de Universidad.

La educación formal tiene tantas debilidades que hoy para salir del paso ante sus propias deficiencias, ha tenido que inventarse, por ejemplo, el enfoque basado en competencias, “modelo” que intenta paliar su falta de pertinencia  sociocultural, económica y política; en otras palabras, falta de respuesta a las necesidades y expectativas de la sociedad. Me pregunto si la escuela, en los niveles que sea, no ha formado personas competentes, entonces ¿qué ha formado? ¿Incompetentes? ¿Términos medios? ¿Mediocres? Seguir leyendo “Una educación más allá de Dios (Los Tiempos, 2015)”

Formación de Competencias Investigativas Básicas

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Pese a que la Ley de Educación Avelino Siñani Elizardo Pérez señala en uno de los objetivos de la Formación Superior Universitaria que ésta debe desarrollar la investigación en todos los campos de la ciencia y el conocimiento;  y a constatar que la elaboración de la Tesis de Grado se constituye en la única opción que el universitario tiene para afianzar sus competencias investigativas, el sistema universitario mantiene vigente al menos seis modalidades de titulación. La razón principal de esto es que el número de graduados que opta por el proyecto de Tesis era, y sigue siendo, escandalosamente pobre. Seguir leyendo “Formación de Competencias Investigativas Básicas”

Competencias y proyecto ético de vida (publicado en Los Tiempos)

Escribo desde la habitación de un hotel en Puerto Quijarro, es prácticamente el único lugar en el que estoy a gusto, se lo debo al aire acondicionado; afuera, siento morir con 40 grados y una humedad asfixiante.

Con este viaje concluye el programa de formación docente sobre educación con base en competencias iniciado a mediados del año pasado y extensivo a cinco subsedes de la Universidad Técnica Privada Cosmos. El programa nos ha dado el privilegio de estudiar, analizar y debatir sobre la temática con aproximadamente 240 docentes.

Esta semana trabajé con profesores de Pto. Quijarro y en una clase particularmente participativa, tuve que hacer mi mejor esfuerzo para animarles a no “tirar la toalla” pues describieron las dificultades que tienen para lograr persuadir a los estudiantes de seguir una carrera profesional: “Hacer educación en la frontera no es lo mismo que en las ciudades del eje troncal”, me dijo un docente. Sé a lo que se refiere, lo mismo ocurre en Cobija e Ivirgarzama (contexto similar al de frontera). En estos lugares, los jóvenes no tienen como primera opción seguir estudios universitarios porque  –al parecer-  el  comercio y las actividades ilícitas como el contrabando y el narcotráfico, alteran sus muy vulnerables principios  y acaban por adormecer sus conciencias.

Qué oportuno, entonces, reflexionar sobre la urgencia de hacer una educación orientada a la construcción de un proyecto ético de vida, aquello que intelectuales como Tobón, Stenhouse y Eliot, entre varios otros, consideran se puede lograr a partir de un currículo con competencias que esté sustentado en la teoría de la complejidad y el constructivismo pedagógico.

En este marco, se hace necesario preguntarse ¿qué tipo de profesional está formando la educación superior universitaria? ¿Aquel que fuera identificado por Ortega y Gasset como incapaz de comprender y transformar su realidad? Es muy probable, pensemos en cuan vulnerables somos los bolivianos a la corrupción y lo permisible que es el sistema con ella, al punto de “dejar pasar” la hoy célebre frase “mis abogados le meten nomás”…y hoy constatar que no había sido ningún lapsus.

Constatar que algunos ingenieros civiles no reparan en obtener ganancias en una mezcla  barata cuyos resultados son estructuras que amenazan con venirse abajo.

Constatar que somos parte de una sociedad que engorda al policía coimero con la disculpa de su peligrosa labor Vs. un salario de sufrimiento.

Comprender la  autocensura del periodista porque solo es un empleado de un almacén cuyo negocio consiste en la venta de anuncios comerciales; empleado con familia que tiene el derecho a comer, vestir y enfermar.

Estos son problemas que debe resolver la educación, sino ¿qué esperamos de ésta? ¿Que produzca profesionales ajenos a su ciudadanía y a su compromiso social?

El currículo con competencias busca precisamente formar un profesional íntegro capaz de satisfacer las necesidades de la sociedad con conocimiento pero sobre todo con responsabilidad social. No es cursilería, es conciencia, es amor propio, es amor al prójimo, es un futuro posible para nuestros hijos, es patriotismo y es una necesidad.

Por esto, no es suficiente que las competencias se enfoquen exclusivamente al saber hacer, esto solo responde a un pensamiento fragmentado y reduccionista de la educación. Las competencias, deben propiciar la autorrealización, el bienestar común, ese proyecto ético de vida que tenemos todos el derecho a soñar y a construir.

Educadores, sigamos en la lucha, aunque tengamos que enfrentarnos al sistema, aunque pequemos de románticos y moralistas, de idealistas e ingenuos. Aceptemos el reto que nos propone la educación por competencias que no es otra que una educación integral.