De agravios, falsos debates y descréditos (Sin pelos en la lengua, Los Tiempos 3)


Es increíble la facilidad con la que la mayoría de los gobiernos latinoamericanos se ha encargado de provocar su propio descrédito. La corrupción, el clientelismo y el prebendalismo son los medios con los que los partidos políticos han instrumentalizado su autodestrucción.

Hoy, ser político es sinónimo de nada honroso, y es más que desalentador que así sea. Es preocupante que esto ocurra, pero es más lamentable descubrir que forme parte de un producto diseñado para alejar de la política a románticos, ilusos y bien intencionados seres humanos, y cerrar el círculo a los descorazonados dispuestos a todo.

Sin duda hay que cambiar esa desgastada y maligna estructura política. ¿Cómo? ¿Con qué hombres o mujeres se logra ese cambio? Son las preguntas que se apuntan en la libreta de urgencias cívicas. La fórmula no es mágica, tampoco existen recetas; las propuestas no son de fácil construcción porque tienden a disolverse en un trago amargo hecho de hastío, desconfianza, miedo, desidia, anomia y enojo del ciudadano.

Sin embargo, se anhela un cambio y es que realmente se lo necesita. La sociedad civil ya no puede coexistir desentendida de la política, y ésta ya no puede dejar de ser un privilegio de pocos, de los de siempre. En política no hay nada que no sea calculado, e insisto, esta brecha entre gobernantes y gobernados tiene el propósito de moldear y sostener a una élite privilegiada, engreída y por supuesto (generalmente) intocable.

El distanciamiento simbólico es evidente. La gente siente que los políticos, sus representantes, están lejos, y no se equivocan, hace tiempo que hemos dejado de tener autoridades que escuchen, que atiendan, lean e interpreten las necesidades vitales del pueblo.

Los políticos ya no pueden seguir gobernando alejados del pueblo, distanciados de las demandas y expectativas de los electores; y ya no pueden, sobretodo, arrebatarle al ciudadano la esperanza de días con mayor certidumbre por culpa de unos representantes que además de lejanos o ausentes, paguen votos con agravios: Corrupción, mentira, soberbia, abuso de poder y circo.

Las democracias latinoamericanas aún son demasiado imperfectas; el estado de derecho parece ser un acertijo para ciertos grupos étnicos; el ejercicio pleno de ciudadanía no es derecho de todos; y la ausencia de Estado es un fenómeno conocido. Y por si estas imperfecciones institucionalizadas fueran poco castigo, nos yapan con falsos debates en los que más temprano que tarde, todos nos vemos siendo intérpretes. Nada sería caer en trampas mediáticas ideadas como parte de una estrategia maquiavélica de distracción, embobamiento, y adormecimiento mental; la tragedia es mayor y se ha instalado en el imaginario colectivo como lo correcto, lo importante y lo único posible: Nos reconocemos siendo parte de debates, planteamientos y discusiones falaces como izquierdas y derechas, el imperio es el eterno enemigo, la polarización política, la imposibilidad de visibilizar una segunda alternativa o la completa anulación del otro; y el odio colectivo a la política y a los políticos, formas que aseguran que nadie más que ellos están habilitados para experimentar semejante proeza de valentía y coraje.

Mientras la mayoría de mortales pierde el tiempo en falsos debates y sortea sus días siendo víctima de agravios groseros, los políticos creen que son los privilegiados eternos; su soberbia es tan atrevida que no les permite darse cuenta que una correlación de fuerzas diferente es posible; que el cansancio ciudadano es real y que provoca reacciones; que el verdadero cambio no se decanta en un líder ni en una sigla política, ni en un curul o en una bancada… ni siquiera en todo ello.

El ciudadano mira decepcionado y frustrado el propio descrédito de esa clase política, aun así, se niega a seguir aceptando sus agravios permanentes, por ello entiende que es momento de repensar su rol político, su poder cívico y de re diseñar sus expectativas ciudadanas. Es momento de revisar en qué nos distraemos y en qué debemos concentramos. Es momento de identificar a los verdaderos enemigos y a los aliados genuinos.

http://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20180506/columna/agravios-falsos-debates-descreditos

 

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