La calle expresa (Los Tiempos, 2015)


vivienda de una zona residencial de Cochabamba donde el pasado domingo exponía, como mercadillo, ropa americana usada a la venta.
vivienda de una zona residencial de Cochabamba donde el pasado domingo exponía, como mercadillo, ropa americana usada a la venta.

No voy a hablar de arte urbano ni de expresión callejera, demasiado bonito. Tampoco de alcohólicos recogiéndose de madrugada y de putas haciendo guardia a la subsistencia en alguna esquina, aquellos ya no convocan la atención ni estremecen el alma; demasiado pocos para los tantos más que los acompañan en sobrevivencia ante el maltrato que les da una economía que no alcanza a tocarles la puerta de una vivienda prestada.

La mirada hoy se pone en cientos de ciudadanos que expresan su necesidad en la calle. La calle, es obvio, se ha convertido en su último recurso de vida.

La calle expresa lo que somos y lo que no podemos ser. Buscar culpables para qué si pedir soluciones puede ser mejor.

Y grito ¡Solucionen la microeconomía! pues con la macro no me meto, dicen que anda de envidia. Pocos se quejan, muchos satisfechos con platos cargados y vasos llenos. ¿Qué pasa, entonces? ¿Qué pasa con esa doña parada en la esquina esperando movilidad cargada de esperanzas y menaje de cocina en medio de trapos y frazadas para que ni la esperanza se enfríe en estos días de gélido despertar? ¿Qué pasa con esa madre e hija instaladas a mitad de cuadra con dos canastas llenas de pan y vida? ¿Qué pasa con esas mujeres casi niñas y casi ancianas que madrugan entre líquidos calientes y aromas seductores para ofrecerlos a obreros y transportistas? ¿Qué pasa con esa pareja que ha invertido su capital en un aparato de lata que sirve para la venta de lo que puede hacer su ingenio?

La calle expresa necesidad; las plazuelas cantar similar. Los mercados se han trasladado a parques, plazas y rotondas a nombre de cultura e igualdad. “Todos tienen derecho al trabajo”; el que diga algo discrimina y hasta es tildado de racista.

Me espera el paredón… ni me importa, igual me quejo, yo hablo porque no me convence el argumento; sí, todos tenemos derecho a vivir dignamente tanto como los niños a jugar en una plaza o como un par de ancianos a sentarse en un banco a mirar sus recuerdos, tanto como los enamorados a besarse debajo de un árbol, espacios que hoy son ocupados por comerciantes de ropa, ollas, plantas, cuadros, costureros de cinta y mil baratijas.

La calle expresa necesidad; las aceras son tomadas con disimulo y desfachatez. Las familias ya no alquilan cuartos al fondo de las casas; el “ingreso extra” ahora se ha trasladado a la fachada: La sala, el comedor, el escritorio, el garaje hoy son la boutique, la panadería, la llantería, la pollería; las casas se han convertido en comercios y la ciudad en mercado.

Y no contentos todos con el bullanguero espectáculo de colores y ruidos, los peatones se han bajado a la calzada para andar: las aceras están ocupadas con derecho al trabajo, con maniquís de piso y bustos de pared luciendo la mejor ropa americana made in China y las más guachafas carteras panameñas.

Es que la calle expresa necesidad pero también irrespeto, falta de autoridad y anarquía de libertad. Demasiada libertad es de lo que me quejo… la horca, la horca para esta autora que dice su verdad… es que es más fácil tragarse las mentiras que socapan, que esconden, que disculpan, que disimulan.

No me gusta cómo luce mi ciudad. Lo siento, debo decirlo. ¿Falta de planificación o exceso de derechos? ¿Falta de oportunidades o abuso de libertades?

No es estética, es lo de menos. Es esa ética que exige un ingreso digno, es derecho a una oportunidad mejor, es reclamo al trabajar bien para vivir bien.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150717/la-calle-expresa_308671_683001.html

Un comentario en “La calle expresa (Los Tiempos, 2015)

  1. ¿Por que no ocupamos una bella terminal interprovincial construida en Sacaba para darnos comodidad y mayor seguridad fuera del caótico lugar donde ahora se encuentran las empresas que salen al Chapare? ¿Por que la Cancha, pese a los mercados zonales y los itinerantes, no cambia de tamaño? ¿Por que hay preciosos mercados poco ocupados por usuarios y vendedores? Todo tiene la misma respuesta, nuestra comodidad o flojera, la misma que nos hace parar un coche para subir o bajar en la mitad de cualquier calle. ¿Como lo cambiamos? Al ladrón en otros lares le cortan la mano, al que no manda a su hijo a la escuela lo mandan a la cárcel. No pido lleguemos a extremos salvajes como quitar la vida al narcotraficante, pero al menos endurezcamos las normas para que “por la fuerza o la razón” como dice el himno Chileno, se hagan las cosas como se deben y no solo como quiere la mayoría.

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