La segunda oportunidad (Sin pelos en la lengua, Los Tiempos)

Supongo que no todos los días alguien está dispuesto a donar su colección de libros. Una biblioteca privada resulta del tiempo y del esfuerzo económico, pero, sobre todo, de algo que más allá de ambos factores, tiene que ver con la acumulación de experiencias, deseos y sentidos de vida. Nadie posee una biblioteca solo por el afán de hacerse de una pila de libros que, a más de alguien en algún momento, va a incomodar; por tanto, los libros de uno se convierten en una especie de tesoro, preciado en tanto representa tu propia historia.

En consecuencia, donar una colección de libros es, sin duda, un acto de desprendimiento muy significativo, típico solo de gente altruista y sensible. Ahora bien, quien decide regalar su colección a una cárcel puede ser considerado –al menos es así como lo entiendo- una persona de una infinita fe en el ser humano.

Y cuando las noticias giran en torno a lo feo de la sociedad, a la cualidad más miserable del político, a lo más violento del hombre y de la mujer, aparece en un pequeño espacio de papel periódico una información que nos propone más que una reflexión; aparece Gustavo Álvarez Justiniano quien toma sus 376 libros y los dona al penal de Palmasola. Seguir leyendo “La segunda oportunidad (Sin pelos en la lengua, Los Tiempos)”

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