Apúrate que el vino se acaba y las mujeres son asesinadas


tumblr_mk37qlHjNZ1qz6f9yo1_500Tratar de ser mujer en un mundo machista en el que el esposo responde por la mujer, en el que él trabaja por ambos, en el que ella calla y él grita, en el que ella soporta y él vive, nos llena de…energía, es cruelmente fantástico para quien está dispuesta a aceptar el reto de ser mujer.

Este cuento nace hace pocos días en un hermoso restaurant en Santa Cruz de la Sierra y refleja ese tratar de ser mujer; ¡casualidad! justo en la meca de una sociedad en la que la mujer ocupa gigantografías publicitarias en cueros, en bikini y en vestidos de luces, donde se pasea subida como reina en carros alegóricos que recorren avenidas creadas para lucir belleza, peinados y fantasía, porque es eso, una sociedad en la que la mujer tiene que ser solo bella…aunque en la vida real, en la del pueblo, en la del cotidiano sufrir, las calles y micros estén atestados de féminas chatas, gordas, barrigonas, mujeres de verdad.

Cuatro féminas en un lindo restaurante dudando sobre lo que van a beber: ¿cuatro cervezas?, pregunto. Un medio silencio de culpa se siente en el aire. Mmmmm, ya, cuatro cervezas coinciden (total, nadie nos conoce y al parecer nadie nos mira por tanto, libres de sentencia estamos). El mozo se va con el pedido de las cuatro cervezas hasta que alguien dice que sería mejor tomar vino. El mozo vuelve y anula las cervezas. Las mujeres han decidido pasarla mejor con vino, caro, argentino, del bueno. ¡Son macanas, esta noche es nuestra y los juguitos sin azúcar deberán seguir esperando!

Las cuatro nenas bordeamos hacia arriba y hacia abajo los 40, una edad en la que hay que estar espantando al demonio medianero que anda suelto hasta en los aviones, disfrazado de piloto, de turista, de empresario y de boludo…ahí está el maldito haciéndote el entre…todo eso ocurre a los 40, justito a la mitad de tu vida, cuando no eres ni novata ni vieja de mierda…justo cuando todo parece ponerse término medio, es decir, ideal.

Llega el vino y no es cualquier vino. Es el vino de la liberación, una de una noche, una de dos, una de tres quizá porque luego tres de las cuatro, volveremos a casa, al lado de nuestro hombre, nuestros hijos, nuestras ollas…y volveremos a meter a la lavadora un cerro de calzoncillos y pantalones acumulados en nuestra ausencia. Mientras tanto la vida es demasiado generosa regalándonos una noche diferente: cuatro mujeres jugando a ser mujeres debatiendo la conveniencia de una cerveza Huari como la que pedía mi suegro o de un vino…argentino. Caray, caray.

Las cuatro docentes, haciendo chistes del oficio y luego, cuando el vino entibia el aire cruzado que confunde la epidermis, comenzamos a filosofar en torno a nuestras experiencias más íntimas.

Les voy a contar cómo llegué hasta aquí, les dije: resulta que tuve la fortuna de asociarme con dos hombres mayores con mucha experiencia en la academia; aprendí mucho de ellos, absorbí cada palabra como una esponja; pero lo más hermoso de todo ese tiempo, 3 o 4 años, probablemente ocurriría en medio de 44 grados de temperatura, acá en Santa Cruz pero lejos de donde estamos. Puerto Quijarro, ahí por el pantanal, ahí por Puerto Suárez, ahí por puerto Busch, ahí por puerto Aguirre, ahí por el Mutún, ahí por donde el Estado no acaba de llegar nunca y donde la Jindal se fue dejando apenas una plaza con pavimento. Ahí estaba con mi socio mayor que yo en años, experiencia y presencia, era 4 de enero de 2013.

Dos situaciones marcaron mi vida, aunque fueron tres porque allí hice mi primera crisis de diabetes sin saber que era una crisis por exceso de azúcar, kilos y estrés. Las otras dos experiencias tienen que ver con ese tratar de ser mujer de verdad en esa sociedad en la que somos tomadas como objetos.

Debíamos trabajar…no había un salón con aire acondicionado, excepto las habitaciones. Ambos éramos gordos, bien gordos y el calor nos afectaba de tal manera que lo único que nos mantenía a salvo era el aire acondicionado.

¿En la suya o en la mía don Ramón? Voy a la tuya Moniquita, me dice el socio. 3:00 de la tarde, me toca la puerta, la abro, y era mi socio en short y chanclas dispuesto a trabajar. Para nuestra mala suerte, las habitaciones rodeaban la piscina que estaba llena de bañistas y para variar no podía faltar un cochabambino que -además- nos conociera a los dos. El cochalo nos miró, saludó y vio cómo don Ramón ingresó a mi habitación; con el corazón hecho una agonía yo, y don Ramón con la incomodidad a cuestas, cerré la puerta invitando al mirón a suponer, pensar y saborear lo que su imaginación fuera capaz de recrear. En un mundo tan imaginativo sería imposible pedirle al amigo que pensara lo que realmente pasó entre un hombre mayor y una mujer joven allí en esa habitación perdida en medio de la selva boliviana con 44 grados de calor.

