El placer de expulsar la basura (Los Tiempos, 2015)


Corazon_A_La_Basura“Una vez que las cosas han sido descartadas, nadie quiere volver a pensar en ellas”…son desecho, sobra inservible de algo que en su momento fue bueno, rico y/o sirvió. Es que “El placer de expulsar, descartar, limpiarse de una impureza recurrente” es algo que la sociedad actual, esa sociedad líquida caracterizada por Zygmunt Bauman necesita para mantenerse activa, en esa búsqueda de cosas nuevas, de experiencias siempre excitantes, de circunstancias que aparenten permanente renovación y novedad, en ese examen que evalúa tu capacidad de asombro y enamoramiento y tu destreza para el aburrimiento y desencanto…la basura está de este lado, del que ya no sirve.

“Los barrenderos son bienvenidos como ángeles aun cuando su misión está rodeada de un respetuoso silencio”, dice Bauman y qué placer produce tirar lo que ya no nos sirve, aunque sea que creamos que ya no nos sirve y sea útil a otros.

Total, alcanza para todos. Es una sensación de alivio, de pureza descarada, de limpieza falsa, de higiene de conciencia; es que echar la basura hace bien, mejor, nos hace sentir bien.

Deshacerse de lo que no te sirve es una sensación de llenura aunque irónicamente te estés deshaciendo de algo y ese acto signifique -materialmente hablando- una pérdida, una merma de algo que poseías. Tu conciencia actúa y te dice que no importa, que es basura, y entonces decides creer en la sensación de placer que te produce botar lo que ya no te sirve porque enseguida te dispondrás a adquirir algo nuevo.

¿Qué es basura? Una pregunta aparentemente estúpida sobre un objeto aparentemente concreto si intentamos objetivarlo con los ojos abiertos y el alma cerrada. La basura, por muy concreta que sea, será siempre subjetiva: Un sillón en la esquina es basura para el que lo puso ahí, será su descanso para el que lo necesita. Un paquete de galletas vencido será basura para quien le sobre comida, será alivio para quien conviva con el hambre. Unos pantalones pasados de moda serán basura para alguien mientras que para otro alguien será su única tenida. Una botella de plástico será basura para el que se bebió el contenido, será abrigo para quien aproveche su transformación química y será millones de dólares para quien la procese por toneladas.  La basura, por eso, es concepto relativo a quien la convierte en eso.

En esta sociedad de relaciones y amores líquidos, la gente también puede ser clasificada como desecho. La conoces, la conquistas, la “pruebas” y la desechas, mujer basura. Lo conoces, lo contratas, lo usas y luego lo descartas, hombre basura. Entablas, intentas, fracasas, la tiras, relación basura. Y el placer del ejercicio es indescriptible porque tu mente sabe que en la próxima estará el objeto placer, lo conoce tan bien que el cuerpo comienza a sentir los efectos sabidos.

Nadie quiere tener basura en casa y por eso la expulsa  a la calle, esa huevada que es de todos y de nadie, tan de nadie que se merece la basura de todos.

¿Hay circunstancias en las que es pertinente guardarse la basura? Nadie puede pagar por placeres ajenos, entonces, la respuesta es sí, hay momentos en los que es mejor guardarse la basura para que nos incomode un poquito, para que nos escueza ahí donde no alcanza la mano para rascarse; dejarla hediendo en tu casa para que te des cuenta de que cometiste excesos y que nadie merece sentir los malos olores de tus propios apetitos.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150410/el-placer-de-expulsar-la-basura_297692_657335.html

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2 comentarios en “El placer de expulsar la basura (Los Tiempos, 2015)

  1. ¡Felicidades Mónica! Tienes la capacidad de hacer de la basura verdadera poesía, a eso llamaríamos un delicioso reciclaje ecológico, la transformación del desecho en objeto de meditación, la reflexión del sentido del consumo que en esencia es la destrucción, lo más rápida y eficientemente posible, el resto de la operación aritmética es la basura. Es imposible consumir sin restos, incluso producir sin restos. Tal vez los restos de la producción sean ángeles que se escapan por el ojo de la cerradura, a diferencia de los restos del consumo sean demonios de la incomodidad que tú los traduces como testigos necesarios del exceso que un cierto pudor nos lleve a guardarlos para que el otro no tenga que cargar con ellos.
    A este cuadro tal vez podríamos aumentarle la visión de la hermenéutica anal: retención y expulsión, d un producto que es el desecho del cuerpo orgánico. Y ahí el sentido cambia, por que paradójicamente retenemos de forma avara aquel desecho cuyo símbolo es el oro y expulsamos de forma generosa o incontrolada un producto que puede ser dadivoso o vengativo según le demos el significado simbólico que en Freud era de dinero o de niño.
    En todo caso tienes el arte de abrir puertas hacia reflexiones que nos lleven más allá de nuestras narices…

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