Reflexionando el NO (Los Tiempos, 2015)


urlDespués de celebrado el referéndum autonómico y muy al margen de los resultados, es probable que usted haya sentido un “rosario” de sensaciones, algunas casi imperceptibles, otras inocultables. Entre las que no se pueden negar ni esconder, está el hecho de haber ido a votar a ciegas, o al menos con una visión muy reducida del contenido del estatuto.

El vicepresidente Álvaro García Linera dijo el mismo día de votación que era imposible conocer todo el documento (algo que es relativo, cierto, pero que constituía una obligación ciudadana); al día siguiente, el discurso evolucionó hacia algo políticamente más digno: Las regiones donde ganó el no, prefieren un Estado fuerte. ¿Qué tal? ¡Sensacional!

Mi tormento no tiene que ver, sin embargo, con las salidas estratégicas del Vicepresidente que de por sí me parecen de una calidad política envidiable; sino con cómo nos debemos sentir los bolivianos sabiendo que hemos ido a las urnas con un gran signo de interrogación, tan grande y pesado que, en algunos casos, impidió movernos de nuestras casas provocando un ausentismo notable.

¿Habrá sido nuestra conciencia ciudadana o parte del voto castigo a las ansias de poder absoluto que desde el primer día de gestión manifiesta este Gobierno y que se hacen cada vez más notorias con el tiempo?

Si fuera conciencia ciudadana ¿no era lógico votar nulo? ¿Lo que buscaba el opositor acaso no era anular, desacreditar el proceso? ¿Y esto no se lograba con el voto nulo?

El no, pues  –como era de esperarse– dio lugar a que García Linera nos dijera exactamente lo que nos dijo y punto final: La vida continúa, su poder en aumento y nuestra apatía también… ¿Sí?

Pero más allá de las rebuscadas interpretaciones de la autoridad, es justo y necesario hacer un ejercicio de autoreflexión de nuestra participación toda vez que estamos próximos a afrontar una coyuntura que en verdad marcará nuestro destino, el de todos los bolivianos. De hecho la autonomía lo era y le hemos dicho no. ¿Era realmente lo que pensamos que nos conviene? ¿O lo seguimos ignorando? ¿O aceptamos que nos hemos dejado llevar por un grupo de ciudadanos en campaña por el no? ¿Por el nulo? ¿Por el sí?

La coyuntura, ésta de las autonomías, ameritaba algo más de honestidad con el ejercicio de nuestra ciudadanía. Y si miramos hacia adelante, hacia febrero del próximo año, necesitamos, definitivamente, una postura diferente, consciente y sensata.

¿Se optó por el no por convicción? ¿Fue un voto castigo? ¿Quién es el que debía ser el castigado? ¿El Gobierno? ¿Las regiones? ¿Acaso su conciencia?

Mientras fenómenos como este ocurran siempre habrá un Vicepresidente que haga un chiste postresultados; siempre habrá un político frustrado que intente superar la gracia; y siempre habrá un político oportunista muy opachistoso… y todos ellos (imagínese el atrevimiento), en el intento no sólo de adivinar la decisión del pueblo, sino de atribuírsela, atrevimiento completo.

Abrigo la esperanza de que en febrero vayamos a las urnas con un voto consciente, inteligente, leído, reflexionado y pensado y no con ese voto consigna que tanto se critica, porque el sí por consigna es tan patético como el no por la misma razón… y cualquiera de los dos es vergonzoso e inaceptable para un sistema democrático.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150925/reflexionando-el-no_316720_702355.html

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