Bolivia, un país con ventanas rotas (SÍSTOLE & DIÁSTOLE, OH, LT. 2016)


 

Monica Olmos - Copyright © 2016 Andres Herbas PhotographyAlgunos síntomas evidentes como la corrupción que empaña el accionar y “funcionar” de muchas instituciones en el país, los más de 70 feminicidios registrados en lo que va del año, los ataques personales cuando se intenta debatir un asunto de género, religioso o político, me hacen suponer que estamos ante una Bolivia de ventanas rotas.

La Teoría de las Ventanas Rotas nace en Estados Unidos alrededor de 1970 a partir de un experimento de psicología social en el que varios investigadores descubren que los actos delincuenciales no son atribuibles a la pobreza sino a una reacción social ante la idea de deterioro y anomia. Según esta Teoría, los ciudadanos -independientemente de su origen sociocultural y su capacidad económica-  rompen códigos de convivencia y faltan a la norma y las relaciones sociales llevados por la idea de desinterés y falta de estética: “el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores…Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito”.

Cada día somos testigos e incluso actores de esta teoría: Nos pasamos la luz roja del semáforo porque otros también lo hacen; ofrecemos y/o recibimos coimas por tradición; estacionamos en doble fila porque no somos ni seremos los únicos en hacerlo…y así sucesiva y gradualmente, los delitos crecen en número y criminalidad a vista y paciencia de muchos…o de todos para quienes lo extraordinario es moneda corriente, lo prohibido es permitido, lo irregular es una necesidad y por tanto goza de disculpa.

De pronto, los bolivianos nos hemos acostumbrado a llegar muy relajados y sonrientes una hora tarde a cualquier cita social y 20 minutos después a una reunión de trabajo; costumbre se ha hecho tener una justicia injusta; autoridades abusivas; dirigentes sinvergüenzas; policía corrupta; opinión pública familiarizada con estrategias envolventes y algunos medios de comunicación serviles a dichas envolturas.

El segundo hombre de la Alcaldía del Cercado pidió esta semana que dejen de insultar a los funcionarios municipales y, aunque el partido verde no es santo de mi devoción, doy la razón a la autoridad pues es inaceptable asistir a la guerra de insultos simplemente por antipatías de orden político. Este proceder -el del agravio personal- se ha hecho práctica frecuente y “normal” en las redes sociales cumpliendo al pie de la letra la Teoría de las Ventanas Rotas.

El “hace pero roba”, o el “por lo menos roba menos que…”, los “perdonazos impositivos”,  la “ampliación del plazo” o la “improvisación patológica para hacer ciertas cosas” hacen parte del mismo principio teórico. ¡Preocupante!

¿Qué se puede hacer? Reparar las ventanas rotas y no permitir que haya una sola dañada.

¿Cómo? La experiencia demuestra que con la ley de la tolerancia cero; es decir, impulsar políticas públicas que motiven la creación de entornos prolijos, ordenados, organizados y normados, pero sobre todo, regidos por la cultura de la prevención y la promoción de la seguridad del ciudadano para lo cual es fundamental, entiendo, dos cosas: primero, conciencia sobre el delito; y segundo, el ejemplo del “más grande”.

Mientras tengamos jueces corruptos, habrá abogados corruptos y ciudadanos corruptos; mientras tengamos policías que se pasen el semáforo en rojo, tendremos micreros, taxistas y particulares que lo harán; mientras existan adultos que tiren su basura en la calle, tendremos niños que también lo harán.

Vamos, reparemos nuestra ventana rota, limpiemos la casa, cumplamos la norma, defendamos el argumento, optemos por el diálogo honesto y la mirada de frente. Tolerancia cero a la corrupción, al desorden, a la basura, al no importismo, al “así nomás ya” y al “le meteremos nomás”.

Tolerancia cero a lo chueco, lo fétido y lo feo, finalmente.

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