El goce de uno mismo


1-a31b75Necesitamos un Lacan o al menos un Freud que nos reconfiguren sexualmente a partir de lo que se constituyen hoy los nuevos medios para identificar nuestros objetos deseo.

Con tanta tecnología digital -nano y móvil- es frecuente llevarse el placer en la maleta y des-cubrirlo en medio de las sábanas de un hotel.

No hablo precisamente de amor, aunque no queda exento como una consecuencia trabajada por y desde el placer construido sobre las bases de la imposibilidad de poseer, de idealizar y visualizar lo deseado. Sí, no es utópico creer que el amor pueda gestarse desde la virtualidad de una relación.  Casos sobran…para bien o para mal.

Amores de bolsillo, caricias serias e incluso matrimonios con visos (léase vicios) de feliz cadena perpetua, pueden constituirse a partir de una relación que se inició mediada por una pantalla, un teclado y un chat insaciable.

Si la tecnología es capaz de esto ¿porque no  va a serlo para proporcionarnos placer?

Los aeropuertos, los hoteles, los restaurantes y los pasillos de oficina están repletos de solitarios sexuados cuyos semblantes ya no son posibles en la figura de a dos, de pareja, sino en la autonomía generada por la soledad, de una individualidad que espanta pero que excita. Así es, dicen que el autoerotismo es la sensación sexual más intensa capaz de vivir el hombre y también la mujer, más aun que el mejor encuentro sexual acompañado.

Los semblantes introducidos por la tecnología producen el plus de gozar a menudo mucho más a mano; el autoerotismo es una modificación del semblante tradicional de la práctica sexual, necesaria y obligada pero, “gracias a dios”, (la más) saludable e inofensiva…vamos bien con Freud, Lacan y todas las ramas conexas de psicólogos, psicoanalistas y sexólogos, no en balde el papá Freud decía que los vicios no sexuales sustituyen de manera directa o mediante unos rodeos, el goce sexual faltante. ¡Sexo, todo es sexo, qué obsesión más evidente¡ ¿Será posible que así sea? Para los expertos sí, algo de verdad deben tener.

Parecería que hoy el sexo se encuentra a la vuelta de cualquier esquina y en medio de la cuadra también incluso debajo del pavimento y colgando del cielo, pero en realidad no es así, es mas, creo que nunca fue muy fácil encontrarlo, supone mi tímida y casi mojigata experiencia en el campo.

Lo que hoy resulta sencillo es acceder a la pornografía y similares.

Basta con escribir y buscar las palabras clave en el tecladito de nuestro teléfono celular (así como hacíamos con el diccionario familiar cuando teníamos 9 o 10 años) para que millones de documentos, vídeos y fotografías se descarguen sobre la pantalla inquietando nuestra aparente frívola existencia.

La pornografía está al alcance de un enter y de un control remoto; otro tema será la calidad de su contenido y cuan vulnerables seamos a ella. Hay quienes la comparan con una comida rápida cuya sazón no se la encuentra con facilidad y que (des)invita a otra repetición, al menos medianamente próxima.

Los estudiosos de la psiquis humana, señalan que lo preocupante son los síntomas de las transformaciones de los semblantes (no sexuales) como la toxicomanía, la anorexia, la bulimia, la depresión, el estress, la ansiedad, los ataques de pánico y el cutting, todos síntomas dirigidos al cuerpo de uno mismo.

Las drogas, la comida, el dolor, el sufrimiento autoprovocado hoy son semblantes de goce que destruyen y matan.

¿Alguien murió haciendo el amor? Sí, algún sobreexcitado a quien se le detuvo el corazón más por sobredosis de drogas y alcoholes que por el esfuerzo mismo de amar, casos que no pertenecen, entonces, a la categoría que analizamos.

¿Alguien murió por camote? Después de Romeo y Julieta no sé de alguien más. Es que el amor, el placer, el deseo sexual y el mismo sexo, aunque sea en solitario, no asesina, todo lo contrario, mejora la circulación sanguínea, elimina dolores y recupera la energía extraviada en la frigidez de la rutina.

El individuo es el verdadero síntoma social siendo él mismo el consumidor por excelencia, pero un consumir especial que se constituye él mismo en el objeto del consumo (Lacan). Somos devoradores de nuestra propia existencia. ¡Hijasdé!

El consumo abusivo se ha constituido en el modo de goce de nuestro tiempo porque de alguna manera nos da placer pero sobre todo suministra la anestesia necesaria para seguir viviendo en el modo en que mejor nos sentimos.

Como dirían los psicólogos, en ausencia del goce fálico  (vía de escape al goce sexual imposible), el consumo del propio cuerpo nos procura otro goce, el goce a-sexuado del cuerpo….uno que está del lado de la autodestrucción/la muerte.

La adicción a las drogas y al acto de vomitar, por ejemplo, son entonces el goce de destrucción perfecto que se da por el juego pulsión y repetición, esa búsqueda de lo perdido y a su vez memoria del mismo, goce patológico, claro está porque, en palabras de Miller, no se refiere al petit-pipi.

CONTINUARÁ CUANDO HAYA TIEMPO…mientras tanto amen.

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2 comentarios en “El goce de uno mismo

  1. ! Excelente articulo Mónica!

    Lo interesante de la sexualidad es precisamente el lugar del otro (que en realidad no existe). Una pregunta interesante es justamente ¿Quién nos hace gozar? . el goce es esencialmente auto erótico, pero solo funciona con la persona adecuada, es decir la que puede situarse en un lugar imaginario que le permite ser “la persona adecuada”. Se produce en lo más íntimo de lo íntimo. La pornografía es un flash instantáneo que encandila un segundo y después… nada. Pero es preciso conocer el secreto para pasar atreves de las ilusiones pulsionales, para encontrar lo que puede esconderse detrás del flash. El flash es consumo, como el flash del heroinómano (una paciente decía que solo un gran orgasmo puede igualar un flash de la heroína) el objeto de consumo es así, un goce puntual especifico. Pero ¿cuál es el plus que puede dar cuerpo a la búsqueda de “caricias serias”?, me parece que sería el amor, el único que puede sostener una promesa erótica, el único que puede sostener construcciones y paradójicamente puede ser el camino que nos guie justamente a lo contrario. Porque tiene una capacidad de desgaste y ese también es un goce. Sin embargo el amor permite la ilusión de la existencia del otro y así posibilita el conocimiento, como dice Miller: « Mi amor por ti no es solo asunto mío, sino también tuyo, mi amor dice algo de ti que quizás tú mismo no conozcas”…

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