“No quiero ser madre”

busylady[1]“¿Quieren un nieto? Adopten, adopten por favor porque yo no puedo darles uno, no quiero ser madre. Mi vida es muy linda como para complicármela con una niña o un niño. No, no quiero”.

Tiene 38 años, es Ingeniera Comercial y dice que ser madre es un “proyecto muy complicado porque implica muchas variables que está segura no poder administrar”.

Ha pensado en todo, en todo lo que una mujer madre nunca pensaría. La escucho y no puedo dejar de sonreírme, no solo por su arrebato manifiesto ante la maternidad sino porque pienso que esta mujer jamás estuvo preparada para ser madre lo cual no es bueno ni malo, es así y punto. Seguir leyendo ““No quiero ser madre””

El programa Telesalud y la realidad (Los Tiempos, 2015)

salud5Mientras en la televisión se difunde una propaganda anunciando consultas médicas virtuales gracias a las posibilidades tecnológicas del satélite Túpac Katari, los medios de comunicación en la tierra informan sobre las dificultades que tienen los enfermos renales para recibir tratamiento adecuado; el colapso del hospital Viedma y las falencias del Materno Infantil Germán Urquidi.

En Bolivia hay más de dos mil doscientos pacientes renales y apenas 170 máquinas para diálisis por lo que la situación que enfrenta día a día este grupo de personas es conocida por todos debido a sus recurrentes necesidades que no se solucionan con entrevistas médicas virtuales. Seguir leyendo “El programa Telesalud y la realidad (Los Tiempos, 2015)”

Tecnología, sus amenazas (Los Tiempos, 2015)

clip_image001El teléfono fijo suena rara vez, en cambio cada dos segundos se escucha el sonido que emite el Skype anunciando la recepción de un mensaje nuevo; sonido que compite con otro similar, el del MSM del celular del colega con el que comparto oficina y con el de la secretaria a cuatro metros de distancia.

El primer día de trabajo, me entregaron una hoja en la que el Ing. de Sistemas había anotado mi ruta de existencia en ese entorno mitad virtual mitad real: Skype, correo, intranet y sistema DaVinci de Impuestos Nacionales. Ese día también, el mismo Ingeniero  creó mi espacio en el disco Z para el intercambio de “información pesada”, dijo; y aún aguardo la capacitación para subir información a la nube. Seguir leyendo “Tecnología, sus amenazas (Los Tiempos, 2015)”

Láminas escolares en una educación del “copy paste” (Los Tiempos, 2015)

laminas%2520educativas%2520quito%2520pichincha%2520ecuador__533827_1Debo agradecer a quien difundió la tristemente célebre lámina escolar que “clasifica” a la madre boliviana según la zona donde dio a luz. La lámina en cuestión me permite abordar un asunto muy delicado que hace a la calidad de la educación de niños y jóvenes inmersos hoy en la cultura del copy paste (copiado y pegado).

Los docentes universitarios pasamos la vida advirtiendo a nuestros estudiantes sobre los riesgos del copy paste que en otros términos significa poco esfuerzo e incluso, plagio.  Los tutores de tesis se pasan la vida tratando de enseñar a sus pupilos la manera correcta de citar, referenciar y parafrasear, y los tribunales revisando tesis con ganas de sancionar esas mañas tipificadas como plagio.

¿Por qué será que el docente universitario invierte tanto tiempo en este tipo de cuidados y advertencias? Seguir leyendo “Láminas escolares en una educación del “copy paste” (Los Tiempos, 2015)”

Las tetas y el paraíso

0000355322Día de Comadres. Mientras media centena de mujeres lucía poleras cuyo slogan en el pecho decía “sin tetas no hay paraíso”, Verónica, mi amiga, estaba en la sala de recuperación de una clínica; hacía 15 minutos le habían extraído su segunda mama. La primera hace unos dos años cuando le detectaron cáncer y en el tratamiento le quemaron hasta los huesos.

Luego, en su casa se enteraría que sus amigas, sus comadres, saltaban de alegría y con ellas sus pechos que orgullosos llevaban el slogan por demás bien estúpido y machista.

Muchas de las comadritas saltarinas han ido a la universidad, son madres, algunas ocupan cargos de decisión y son referente para otras…más estúpidas, por supuesto.

Una vez recuperada de la cirugía pero no del trauma, Verónica hizo conocer públicamente su molestia. Una de las comadritas de a polera  “estas tetas son el paraíso” se disculpó, otra le dijo que “era carnaval”, las otras 48 guardaron silencio y seguro se ponen la prenda sexy y atrevida para dormir o teñirse el pelo el sábado por la tarde.

