Moral versus obras (Los Tiempos, 2015)


ShhhhLlegué a Santa Cruz, tomé un taxi y en cuestión de diez minutos habíamos pasado por cuatro puentes construidos sobre la autovía al norte y la avenida Cristo Redentor; quedé gratamente sorprendida y decidí hurgarle la conciencia al chófer: “Maestro, pese a que es un metemano, el Alcalde Percy hace obra ¿no?” El conductor, visiblemente molesto por mi pregunta provocadora, me observó por el espejo retrovisor y entre dientes me dijo: “nosotros necesitamos que se trabaje, señora”. El énfasis de su voz indicaba que la conversación había llegado a su fin y que esa era toda la charla. Está claro que no congeniamos porque estábamos en coches éticos distintos a pesar de compartir el mismo transporte moral.

La respuesta del conductor, que es similar a la de muchos cruceños, la mayoría es probable, afianza la idea de pensar que la capacidad de gestión de la autoridad edil es más importante que sus demostraciones de violencia a las mujeres, amén de los adjetivos propinados a los periodistas, a los transportistas y a cuanto gremio haya retado su educación y paciencia.

En varias oportunidades -se recordará- el señor Percy Fernández ha violentado la dignidad de la mujer besando en la boca y a la fuerza a más de una funcionaria pública; acariciándole el muslo en acto televisado a una periodista o agarrándole las nalgas en conferencia de prensa a otra autoridad.

Estos arranques de abuso machista han provocado la molestia de muchos bolivianos y bolivianas pero también ha mostrado que no a todos les incomodan, sino todo lo contrario: varios hombres y mujeres se han mofado de los avances desvergonzados de este “caballlerito” y han salido en su defensa.

Lo concreto, Percy goza de un importante apoyo electoral en Santa Cruz porque muy a pesar de ser un señor polémico por el trato que dispensa a mujeres y a coyunturales adversarios políticos  y a sus demostraciones cada vez más frecuentes de senilidad, la autoridad es “un buen Alcalde”, “un Alcalde que trabaja y hace obras” y eso, como se constata en encuestas y opiniones, (lamentablemente) perdona cualquier exceso de personalidad.

Mientras eso ocurre en Santa Cruz de la Sierra, en otros departamentos como Cochabamba, se ha institucionalizado el “roba pero hace”, especie de “slogan” que también dispensa a la autoridad corrupta que -en medio de sus actos de fechoría- es capaz de sorprender y conquistar al electorado con sus obras de cemento.

Por su parte, se ha puesto de moda ofrecer (léase regalar) obras estrella, magníficas y de gran impacto muy a sabiendas de que en algunos casos no se podrán ejecutar o de que hacerlo implicaría postergar salud y educación; es que en una lógica populista llevada al insulto, se ha cambiado lo vital por lo espectacular; por aquello que entra por la vista aunque postergue los demás sentidos, aunque deje en reserva el organismo todo e hipoteque la humanidad misma.

Es evidente que a la mayoría de los bolivianos le convenga no reflexionar demasiado aquellos asuntos éticos y morales lo cual es en parte lógico, pues a corto plazo estos pormenores ontológicos y filosóficos no dan de comer ni quitan el sueño y tampoco se muestran lo suficientemente efectivos como para ser una alternativa ante la necesidad material reinante.

Obras sí y como sea y a cualquier precio, con alcaldes cochinos, con autoridades corruptas, con ofrecimientos imposibles, con obras de cemento que nos hagan sentir un país “desarrollado” y bien atendido. Votamos por autoridades que trabajen, que demuestren; lo demás no amerita una sola reflexión aun cuando de ésta dependa nuestro verdadero bienestar.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150313/moral-versus-obras_294293_649418.html

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4 comentarios en “Moral versus obras (Los Tiempos, 2015)

  1. El sujeto está muy bien abordado Mónica, y sobre todo que en este artículo tocas un problema fundamental. ¿el hacer justifica el ser?, el hecho de hacer su trabajo correctamente ¿justifica una vida fuera de toda ética?
    ¿ Que es gobernar? Mincio (Ji Mèngkē) conocido como el “Maestro Meng” entre otros nombres, dice lo que debe ser un gobernante:
    “El soberano inteligente organiza la producción de sus súbditos de forma que puedan sostener a su padre y a su madre, a sus hijos y esposas, que en los años buenos puedan comer a su gusto, y en los malos no morir de hambre. Una vez alcanzado esto, los dirigirá hacia la práctica del bien y el pueblo le seguirá.” (Mengzi, I A 7)
    Esto no tiene nada que ver con el hecho de hacer su trabajo bien. Tiene que ver con saber ser un buen gobernante.
    El gobernante, (alcalde, gobernador, presidente u otros) no es un señor dadivoso que hace regalos, las obras que haga no son dadivas generosas, son simplemente su trabajo(o una parte del mismo), y el resultado no es la gloria narcisista, es el reconocimiento del trabajo bien hecho.
    Gratificar el trabajo bien hecho es fundamental, pero no es un justificativo para gobernar de manera despótica o abusar de su poder.
    Es un tema que nos debe llevar más lejos en la reflexión…

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  2. Eduardo Chumacero

    Lamentablemente hemos llegado a la situación en la que se ha producido una escisión entre lo que es útil y lo que es bueno, entre la apariencia y la esencia, entre el hacer y el ser, entre la conveniencia y los principios. ¡Vaya uno a saber a qué nos llevarán estas incongruencias que son cada vez más notorias!
    ¡Muy bien planteado el problema!

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