La foto en el Sena


En esa foto que retrata a una pareja de jóvenes enamorados paseando por el río Sena hay una gran historia de entrega, fe y amor.

Él tenía 26, ella apenas 17, demasiado joven para perderse en Europa con un muchacho de la Tele que usaba corbatas rosadas. La oposición de los padres fue como debía ser en aquella y en cualquier época; la lucha de ellos, sin embargo, logró imponerse con la condición -impuesta por el papá- de que al volver bajarían del avión cada uno por su lado, como para no dar la impresión a nadie que andaban juntos. La mamá jugó el rol de cómplice pues sabía que el viaje era por un mes; el padre creía que sería una ida y vuelta, asunto de tres días.

Los tortolitos partieron sabiendo lo que nadie más podía saber, que esa relación de pocos meses sería para toda la vida.

Hace algunos días, ella, con 46 años que cumple precisamente hoy, publicó aquella foto en el Facebook; él le respondió en el whatsapp así: “Cuando nos perdíamos 24 horas entre sábanas y no nos dábamos cuenta…hermosa mujer la que me guardó la vida”. A ella, se le humedecieron los ojos y aceleró el corazón. Es evidente que ambos siguen tan enamorados como hace 29 años.

Hace 135 días, por razones que no terminan de ser razones, están separados físicamente…buscando la forma de volverse a encontrar; ella extraña sus manos tibias acariciando durante horas su espalda; él…parece que extraña algo más.

La vida les ha regalado tres hijos, tres hermosos varones que, cada uno a su tiempo y a su manera, les recuerdan que aquella foto en el Sena valió la pena; que los 720 fines de semana encerrados en una isla de edición también valieron la pena; que aquel doloroso tratamiento de embarazo también valió la pena; que el rezo a Santa Teresa en la Catedral de Santiago también; y que aquel encuentro lleno de travesura de hace 14 años, lo propio.

Ella cree que podría escribir un libro de aquella historia de amor, pero por el momento se limita a una columna en la que quiere dejar un mensaje a las parejas que hoy comienzan una vida, que la comenzaron hace tres décadas, cuatro o cinco: Nada hubiera sido igual para ellos por separado, se habrían perdido el privilegio de verse envejecer…de verse canando…de verse mañuneando…de verse tan unidos aunque separados…de acompañar la vida de tres hijos…de maravillarse recordando aquella foto en el Sena.

Falta poco, muy poco para que sus hijos hagan como ellos y se escapen por el mundo con alguien de 17 o 27 a declararse el amor que se merecen, a buscarse la vida como ellos hicieron, a sembrar amor para cosechar felicidad, y entonces, volverán a estar solo él y ella. Será cuando recuerden -una vez más- que la pareja es un regalo de Dios; sí, que Dios existe en el corazón de cada uno, que está haciendo click en una cámara fotográfica, que está vigilante en una isla de edición, que está en las manos de un médico, que está escondido en medio de las sábanas, que está sentado en la mesa familiar, que está en la sala de partos acompañando la llegada de cada hijo, que está el primer día de escuela de los chicos, que está ahí, todo el tiempo haciendo lo suyo. Sí, Dios existe para decirte que la magia se hace entre tres.

Si hay algo que este mundo necesita hoy es más fotos en el Sena…en el Piraí, en el Rocha y en el Guadalquivir; necesita fe, amor y a Dios. Necesita compromiso, responsabilidad, entrega, pasión, confianza. Necesita darse cuenta que ella lo necesita a él tanto como él a ella.

Este 2 de diciembre, quiero decirte “te amo, vida”.

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