Es hora porque es tarde (Sin pelos en la lengua, Los Tiempos 7)


A pesar de las promesas electorales, las consultorías pagadas, los proyectos de Ley en curso y los buenos deseos de todos, Cochabamba aún no ha logrado resolver uno de sus mayores problemas: la basura.

Todo me hace suponer que más allá de las acciones concretas de las autoridades y de las leyes y sus castigos y multas, esta ciudad seguirá sucia como está. Entiendo que las verdades incomodan e incluso duelen, sobre todo cuando creíamos llevar ventaja como ciudad.

Hoy los cochabambinos amanecemos con la odiosa musiquita municipal anunciando el carro basurero. Hay que ver las esquinas de las calles y avenidas entre las 5:00 y las 11:00: Tachos, baldes, cajones, bolsas y talegos adornan la paciencia de los vecinos, de aquellos que no han encontrado solución más cómoda que dejarla en la calle y de los otros que se dan el lujo de estar expectantes a que llegue la empresa de aseo a recogerla. Ahí están ellos (ellas, generalmente) corriendo apresurados con sus trastos a cuestas detrás de un excholango.

Si las mañanas son el fiel reflejo del retraso, las noches ya no tienen nombre ni apellido. Caminar por las avenidas Aroma, Heroínas, Ayacucho, América o por cualquier calle de la ciudad es un acto de masoquismo colectivo: El escenario es decadente, las esquinas están colmatadas de basura. Las esquinas donde aún se mantienen los basureros verdes del Manfred son verdaderos microcentros de contaminación, y las esquinas donde algún Alcalde mandó a poner los trillizos para residuos callejeros, lo propio, están convertidas en basureros domésticos donde la gente expone su peor faceta, la más egoísta, la más sucia. A las 23:00, la ciudad es un verdadero basural.

Ni Manfred ni Cholango ni Leyes lograron avanzar en este aspecto porque ninguno de los mencionados, y menos los que no recuerdo pero que igual pasaron, lograron avanzar en este aspecto porque sencillamente no consideraron lo elemental: La educación del ciudadano. Uno creyó que era cuestión de poner basureros grandes en cada esquina, el otro juró que era cuestión de sacarlos y traer carros basureros con foto incluida y el tercero de la lista, ese, en definitiva, creyó que el tema pasaba por… por… qué les puedo decir si no hizo nada.

Ningún edil, ningún Concejal, ningún Ministro de Educación, y ningún Director de Colegio se ha hecho famoso por implementar una estrategia de comunicación, información y concienciación respecto al uso adecuado de nuestros residuos, pues este tipo de acciones no se cumplen a plan de tecnología, leyes o de temitas musicales pegajosos. El tema de la basura y su tratamiento es un asunto, principalmente, de conciencia ciudadana para lo cual es imprescindible que medie un proceso pedagógico.

Es pues sorprendente que las autoridades en Bolivia crean que primero es lo último, y que lo último sea lo primero, así, se invierte en fierros, motores, eslóganes y spots que a la larga no cambian nada por lo tanto es dinero y esfuerzo depositado en el tacho, en el tacho de la basura donde caen malacrianzas, ignorancias, negociados y, sobretodo, mucho egoísmo porque no debe haber actitud más egoísta que tirar basura en un espacio público.

Mientras los ciudadanos sigamos creyendo que el tema de la limpieza pasa por un buen Alcalde, un gran basurero, un servicio eficiente y una costosa planta de tratamiento, nada se habrá resuelto porque seguiremos dejando nuestro costalito de egoísmo en la esquina del barrio para que alguien (el sistema) la recoja temprano, o aguardando la oscuridad de la noche para tirarla desde nuestro coche en una calle “abandonada”.

Se habla de una Ley que regule el uso de bolsas plásticas. !Por fin! Cuando todos los países vecinos ya tienen una normativa y una conciencia al respecto, nosotros aún debatimos una ley. Ojalá que ésta venga acompañada de una campaña de educación y comunicación que al menos incida en crear conciencia sobre el uso de las tan empleadas bolsas y bolsitas.

Es evidente pues que necesitamos dejar de creer que la solución la tienen las autoridades y las leyes, tan evidente como la necesidad de dejar de consumir demás, dejar de comprar el pan en bolsa y dejar de lanzar nuestros desechos a la calle.

Es hora de avanzar en lo elemental.

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