¿Quién será el valiente merecedor? (SÍSTOLE & DIÁSTOLE, OH.LT.24)


Monica Olmos - Copyright © 2016 Andres Herbas PhotographyLula da Silva ha anunciado su candidatura a las elecciones de 2018 en el Brasil; Cristina Fernández de Argentina anda en lo mismo; en el Perú los Fujimori continúan en el poder, pese a todo; En Chile, Sebastián Piñera es elegido como candidato de la UDI para las siguientes justas electorales; en Cuba ni qué decir, y en Bolivia, don Evo ni siquiera piensa en la posibilidad de irse. ¡Qué crisis!

Y qué crisis total y absoluta considerando que los nombrados no fueron ni son ningunas moneditas de oro; la mayoría ha tenido que dejar el poder en medio de mega escándalos de corrupción y con cifras de popularidad que apenas se dejan arrastrar por el suelo; pero aun así, muy a pesar de ello, ahí se los ve, al ataque “egein”.

Nada sería que la crisis solo los alcanzara a ellos, gente que debería estar devaluada sin posibilidad de volver a candidatear ni a la conserjería de su condominio; la crisis involucra, además, a todo el sistema político (cosa que explica, en parte, el retorno de los citados): la gente decente y honorable le huye a la política porque ésta, tal como es aprovechada en nuestros días, es considerada poco menos que una actividad ilícita.

Al electorado, siempre el pagador de todas las deudas, no le queda otra que elegir al menos peor y en ese ejercicio obligado en el que media el castigo bancario, se hace a la idea, bastante ilusa por no decir estúpida, que ese menos peor puede ser y hacer la diferencia. Así nos ha ocurrido, la historia reciente y cercana está llena de menos peores convertidos en su momento, en la esperanza pero que no fueron más que lo mejorcito de lo peor que ofrecía la papeleta electoral, y así, evidentemente, no se puede estar ni bien ni más o menos bien.

Digo ¿en qué momento la práctica de la política se convirtió en esa oportunidad para aprovecharse de los demás? La política no es ni en teoría ni en principio lo que han hecho de ella, pero hoy, no hay quién le borre esa etiqueta de uso.

El hombre desmedido y sinvergüenza la ha prostituido y la ha embargado. ¿Quién la recupera, quién la cura? ¿Cuánto tiempo más tendremos que resistir?

La impostura es el mal del Siglo XXI y es la marca de los gobiernos que en su momento se autonombraron como del Socialismo del Siglo XXI. La han hecho suya, la usan y explotan con el mayor disimulo. Critican el muro de Trump mientras construyen los suyos; para ellos existen imperios buenos e imperios malos, odian el gringo por ser gringo pero embargan sus países al Chino por ser el opuesto bueno; detestan el capitalismo pero firman acuerdos millonarios con el extractivismo; hacen cumbres de los pueblos pero despojan, apresan y “masquinean” a indígenas; dicen tener blindada la economía pero echan mano del dinero del fondo de privados para financiar el agro; aprueban Constituciones que luego cambian y re cambian y vuelven a re cambiar; convocan a las urnas para aprobar lo que luego quieren desaprobar; llaman al voto popular cuantas veces sea necesario reafirmar su imagen democrática; y generan burocracia y corrupción como mandados a hacer.

Mientras tanto, el pobre instrumento -la política- ahí, mancillada, ultrajada, violentada mil veces. Los otros, los demás, ya no quieren saber de ella. ¿Quién será el valiente que se anime a revivirla y redimirla? ¿Existirá el humano capaz de retornarnos al mundo de la dicha colectiva, si esta existe? ¿Será posible volver a creer sin equivocarnos? Ya no solo anhelamos el voto inteligente, sino la posibilidad de que alguien sea merecedor de este.

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