¿Por qué normar la comercialización de animales domésticos? (SÍSTOLE & DIÁSTOLE, OH. LT. 2016)


venta-mascotasBajo el eslogan de liberen a Timo, un medio televisivo intenta ejercer presión mediática para que las autoridades correspondientes devuelvan a su hábitat al monito. Su liberación se ha complicado, el animal sigue entre rejas y quizá sea lo mejor dadas las condiciones y el tiempo de cautiverio.

Cuando escucho los pedidos de liberación de parte de niños, protagonistas de esta campaña, me pregunto ¿y quién defiende a los demás animales? Hace pocos días se encontró una iguana cautiva y casi a diario se reportan aves (loros, tucanes, otras) maltratadas en manos de personas que en algún momento creyeron que era “lindo y tierno” tener en casa uno de estos ejemplares. Cuando la emoción del “juguete nuevo” pasa o cuando la familia se ha dado cuenta que la mascota no había servido para dormir con la nena, el pobre animal -que no es doméstico- se convierte en una incomodidad y/o peligro y es momento de abandonarlo.

Esta tragedia ocurre porque nunca faltan los humanos que se “encariñan” con uno de esos animalitos exóticos y silvestres, generan oferta al comprarlos y alimentan un negocio cruel además de ilegal.

¿Pero qué sucede con los animales domésticos como perros y gatos? Exactamente lo mismo; por eso es que Timo debería ser “aprovechado” para poner en debate la comercialización de animales también domésticos.  En otros países la venta de estos animales está regulada porque se ha entendido que detrás de ese acto inofensivo de comprar un perrito para que acompañe el crecimiento del hijo o alegre la casa, hay una red de hábiles comerciantes que no son más que eso, mercaderes de seres vivos a quienes -en muchísimos casos- no les interesa el bienestar de los animales, solo que les sean útiles a sus intereses económicos.

Detrás de ese acto de amor que implica pagar por un cachorrito tierno y hermoso, hay una perra sentenciada a producir la ternurita que usted está comprando; una perrita que está siendo explotada física y sexualmente, y que cuando su vida fértil se agote será abandonada a su suerte y/o sacrificada.

Por eso es que los medios de comunicación no solo deben comprometerse con campañas como la de Timo, que está bien, pero que es ajena al millonario negocio de la venta de animales domésticos y es esta actividad la que tendría que controlarse junto a las autoridades que lo único que han hecho -con evidente resistencia de los interesados- es trasladar a los vendedores de perros, gatos, pájaros y peces a un lugar donde dicha actividad no genere “trancadera” vehicular.

Los animales silvestres no deben ser adquiridos por ningún medio; y los domésticos no tendrían que ser comercializados por la razón expuesta. ¿Qué hacer? Al menos normar esta actividad comercial porque, entre otras razones, resulta que un animal doméstico no debería tener precio como no lo tiene el humano.

La Ley No. 700 Para la Defensa de los Animales Contra Actos de Crueldad y Maltrato (2015) no prohíbe su comercialización, pero los incisos c y d del Artículo 9 señala que cualquier ciudadano puede promover y sugerir acciones en defensa de los animales para eliminar condiciones de maltrato y crueldad, y es eso lo que pretende esta columna: iniciar una corriente de opinión pública que obligue a constatar en qué condiciones están estos animales para evidenciar lo que sostengo: de manera fortuita los medios han mostrado en varias oportunidades que estas condiciones no corresponden con lo que manda y obliga la actual norma ni al comportamiento moral de las personas, por lo que razones sobran para iniciar una campaña que promueva la revisión y modificación de la Ley con el propósito de controlar el comercio de estos seres vivos en procura de asegurar su bienestar. La Ley No. 700 no lo hace.

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Un comentario en “¿Por qué normar la comercialización de animales domésticos? (SÍSTOLE & DIÁSTOLE, OH. LT. 2016)

  1. Eduardo Chumacero

    Me adhiero totalmente a lo que planteas. Hay que generar un corriente de opinión que evita la comercialización total de animales silvestres y también de animales domésticos,salvo que hay una regulación estricta sobre su tenencia. Lo que sucede, las más de las veces es que la gente se entusiasma con el perrito o el gatito hasta que crece y luego se olvidan totalmente con las consiguientes repercusiones.
    Hay que promover ese movimiento ciudadano.
    Un afectuoso saludo.

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