A los tres días, llegaron las autoridades de la universidad para la cual estábamos trabajando y el rector, señor de la tanda y recorrido de mi socio, dio la bienvenida a todos los presentes, unas 60 personas. Saludó a don Ramón y le rindió todos los honores: “doy la bienvenida a un académico de primer nivel, exviceministro de educación, exprefecto de Cochabamba y también a su asistente”….la asistente era yo y ni nombre tenía….solo asistente.

Yo no sé cuál fue mejor o peor: si lo que pudo pensar el amigo de la piscina o que el rector creyera que yo era la asistente del extodo, magnífico hombre maduro, con canas, con experiencia, con conocimiento, con poder, con sabiduría, y además, con asistente.

Yo creo que era el vino que me hizo contar esas anécdotas. Es que en realidad no fueron anécdotas: marcaron mi vida tanto como decenas de otras situaciones que vivimos a diario y que me recuerdan que para muchos yo solo soy el florero, la asistente, la acompañante.

Volvíamos de una defensa de tesis, también de Santa Cruz. Digo volvíamos porque el equipo estaba integrado por cuatro varones y dos mujeres, todos de Cochabamba. El cuento involucra a mi colega Richard, el cura agustino, un sacerdote que más que religioso es amigo, colega, profesor, y con el que he compartido muchas defensas de tesis y tantas charlas hermosas y pedagógicas como aquella en la que nos pusimos a debatir sobre la normalidad o anormalidad del sexo anal en pleno Brazilian Coffe del aeropuerto de Viru Viru.

Ese día sacamos los tickets juntos y viajamos juntos. Claro, volvíamos a Cochabamba y el avión estaba lleno de ellos, pero hubo uno en particular que me recordó lo difícil que es ser mujer: nosotros ya acomodados en nuestros asientos (juntos), el hombre en el pasillo buscando el suyo, nos mira, me mira, y lo mira a Richard, el cura agustino y se sonríe maliciosamente y le dice ¡mmmmm, Richarito bandidito, bien también! O sea, me acababa de llamar mujer fácil, infiel, y a él otra barbaridad tal por cual.

Y claro, luego nos sorprende un feminicidio aquí y otro allí, uno hoy otro mañana…luego nos hacemos a los violentados con tanta maldad hacia la mujer. Es igual de doloroso un puñete que un pensamiento equivocado; es igual una patada que el saludo de rebote de un rector que no te minimiza por error o convicción, sino por macho violento.

MI vida está llena, abarrotada y arrebatada con decenas de anécdotas de esa naturaleza…y qué bueno porque si no hubiera sido así, hoy no estaría aquí, les dije a las nenas mientras disfrutábamos del vino, la sopa de champigñones y la ensaladita con ajonjolí…esos insultos, esos malos pensamientos, el que me digan asistente, florero, adorno y hasta amante de un hombre de Dios en un avión, me han fortalecido, me han convertido en la mujer que hoy soy: capaz de pagarse un vino, una buena cena con unas amigas, disfrutar de un trabajo que me llena, aportar con lo que sé a mi país, y de volver a casa a besar a mis cuatro hombres para, en los minutos de compás profesional, meter mis calzones y los calzoncillos de ellos a la lavadora mientras mi marido saca la basura y mis hijos varones ponen la mesa.

Era media noche, Raquel nos había dado una cátedra de marketing, Jimena nos había enseñado trucos de Publicidad, y Katherine había hecho lo suyo también…cuatro chicas profesionales, conviviendo en medio de reinas de belleza en carroza, de mujeres golpeadas y muertas en manos de sus parejas, en un mundo machista y cruel en el que hay que abrirse espacio a plan de esfuerzo sacrificado para derrotar estereotipos, prejuicios y fórmulas venenosas para las cuales hay que andar trayendo en la cartera el antídoto correcto.

¿Cómo combatimos el machismo? Un analista decía hoy en Panamericana: profesionalizando a la mujer, educando a hombres y mujeres y apegándonos a la ley. La profesión permite acceder a una fuente de trabajo, un trabajo da independencia, y con independencia se puede mandar al carajo al hombre que no te hace feliz. Con educación está demás explicar lo que logramos y con apego a la ley, las cárceles terminarían por cerrarse. ¿Qué esperamos?

Si tú eres niña mujer, el lunes inscríbete a la U, rájate, estudia, aprende, escucha, piensa, habla, opina…si eres mayorcita o viejita, también, lo mismo….y no te dejes anular, pisotear, aunque te digan loca, puta, histérica, difícil, complicada, florero o asistente…anda por la vida con tus convicciones en la cabeza y el antídoto en la cartera…luego, nos tomamos un vino argentino, tarijeño o de donde sea y me cuentas tu experiencia. ¡Apúrate!

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