Se necesita hijos sin celular (Los Tiempos, 2015)


Smartphones and mobile applications
Smartphones and mobile applications

¿Por qué no podemos funcionar como antes, como siempre? ¡Hemos llegado al extremo de solicitar personal de trabajo sin celular! Hace 20 años los anuncios del periódico decían “sin estudios”, cosa atroz, se entiende; hoy, el requisito es “sin celular”… y “sin estudios”.

Estoy a punto de pagar por un espacio en Clasificados de Los Tiempos que diga: “necesito hijos sin celular y demás aparatos”. Es que he sido reemplazada por un bicho con teclado que tiene y mantiene a mis “bebés” ausentes 18 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año.

“Pero tienes que poner orden, depende solo de ti”. Sí, claro, cómo no. Si fuera tan fácil el mundo no estaría como está. Fácil sería si yo tuviera la moral para hacerlo, no la tengo, también paso más de la cuenta en aparatitos similares cumpliendo mis laborales y/o atendiendo caprichos de vanidad en las redes sociales (Un poco de sinceridad y autocrítica no viene mal).

El otro día en el almuerzo, percibí que mi hijo se fijaba con extraordinaria atención en el reloj de pared que tenemos en la cocina. Luego de unas cuatro miradas, le pregunté que a quién estaba esperando o qué tenía que hacer que estaba tan pendiente de la hora. Lo que escuché es de antología, estaba en “reserva” en un juego en línea y se había puesto una especie de escudo protector de 35 minutos. En mi atrevida ignorancia, acepté  que mis tres hijos me contaran acerca del juego famoso que los mantiene –como ellos mismos confesaron– “enviciados”.

Vea usted, mire usted a su alrededor. En la consulta médica, en el micro, en la sala de espera del bufete de abogados, en la puerta del instituto, en la sala de estar, en la cocina, por donde camine, por donde vaya, lo que haga, si hay más de dos almas es suficiente, ambas están metidas en su celular “comunicándose” con alguien.

Me niego, añoro el pasado, ese maravilloso ayer de hace poco que nos reunía a todos a gozar de una película, de una comida, de una charla espontánea o de la nada.

Hoy, los hijos tienen prisa por volver a casa a cumplir sus compromisos con el japonés, el finlandés y el peruano con el que juegan en línea, mientras tú has regado el jardín 30 veces, has hablado sola con el perro que encima es sordo, y te has visto a los ojos con el también ignorado de tu marido…y claro, terminas “comunicándote” con miles de “amigos” a través del teclado. ¡Bárbaro!

¡O me hablas o boto esa porquería! Por Dios qué falta de iniciativa que tienes, dirán algunos; quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. ¿A quién no afecta la tecnología?

Es como buscar curarse de la adicción a cualquier droga: debemos comenzar por aceptar nuestro problema y nuestro problema es que esos aparatitos están interfiriendo nuestras relaciones. Depende de cada uno, sí, pero ¿qué hacemos si somos nosotros el problema principal?

¿Cómo hacer para cautivar la atención de nuestros hijos?  ¿Cómo hacemos para valer más? ¿Cómo podemos volver a reír o llorar con una película? ¿Cómo hacemos para que se interesen en el texto del colegio? ¿Cómo hacemos para hablar mientras compartimos una comida? ¿Cómo hacemos para que cuando llegues del trabajo no te tiren un hola obligado mientras se compran armas y defienden su palacio de no sé qué amenazas virtuales? ¿Cómo volvemos a ser como antes?

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150724/se-necesita-hijos-sin-celular_309458_684796.html

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3 comentarios en “Se necesita hijos sin celular (Los Tiempos, 2015)

  1. jorgele

    trepidante historia del uso de dispositivos móviles, y aunque no tengo hijos es preocupante pensar como serán esta nueva generación de jovenes, sin embargo este fenómeno es global y nos queda a los adultos contar con ideas innovadoras y hasta pedagógicas de como encarar este nuevo dilema que nos toca vivir. Mientras tratare de no ser tan exitista pensando q la tecnología es el futuro de nuestras vidas.

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  2. ¡Detesto esos maravillosos aparatos!
    Me compré un smartphone hace unos meses para poder estar a la par de mi hijo que no salía del chirimbolo ese. Debo confesar que me gusta y entiendo cómo es que evolucionan en vicio (como fumador empedernido puedo decir que se de eso, y bastante). Los hábitos aparentemente inofensivos -como el chatear, el “Guat-Sapear” o el jugar “en línea”- son los que revisten mayor peligro de convertirse en comportamientos compulsivos.

    Además, ha surgido un nuevo síndrome psicopático cercanamente relacionado con la tecnología que hoy nos mantiene comunicados a la distancia pero distanciados en la intimidad. FOBO (Fear Of Being Offline) es la más nueva fobia de la que “adolecen” nuestros jóvenes -y muchos adultos. La terrorífica nueva fobia que ha venido a reemplazar a la que antes era lo último, FOMO (Fear of Missing Out).

    Del miedo a perderse cosas interesantes que suceden en el ajetreado mundo virtual (FOMO), se ha evolucionado al miedo a quedarse desconectado, sin WiFi, sin conexión de datos, sin FB ni Twitter, sin “guá-sáp” ni Instagram. FOBO is the new FOMO. Comparable al síndrome de abstinencia que sufren las personas que están agudamente habituados a algún fármaco.

    Hay que tomar medidas y en este caso, como en los otros más conocidos, la prohibición no es la respuesta, así que olvídate del “Botaré esa porquería por la ventana”, eso no sirve.

    La REDUCCIÓN DE RIESGOS y DAÑOS es el camino a seguir: como siempre, lo primero es… ¡Exacto!, la Educación, debembos informar a nuestros hijos de los riesgos relacionados con el uso indiscriminado y continuado de los celulares, tanto los riesgos en la salud como los que conlleva el perderse de la vida real al estar metido en el mundo virtual.

    Segundo, la Regulación. No por el hecho de haber renunciado a la prohibición vamos a dejar que los chicos “le metan nomás” indiscriminadamente. Hay que poner reglas y prácticas ENTENDIDAS POR TODOS (padres y chicos) como necesarias para evitar las consecuencias negativas del hábito entre las que debemos tomar en cuenta no solo el “vicio” en sí, sino cosas como el ignorar a nuestros seres queridos, el distraerse de los deberes formales, el distraerse de los peligros de la calle, et cétera. Ya hay algunos padres que restringen el uso de los celulares a áreas lejos del comedor, por ejemplo. Así como en algunos países no está permitido que menores puedan comprar trago, o entrar siquiera a una licorería (no como aquí que puedes mandar a tu hijo a la tienda por singani y la caserita le vende nomas ¿no ve?), así en las casas de familia debería regularse ¡con cuidado! el uso de los celulares para evitar su abuso y las consecuencias de este abuso e intentar, por todos los medios posibles, evitar que el hábito pase a ser un comportamiento compulsivo.

    Prohibir a los chicos el uso de los celulares sería tan eficaz como lo han sido, a lo largo de la Historia, todos los intentos de prohibición. Además, todos necesitamos de los celulares hoy en día. No se puede vivir sin ellos aunque ya nos tengan sin vida los carajos. ¿Qué harías sin tu celular?

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