La Ministra de Comunicación hace lo que debe hacer (SÍSTOLE & DIÁSTOLES, OH, LT, 2016)


nmMás allá de su polémico sombrero y de su intento de rehuir a los bolivianos a quienes sin duda, Marianela Paco, debe explicaciones sobre la “inversión” económica en medios de comunicación masivos (incluidas las redes sociales), llama la atención lo que hace y deja de hacer como Ministra de Comunicación.

Revisando las atribuciones de la Ministra (Art. 4 del Decreto Supremo N0. 793 de creación del Ministerio de Comunicación) no queda más que justificarla. Sí, la autoridad no tiene la culpa, hace lo que manda hacer: Propaganda para el gobierno.

¿Gobierno? ¿Es que acaso no nos convirtieron en Estado? Sí, ¿y? A pesar de ello -insisto- el laburo de la Ministra consiste en promocionar y favorecer al gobierno.

Ponga atención a sus atribuciones: “Proponer, diseñar y definir políticas, estrategias y normas de comunicación gubernamental; promover y regular el desarrollo de la comunicación gubernamental; formular y aplicar políticas de comunicación gubernamental asegurando su compatibilidad con las estrategias aprobadas por el Plan Nacional de Desarrollo; organizar y desarrollar un sistema de información que investigue y sistematice demandas sociales y de opinión pública; dirigir y coordinar las acciones de información y comunicación interministerial e interinstitucional del Órgano Ejecutivo; difundir las políticas de gobierno del Estado Plurinacional; promover la difusión de la imagen del Estado a través de los medios de comunicación en coordinación con las instancias que correspondan; planificar, orientar y supervisar la política de relación del Órgano Ejecutivo con los medios de comunicación gubernamentales; implementar programas y proyectos de posicionamiento en temas estratégicos de la gestión gubernamental”.

Como se lee, de las nueve (9) atribuciones, solo una (1) está orientada a recoger el interés, necesidad y/o expectativa del pueblo; el resto, tiene un carácter unidireccional (de arriba hacia abajo) que, de manera clara, se esmera en trabajar la imagen de unos pocos del gobierno. Con razón, dirá usted, el canal 7, por ejemplo, que otrora era del Estado (al servicio de las instituciones que hacen parte de él), hoy es del gobierno (al servicio de los mandatarios). Enorme diferencia ¿cierto?

¿Cuáles deberían ser las atribuciones de un Ministro de Comunicación apegado al interés mayor?  Veamos ejemplos del Perú y de Chile (para no ser tan exquisitos): “Diseñar, normar y ejecutar la política de promoción y desarrollo en materia de comunicaciones; formular planes nacionales y sectoriales de desarrollo; orientar en el ámbito de su competencia el funcionamiento de los Organismos Públicos Descentralizados, Comisiones Sectoriales, Multisectoriales y Proyectos o entidades similares; planificar, promover y administrar la provisión y prestación de servicios públicos en materia de comunicación proporcionando el material correspondiente a los medios de comunicación nacionales e internacionales difundiendo sus planes, orientaciones, políticas y obras realizadas a través de programas especiales de comunicación; identificar las necesidades globales y específicas de comunicación de las diferentes instancias gubernamentales y proponer a éstas las estrategias adecuadas y proporcionar la asesoría para satisfacerlas; estudiar y fomentar los valores propios de la cultura nacional a través de la participación de la ciudadanía en coordinación con el Ministerio de Educación; colaborar con el Ministerio de Relaciones Exteriores en la vinculación e inserción cultural del país a nivel internacional  propendiendo al fortalecimiento de relaciones culturales interregionales”.

Como se constata, estas atribuciones velan por los intereses del Estado, de su institucionalidad y de su población, y no del Gobierno ni de su imagen.

Es pues una pena que un Estado con todo lo que escucha al pueblo y enarbola el proceso de cambio mundial, refunde un Ministerio de Comunicación que se dedica exclusivamente a promocionar al gobierno, lo que sería mucho decir incluso, rectifico, entonces: al primer y segundo mandatario de gobierno.

Justifico a la Ministra, después de todo, donde manda Capitán no manda Paco.

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