El curso que reprobé (Los Tiempos, 2015)


reprobadoHace dos días asistí a un curso intensivo de realidad. Fui mala estudiante, no quise creerle al profesor que -aunque parecía bueno- no me convenció.

Me dijo que la realidad era otra “cosa” y que me ubicara porque de lo contrario perdería el módulo lo que me provocaría llanto y dolor. “Si no te adaptas, reprobarás y aplazarse en la vida es duro”, me advirtió.

El curso tenía como propósito hacer que los estudiantes dejáramos de creer en nuestros ideales para lo cual se esmeró en proporcionarnos fuertes dosis de realidad: usaron ejemplos prácticos, estudio de casos, incluso la metodología de la problematización y el trabajo colaborativo; es decir, muy vivencial el curso de mierda. Buenísimo, diría yo que me las doy de pedagoga sin serlo.

Como estudiante disciplinada, no solo asistí a la sesión completa, si no que participé con algunas ideas ingenuas pero auténticas; hice preguntas, también ingenuas pero necesarias además de muy incómodas, creo; generé debate ocioso y di el examen.

Reprobé el curso por rebelde, por cuestionadora, pero sobre todo -dice el profesor- por soñadora. No estoy apta para pasar al siguiente nivel, debo mejorar y aplicarme, es decir, debo dejar de creer en ideales, sueños y utopías.

Aunque la carga horaria no fue importante, el curso estaba, eso sí, cargado de discurso y actividades muy bien planificadas como para seducirnos y hasta convencernos, finalmente, se trataba de la realidad y la realidad es eso, lo real, lo concreto, lo “verdadero”, lo posible y plausible, lo vivible, ¿quién puede cuestionarla? Pues yo que me niego a adaptarme a la realidad por considerarla cruel, dura, injusta, insensible. Yo, que me empeño en creer en una realidad menos agresiva, más amable, menos agitada, más pausada, menos mentirosa, más honesta, menos oportunista y con más y mejores oportunidades para todos.

Yo que me niego a morir en alma y espíritu. Sí, porque mueres cuando dejas de creer en tus ideales para convertirte en solo materia útil, en frío plástico, fierro o lata.

¿Qué es dejar de creer en tus ideales? Es someterse a la mentira del otro por conveniencia; es hacerse servil al poderoso; es cambiar la dignidad por el salario de fin de mes; es denigrar al honesto para disfrazar la mediocridad; es esforzarse por mantenerse en la rutina porque el reto atemoriza; es culpar al otro para ocultar la incapacidad propia, es dejar de creer en la bondad y la palabra de los demás.

Me niego a morir, no quiero morir en alma y espíritu, no seré solo materia, cuerpo que resiste sin sentido ni sentidos. Me niego a adaptarme a la realidad, esa que dicen que es la única posible.

Es mas, reprobaré el curso cuantas veces me lo pongan en frente y tenga que hacerlo. Y me volveré más contestona, más atrevida y rebelde; aunque en silencio me derrumbe y al descubierto deje lágrimas de frustración y pena; aunque sola me vea en el intento.

En el aula me presentaré como lo que soy, una estudiante difícil, que no cree en pedagogos farsantes, que las pizarras digitales no me impresionan, que los casos reales me hacen llorar con frecuencia pero que no logran hacerme cambiar de ideas, que los ejemplos que usan son impresionantes pero que lo único que obtienen es que me mantenga en mis convicciones; que sí creo en el poder de la educación humanista, y que si siguen jodiendo la que va a tener que hacer sus mejores esfuerzos para cambiar al profesor y el contenido del curso seré yo.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150605/el-curso-que-reprob%C3%A9_304073_672314.html

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5 comentarios en “El curso que reprobé (Los Tiempos, 2015)

  1. Eduardo Chumacero

    Hacer educación es, necesariamente, soñar y quien no sueña está muerto y por tanto no puede educar. ¡Adelante con la educación humanista y con las convicciones!
    Saludos

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  2. apadilla2015

    Moniquita: Hoy es 6 de junio. Hace 175 años nacía Modesto Omiste, el abuelito de mi madre, en cuyo homenaje se celebra hoy el Día del Maestro. Creo que él se sentiría muy realizado, como yo, leyendo el contenido de su columna/blog del día de hoy…. Ese es el tipo de maestro(a)s que Bolivia y el mundo precisan…. Ahora entiendo sus palabras en el mail…. Un abrazo y felicidades en nuestro día, puesto que aunque no hayamos estudiado esa profesión, la praxis y nuestros doctorados nos hacen merecedores de un bonito Día!

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  3. Mi querida Mónica a veces el reto es difícil cuando nuestros ideales son fuertes,precisamos un alto grado de humanidad y sabiduría para no dejarnos manejar con algo que no estamos de acuerdo,aplaudo tu forma de pensar y actuar…adelante siempre!

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