Para entender la tecnología educativa (Revista OH, LT, 2016)

samp86829c1d62576867Para introducirnos en el tema voy a contarles lo que viví hace unos días cuando fui miembro evaluador del examen de competencia de cuatro médicos candidatos a la asignatura de Anatomía. Dos de ellos emplearon presentaciones en power point, el tercero usó un marcador, y la cuarta profesional trabajó con cuatro marcadores de color.

Después de observar el desenvolvimiento en aula, escuchar sus disertaciones y pertinencia de las respuestas, se optó por uno de ellos. Su tecnología educativa -la pizarra y un marcador- se impuso a los recursos empleados por los demás y nos dio una magnifica explicación sobre la anatomía del corazón, supo mantener el interés en su alocución, conectó con la mirada y demostró gran dominio del tema. La candidata de los cuatro marcadores destacó por su planificación, claridad y expertise. ¿Qué pasó con los médicos de las diapositivas? Lo que suele pasar cuando no se sabe emplear el recurso tecnológico y cuando este, en vez de apoyar al maestro, lo perjudica.

¿Los recursos tecnológicos facilitan el proceso docente educativo? No necesariamente. ¿Los estudiantes aprenden mejor cuando el docente usa tecnología moderna y llamativa? No necesariamente. ¿La clase se hace más llevadera cuando el maestro emplea TIC? No necesariamente.

¿Cuándo la clase se hace provechosa para el estudiante? Cuando el profesor entiende los intereses y motivaciones del estudiante, cuando comparte un tema significativo a partir de una comunicación empática y asertiva, y cuando imprime tanta voluntad como energía para enseñar: “…voluntad implacable de hacer bien y de enseñar bien…es el calor con el que se enseña; es la fe con que se trabaja; es el amor con que se cultiva al niño; es la fiebre fecunda que anima toda la vida escolar que brota del profesor” (Franz Tamayo hace 106 años).

Carla Martínez en TIC no son varita mágica para digitalización educativa, recuerda que en “Argentina, Colombia, Uruguay, Chile y México se han entregado millones de dispositivos entre tabletas y computadoras portátiles derivados de inversiones millonarias cuyo impacto es nulo sin una política educativa adecuada, sin electricidad y sin conectividad a Internet”.

“Creo que hasta hace tres o cuatro años vivían nuestros países con la esperanza y fantasía de que invirtiendo en dispositivos tecnológicos y conectividad se iban a empujar cambios en la pedagogía, en la forma de trabajar en la escuela y creo que lo que ha ocurrido es que terminamos de convencernos de que eso no ocurría mágicamente, que la sola presencia de dispositivos no aseguraba cambios reales en las prácticas docentes y tampoco tenía impacto en la calidad”, señala E. Severich, consultor UNESCO. La tecnología no hace a la calidad educativa, esto lo saben pedagogos y tecnólogos, pero no lo quieren entender los políticos que gastan millonadas en el afán: “cualquier país que siga en esa línea va a gastar mucho dinero con ningún impacto”, asegura el consultor.

Está claro que para que la digitalización educativa funcione, la escuela deberá contar con las condiciones óptimas de conectividad (infraestructura, energía eléctrica, internet de calidad, mantenimiento), pero además, serán fundamentales los procesos educativos diseñados para tal efecto: docentes expertos en educación digital, plataformas virtuales para trabajo en equipo y programas (contenidos, estrategias y evaluación) adecuados. Mientras esto no ocurra me quedo con el docente que nos sedujo con un marcador negro, o con la que en 8 minutos dibujó un prolijo esquema de síntesis temática empleando marcadores de color como recurso tecnológico.

http://www.lostiempos.com/oh/tendencias/20160508/entender-tecnologia-educativa

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¿Qué puede aprender Bolivia? (Los Tiempos, 2016)

130208-educacion-finlandia-secreto-guinda-pastelMi primera columna de 2016 la dedico a la educación muy a pesar del fracaso que esto supone en términos de número de lectores: en algo más de 300 columnas semanales publicadas en los últimos seis años, he aprendido que esta temática es infinitamente menos excitante que las “evadas”, las estrategias envolventes o el amarillo que hoy tiñe el quehacer periodístico internacional. Arriesgo mi “popularidad” y decido ser fiel con mi conciencia dedicando estas líneas a lo que considero fundamental para cualquier sociedad, y advierto, lo haré con más frecuencia a sabiendas de los “riesgos” y las satisfacciones personales que esto significa.

Pasi Sahlberg es un finlandés experto en educación, autor de El cambio educativo en Finlandia, ¿qué puede aprender el mundo? ; de ahí el título de esta columna que intentará una síntesis, grosera pero síntesis al fin, de las primeras sesenta páginas de este libro que trata sobre cómo ese país nórdico ha pasado de una educación mediocre a la mejor educación del mundo.

¿Qué puede aprender Bolivia de la experiencia finlandesa?

Primero subrayo algunos términos e ideas clave de lo que no debe aprender (lo que el autor caracteriza en la Tercera Vía): “la competencia por premios no es generadora de calidad”; “la calidad docente nada tiene que ver con la remuneración por su desempeño”; “es un error dejar que los gobiernos dicten qué y cómo deben aprender los estudiantes y qué debe enseñarse en las escuelas”; “las personas no son dueñas de sus visiones; alquilan las visiones de otros”; “la capacitación se ha convertido en entrenar a las personas en estrategias prescritas con el fin de llevar a cabo y hacer realidad objetivos y metas impuestos por otros”.

Lo que Bolivia sí debe aprender (Cuarta Vía) tiene que ver con “la inspiración, la innovación y la responsabilidad colectiva”.

Redundando: El trabajo en equipo, las visiones compartidas, la creación de capacidad que se traduce en el crecimiento y el desarrollo a través de la autogestión; “la toma de posesión y el desarrollo colectivo de una comunidad hacia los propios fines y necesidades principales”.

Finlandia ha desarrollado y aplicado una visión propia de los cambios educativos y sociales vinculados a la inclusión y la creatividad negándose a cualquier idea de estandarización. Se ha apoyado en docentes bien formados, de buena calidad, con calificaciones altas y título de maestría lo que ha atraído a los jóvenes hacia la profesión de la enseñanza (los bachilleres finlandeses se sienten más motivados a seguir la carrera de educador que la de médico y/o abogado); tiene una estrategia inclusiva de educación especial; ha entregado a los docentes la responsabilidad colectiva del desarrollo de los planes de estudio y de las evaluaciones de diagnóstico descartando la implementación de exámenes estandarizados diseñados por el Gobierno central; y finalmente, ha relacionado la reforma educativa con el desarrollo creativo de la competitividad económica así como con el desarrollo de la cohesión social, la inclusión y un sentido compartido de comunidad.

Sahlberg recomienda no imitar modelos porque cada contexto es particular, sin embargo admite que las escuelas mejoran cuando aprenden de otras y que el aislamiento es el enemigo de toda mejora: “Hemos pasado décadas intentando romper el aislamiento de los docentes en nuestras escuelas”.

Mejorar la educación es una obligación moral porque el bienestar y felicidad de cada persona se plantean desde el conocimiento, y económica porque la riqueza de las naciones depende más que nunca del saber hacer.

“Una nación educada no puede ser creada por la fuerza” por ello es fundamental la confianza mutua entre autoridades de gobierno y escuelas. Continuará.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20160108/%C2%BFqu%C3%A9-puede-aprender-bolivia_328789_730461.html