Amor en tiempos de guerra (Los Tiempos, 2015)


imagenes-para-editar-by-jessypinkrap-11El oficio de chófer de mis hijos me regala valiosos momentos de felicidad, son minutos que me inyectan la energía que voy perdiendo durante el día, y que me arrancan sonrisas y con frecuencia carcajadas.

A la mierda toda la guerra sucia desplegada por los candidatos. Hoy no quiero hablar de ellos, mañana tampoco. Sí, aunque estemos en tiempos de guerra, insisto con el amor.

Mientras manejo el auto, mi chiquito de diez años me cuenta sus aventuras amorosas. Yo las disfruto, es un goce extremo sentir cómo late el corazón de un hijo. “Le he mandado una carta que dice que la quiero para medir cuánto me quiere ella”, confiesa el niño.  Mmmm, pienso, el niño quiere a otra niña; el niño no se arriesga y va despacio, qué temprano se aprende a calcular; no, en realidad solo es cuestión de sobrevivencia; nadie, por muy principiante que sea en estas artes, quiere ser lastimado.

La confesión del pequeño desencadena una nutrida e interesante charla sobre el amor, la conquista, la esperanza y la posibilidad de sufrir la decepción. Su suerte está echada, el niño se ha descubierto en su faceta de amante potencial y aquello no tiene vuelta.  Sé que 10 años es poca edad para conocer la desilusión y el desencanto; yo aliento a que nada de esto suceda y lo animo a apostar a que ame, que ame con toda su fuerza, que así sea.

Escucho sus historias y pienso en lo maravillosa que es la naturaleza.

Ayer salía apresurada del gimnasio cuando una amiga me saluda y me da conversa: “A mi marido le han prohibido la mantequilla y todas las grasas, el médico le ha dado un surtido de vitaminas y proteínas en lata; el viejo no quiere comer nada”, me cuenta la amiga que bordea probablemente los 75 años. “Y qué edad tiene tu viejo”, pregunto, 84, me dice e inmediatamente  se pone a describir el curriculum vitae del caballero prohibido de grasas.

Qué fantástico me digo en silencio mientras conozco al señor a través del relato de su esposa. Impregnada de energía y llena de vida, la amiga me habla de la admiración, el respeto y el amor que le tiene a su pareja de hace más de medio siglo.

Después de 10 minutos de conocer las bondades del señor y sus prohibiciones médicas, acordamos en que a esa edad la mantequilla, los chocolates, las carnes con harta grasa y las cervezas son el mejor remedio.

Dejo el gimnasio, llego al mercado y una amiga pediatra me dice que va a vender su casa para pagar la universidad de sus dos hijos: “No me importa, me voy a ir a un cuarto pero ellos que estudien”, me dice. Luego con las lágrimas a punto de escaparse de sus grandes ojos negros, me cuenta que la pareja de su hermano, un arquitecto de renombre en nuestro medio, le ha regalado su mesa de dibujo a su hijo que recién comienza la carrera de Arquitectura y Urbanismo. ¿Te das cuenta?, me pregunta.

Hacía tres horas, luego de apagar el despertador y aún en la cama, mi marido me cuenta que ayer se había emocionado con la historia de una señora amiga quien había tomado la decisión de irse a vivir con su familia a Vinto solo para cuidar de su suegro, un anciano expuesto a la rudeza de los años y la soledad.  “Vas a tener que conquistar a tus tres nueras”, le advertí.

En medio de risas y un beso, le dimos la bienvenida a un nuevo día.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150326/amor-en-tiempos-de-guerra_296035_653451.html

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3 comentarios en “Amor en tiempos de guerra (Los Tiempos, 2015)

  1. El terreno del amor es vasto, y accidentado, ya que está lleno de facetas de todo tipo y e toda índole, pasional, filial, tierno, furioso, con desengaños, con esperanzas… al punto que algunos dicen: “el amor no existe, solo existen pruebas de amor” con cierta razón ya que son momentos en que hay algo que se prueba al otro que marca el testimonio del amor. Al mismo tiempo no existe la seguridad en el amor, es un juego que se juega en el “día a día” el momento a momento”…pero nunca “esta ganado”, en cambio sí puede estar perdido.

    Es así que si el amor se muere…como dice muy acertadamente Anais Nin : « El amor nunca muere de muerte natural. Se muere por que no sabemos cómo reponer su fuente. Se muere de ceguera, de errores y traiciones. Se muere de enfermedades y de heridas; sobre todo se muere de cansancio »

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