Bailando por un sueño…despacito (SÍSTOLE & DIÁSTOLE, OH.LT.21)


Monica Olmos - Copyright © 2016 Andres Herbas PhotographyEl domingo, cuando esta columna se publique, ya habré llegado a la que considero mi tierra, mi hogar. Mientras tanto, desde el comedor de un hotel en la mitad del mundo, permítanme compartirles lo que voy metiendo en la maleta en forma de testimonios, historias y experiencias que remecen el alma, la mía y la de miles de indígenas cuya lucha hoy es más dura de la que enfrentaron en la colonia; a aquello que se registra en los libros de historia se suma otra lucha aún más dura: el mestizaje que tiene rostro de complejo, de racismo, de discriminación, de “desarrollo”, de oportunismo y conveniencia, y de un individualismo que excluye, que invisibiliza y desconoce al otro.

Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia se parecen demasiado. Los cuatro países se muestran y se venden al mundo como reservorios de una diversidad cultural muy útil al turismo, de un folklore afortunado y de una identidad segura y orgullosa de sí misma; con gobiernos progresistas ocupados en el bienestar de sus pueblos y respetuosos de sus ancestros.

Desde el fondo del bolso de la realidad, los dueños originarios de estos territorios -los pueblos indígenas- no son más que minorías en proceso de extinción; minorías que importan poco o nada a una mayoría que por su cuenta, también lleva su propia lucha, nunca comparada con la de estas agrupaciones que siguen excluidas excepto para la foto o para el afiche de alguna secretaría de turismo.

Se habla de procesos de inclusión, de convenios internacionales, de constituciones y de leyes que favorecen a los grupos étnicos; se habla demasiado bien de los avances que se habrían registrado durante los últimos treinta años en favor de la diversidad cultural. El discurso, esta vez ha intentado superar la realidad, pero ésta, suele ser la única verdad que perdura y lo que perdura es la impostura y en algunos casos el terror.

Mientras escribo esta columna, en el Ecuador, por ejemplo, el movimiento indígena apela al gobierno de Lenin Moreno en busca de amnistías e indultos para sus más de 170 procesados y 700 perseguidos, todos indígenas cuyo delito habría sido salir a las calles a protestar por la defensa de sus tierras y territorios. En este país, el Correísmo se ha encargado de criminalizar la protesta social y el blanco principal ha sido el indígena que se ha tenido que enfrentar como hace 500 años, al colono que esta vez invade sus tierras a punta de bala y en nombre de un modelo económico extractivista. El Estado Plurinacional no ha servido más que para gastar miles de dólares en papelería membretada.

En el Perú hay una sola congresista que se auto identifica como indígena. Es mujer y se llama Tania Pariona. Sendero Luminoso y acciones como la esterilización forzada aplicada por el gobierno de Fujimori a aproximadamente 200 mil mujeres indígenas para que “no se reproduzcan más terroristas”, ha provocado  una “suerte” de negación étnica, pocos “quieren” ser indígenas porque el miedo aún está presente.

En Colombia, el medio siglo de guerrilla, se ha encargado de estigmatizar a indígenas y afros a quienes se utilizó de diversas formas. Hoy, su presencia en esferas de poder es poco significativa.

En Bolivia se tiene un gobierno indígena con una gran representación parlamentaria; el reconocimiento de un Estado Plurinacional aparentemente marca la diferencia en relación a sus vecinos; sin embargo, hechos como el de Chaparina, el FONDIOC y las concesiones a transnacionales no hacen otra cosa que poner en entredicho el esfuerzo discursivo.

El extractivismo, la corrupción, el autoritarismo y totalitarismo de algunos gobiernos son el terror del siglo XXI. Mientras esta es la realidad, los medios de comunicación hacen de tontos útiles y nos invitan a bailar por un sueño…y despacito nos mantienen en el extravío.

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Un comentario en “Bailando por un sueño…despacito (SÍSTOLE & DIÁSTOLE, OH.LT.21)

  1. Carlos García Meruvia

    Quiero aditamentar en sentido de que hasta el término mismo de indígena, originario se utiliza como bandera para robar, para encaramarse en el poder, perdón si lo que digo ya esta dicho pero de otra forma.

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