La evaluación de las universidades bolivianas, vacíos y debilidades (SÍSTOLE & DIÁSTOLE OH.LT.33)


Monica Olmos - Copyright © 2016 Andres Herbas PhotographyLa ley boliviana reconoce cuatro tipos de universidades: Las Universidades Privadas, las Indígenas, las de Régimen Especial y las Universidades Públicas Autónomas. Solo estas últimas cuentan con una instancia habilitada para evaluar y acreditar la calidad educativa: El Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana CEUB monopoliza estos procesos.

Bolivia no cuenta con una agencia evaluadora ni acreditadora de la calidad educativa universitaria (ni de ningún otro subnivel de la educación). Ante esta ausencia, las Universidades Privadas -que en número triplican a las Universidades Públicas- deben acudir a agencias internacionales como la del Sistema ARCU-SUR (del MERCOSUR) o a otras agencias internacionales privadas.

La Comisión Nacional de Acreditación de Carreras Universitarias CNACU es la intancia que debía facilitar la creación de la Agencia Plurinacional de Evaluación y Acreditación de la Educación APEAESU a partir de la vigencia de la Ley de Educación (Diciembre, 2010); esta Agencia que debería estar conformada por dos Viceministerios del ramo, el CEUB y la ANUP (Asociación Nacional de Universidades Privadas), a la fecha no existe.

A pesar de esta realidad, las universidades, públicas o privadas, realizan esfuerzos económicos, administrativos y académicos para seguir procesos de Evaluación y Acreditación porque saben que las acreditaciones les retribuyen reconocimiento público, valor a su oferta educativa y -sobre todo- se constituyen en importantes argumentos de mercadeo.

Que Bolivia aún no haya sido capaz de construir una institucionalidad (no monopólica) encargada de la evaluación y acreditación de la calidad educativa es preocupante, pero es tanto más aquello con lo que se cuenta: El Reglamento General de Evaluación y Acreditación de Carreras y/o Programas del CEUB así como el Sistema de Evaluación y Acreditación ARCU-SUR se rigen a criterios que, de acuerdo a las tendencias mundiales, evidencian limitaciones, incluso obsolescencia.

El ARCU-SUR evalúa 4 dimensiones frente a los 10 del CEUB, esto no quiere decir que la propuesta del CEUB sea más compleja o mejor; al contrario, el ARCU-SUR con menos de la mitad de dimensiones, tiene estándares (componentes, criterios e indicadores) más exigentes.

Analizando los estándares de calidad de los dos Sistemas, se advierte que ambos poseen similar metodología (sino idéntica) que consiste básicamente en la Autoevaluación seguida de la Evaluación Externa o de Pares. Este procedimiento prioriza la fase de la Autoevaluación que es, precisamente, uno de los aspectos que, desde mi análisis, le resta pertinencia porque está diseñada para “fiscalizar” asuntos que son de cumplimiento normativo, regulatorio y administrativo más que para evaluar criterios vinculados al currículo, la pedagogía, la didáctica, la producción de conocimiento y el desempeño profesional.

La Autoevaluación así misma, utiliza la Misión y Objetivos de la Carrera como criterios autoreferidos a la realidad institucional, haciendo que los esfuerzos se orienten a una evaluación de proceso cuando la tendencia es jerarquizar una evaluación de producto; vale decir, concentrada en el impacto, integralidad y universalidad como sus principales categorías de calidad. No se ve, en ninguno de los sistemas, que los graduados, la investigación, la vinculación y el desempeño profesional, por ejemplo, constituyan dimensiones, apenas aparecen como componentes con pocos criterios e indicadores.

Finalmente, estoy segura que la evaluación debe servir para que se mejore la calidad educativa por lo que debe ir seguida de un plan de mejora, de desarrollo, de una estrategia de retroalimentación eficiente y efectiva, y de un mecanismo de comunicabilidad institucional. Sin embargo, se observa que el interés mayor que moviliza estos procesos en el país es la acreditación por lo que se tiende a realizar esfuerzos de maquillaje de la realidad.

Es fundamental que el enfoque filosófico y epistemológico de la evaluación de carreras y programas universitarios confluya en diseñar un sistema moderno que priorice la calidad del profesional; y es importante que el país termine de construir institucionalidad en torno a su sistema de Evaluación y Acreditación de la calidad educativa con esas características.

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