Tecnología del enfrentamiento, una opción coherente (Sin pelos en la lengua, Los Tiempos 6)


21 de febrero de 2016. El Vicepresidente anuncia un empate técnico. Al día siguiente, ante la inesperada derrota, el MAS encuentra culpables: Las Redes Sociales. El propio Presidente habla de “guerra sucia” en su contra a través de Facebook y Twitter. Líderes cocaleros anuncian un proyecto de Ley para normar -en nombre de la educación y el respeto a la democracia- el uso de estas redes.

7 semanas después del Referéndum, Álvaro García Linera crea una repartición de Estado dependiente del Ministerio de Comunicación que se dedicaría al flujo de información entre gobierno y sociedad civil mediante las Redes Sociales: Debemos “normar las cuentas anónimas”, dice el oficialismo.  Sí, el gobierno considera que es necesario destinar más de siete millones de bolivianos/año del TGN al financiamiento de la Dirección General de Redes Sociales para “desarrollar estrategias de difusión, consulta e interacción del Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia con las cibercomunidades”.

En ese marco de impecable coherencia con la naturaleza beligerante del régimen, el MAS decide capacitar a un grupo de ciudadanos cuya tarea -se advierte- será el contrapeso político de una balanza que hasta entonces se había inclinado en contra de la cuarta repostulación del Presidente Evo Morales, y lo que estaba más claro aún, anunciaba de forma explícita su rechazo permanente a cualquier insistencia posterior.

Las capacitaciones -con currículo oculto más que formal- se han dado en aulas de la Universidad Indígena Casimiro Huanca del trópico de Cochabamba; los graduados -militantes y simpatizantes del régimen- han sido bautizados por el propio oficialismo como guerreros digitales y ciberguerreros, pero como los denominativos empiezan a sonar agresivos y poco coherentes con un gobierno “respetuoso” de la democracia, “obediente” al mandato del pueblo y profundamente “arraigado” en la cultura del diálogo y el vivir bien, hoy, esos guerreros se llaman solo activistas digitales del MAS.

El asunto es que estos cientos de hombres y mujeres capacitados por técnicos del Ministerio de Comunicación a través de la Dirección General de Redes Sociales, amén de los jugosos sueldos que recibirían según denuncias del Senador Arturo Murillo, tienen la misión de contrarrestar los mensajes generados desde el activismo ciudadano en contra de la ilegal e ilegítima cuarta repostulación de Morales-Linera y del rechazo a las permanentes muestras de abuso de poder, cooptación de la justicia, gastos dispendiosos del primer mandatario, y cualquier otra (des)medida de parte del MAS. A esta tarea el gobierno le llama “combatir la mentira y la desinformación”.

Aunque no se trata de hallar trisílabas en las expresiones del pueblo, el andamiaje lingüístico que el propio gobierno ha validado a través de los medios, refleja la naturaleza del régimen que gobierna hace 12 años, dotado de un “armamento” discursivo agresivo, despectivo y siempre provocador: Revolución digital, guerra digital, guerreros digitales, ciberguerreros, combatir la mentira, defender…” pertenecen a la misma familia semántica lo cual no es ninguna casualidad, es nada más la lógica de un pensamiento y de una tecnología del enfrentamiento que buscan protegerse innecesariamente de las “amenazas” de los “enemigos” eternos e inventados.

Lo que resulta paradójico es que un gobierno como el del Evo de la chompa a rayas, el de la cultura del diálogo, el de todas las reivindicaciones posibles y el embanderado del proceso de cambio, deba y pueda recurrir a dinero del Estado (dinero de todos) para contrarrestar, disimular, minimizar y/o reducir las expresiones de desencanto y hastío de la mayoría de los bolivianos. Esto solo demuestra la distancia que existe entre las demandas y expectativas del pueblo y el que fuera el hombre capaz de cambiar la historia del país.

La correlación de fuerzas actual obliga a Evo a una Dirección de Redes Sociales y a un regimiento de ciberguerreros dispuestos -salario de por medio- a anular la amenaza: La determinación de un pueblo que ha decidido en las urnas, cuidar su bien más preciado, su libertad; libertad que se ha visto aún más vulnerada con la violación de la voluntad del pueblo y de la Constitución Política del Estado.

Penoso que el gobierno de Evo haya optado por la tecnología del enfrentamiento y no por la del saber que tanta falta nos hace.

http://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20180617/columna/tecnologia-del-enfrentamiento-opcion-coherente

 

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