Verónica aún cuenta sobre el slogan “sin tetas no hay paraíso”, pero como es una chica sensible e inteligente, ha decidido olvidar el episodio y concentrarse en su tratamiento.

Uno de sus senos fue extraído hace algún tiempo; en febrero le cercenaron el otro…”parezco un tambor”, me dijo. Nos reímos porque ambas sabemos que el paraíso está en la alegría de los hijos, en las clases de canto que ahora ella toma mientras los médicos le hacen crecer un poco de piel para simular el seno artificial, en una copa de vino y/o de café que ambas disfrutamos en total libertad. Ella está chocha con su jardín, le habla a sus plantas, a su perro y es feliz, ha descubierto el paraíso….y sin tetas. No las tiene, está como un tambor, lo repite con marcada frecuencia….pero tiene vida y queda en el paraíso.

Pienso que estas nenas comadritas saltarinas son afortunadas. Seguro a ninguna le sacaron una teta, menos las dos. Seguro nunca sufrieron una operación más que para aumentar o disminuir el tamaño del busto, como para satisfacer las exigencias de sus parejas…y de las miradas de las amigas quienes valoran la amistad por el tamaño de la copa de sostén que usas  y por el tamaño y esbeltez del culo con el que te sientas.

Mi amiga lleva siete cirugías, todas para salvar su vida, para seguir en el paraíso que sabe que existe sin tetas. Ha mandado a la mierda su pechera y le ha dado la bienvenida a la vida.

Hace cinco años me detectaron “la bolita” famosa en uno de mis senos. Cuando supimos de la noticia, mi marido y yo lloramos desconsoladamente, pues ambos sabíamos que podía ser el fin, en realidad sentimos que era el fin.

Entre que me la operaban y no, decidí estudiar mi caso y me enteré que el protocolo no sugería quirófano, sino tres años de controles semestrales. Entre tensiones y arrebatos pasó ese tiempo sufrido, cada seis meses en punto ponía las tetas sobre una plataforma fría y venía otra de arriba que me las apretaba hasta que quedaban planas como platos.

El oncólogo me dijo que lo peor que podía pasar era que perdiera la mama….me reí en señal de alivio…”sáquela doctor”, le dije…¿acaso mi marido me amaría menos sin una teta? ¿Me amaría la mitad? Acaso sería menos mujer, ¿sería la mitad de mujer? Solo se trataba de la teta, no del corazón ni del cerebro…no había ningún problema.

Pensé que ni siquiera me haría poner una prótesis…luciría a todo el mundo mi chulla pechera para que la gente, las nenas y los nenes, supieran que uno puede vivir en el paraíso a media pechuga o incluso sin ella.

En medio de tanto abuso y violencia de género, las mujeres nos quejamos por las posturas machistas de Senadores opas, de Diputadas ignorantes o de cualquier psicópata feminicida…pero somos muy pendejas para ponernos una polera con el slogan más estúpido que puede haber en la tierra.

Por qué ya no escribo

Cada vez que me miro al espejo le doy la bienvenida a una nueva cana. No me siento más vieja, sino con más experiencia…es parte de mi filosofía de vida, mirar las cosas por el lado “positivo”.

Me dije que era tiempo de aceptar el cambio, un nuevo rumbo en mi vida.

Algunos amigos y amigas se han comunicado conmigo para preguntarme por qué ya no escribo. Entonces consideré que era justo decirles la verdad. En realidad se trata de dos verdades complementarias. Seguir leyendo “Por qué ya no escribo”

Vivir para comer…en la calle (Los Tiempos, 2015)

41353_gdLos cochabambinos nos jactamos de nuestra riqueza culinaria, de lo bien y mucho que comemos, de la gran variedad de platos típicos que tenemos, de la sazón de nuestros picantes, de la suculencia del Pique y del gran tamaño del Sillpancho capaz de desbordar del plato para formar parte de la redondez del abdomen maltratado.

Es que al parecer los habitantes de estos valles vivimos para comer y no comemos para vivir. De un tiempo a esta parte han cundido los puestos de comida callejeros y se ha vuelto cosa normal ver a diario gente haciendo “cola” o alrededor de estos ambulantes de la comida quienes con destreza maestra reparten porciones de salchipapas, rellenos con sus respectivas salsas y aderezos, sopas y lawas, hamburguesas, tripitas y pollos fritos o un potentado desayuno mixto a base de chuño, arroz, fideo, papa y un pedazo de carne con jugo, es decir, una dosis made in Cochabamba de carbohidratos que pondría en alerta al más mediocre estudiante de Medicina…que no fuera de la llajta, claro. Seguir leyendo “Vivir para comer…en la calle (Los Tiempos, 2015)”