Amor, placer y algo más (Parte II: “Ganas”)


f300x0-43705_43723_0Cantidad, velocidad, rapidez, intensidad, cambio y función son algunas de las palabras que se repiten con frecuencia en el lenguaje utilizado para describir y explicar, caracterizar finalmente,  las relaciones (virtuales) que Bauman ha rebautizado como conexiones las mismas que serían, según este autor, el modelo que rige a todas las demás relaciones del hombre y de la mujer de esta modernidad líquida.

Este párrafo cierra la idea de la primera parte con la cual muchos se aburrieron aunque quizá haya habido alguien, algún desubicado como yo, que estuvo a punto de disfrutarla.

Era necesario hacerlo para entender lo que viene a continuación y que se constituye en el aperitivo, aún no el plato fuerte. Llamémosle simplemente aperitivo a esta segunda parte en la que Bauman nos convoca a repensar sobre el amor, el placer, las ganas y la muerte.

“Casi nada se parece tanto a la muerte como el amor realizado”, asegura Ivan Klima. Rolando Ewel, el psicoanalista boliviano que vive feliz en Europa dice que “el amor abre posibilidades”: ¿Amor, muerte; amor vida/posibilidades? ¿O amor, una posibilidad para la muerte?

Carlos Melean, el ingeniero poeta que detesta mis analogías, dice que el amor y la muerte nada tienen que hacer juntos. Que se muere y todo se acaba por lo que no se puede saber qué pasa después por nuestra incapacidad para repetir y contar la experiencia.

Bauman dice que solo se puede entrar en el amor y en la muerte una única vez. Es mas, son parientes, afines aunque son acontecimientos con vida propia y que por tanto existen por sí solos y por única vez, repito.

Es imposible aprender a amar, así como es imposible aprender a morir. Es imposible aprender a escapar de ambos, de mantenerse alejado…imposible, en su momento, el amor y la muerte caerán sobre nosotros y nos tomarán, en casi todos los casos, por sorpresa.

Lo triste digo yo es que no nos den la posibilidad de hacerlo mejor la próxima vez.

Lo que sí puede suceder una y otra vez, dependiendo de cuán vulnerable se sea es que nos enamoremos. Todo indica que cada vez estamos más dispuestos a enamorarnos (una de las formas de amor, la más intensa quizá). Sucede que el amor ha bajado sus estándares lo que hace que cada vez sean más las experiencias que creemos merecen la categoría de amor: “relaciones de una noche son descriptas por medio de la expresión hacer el amor”….relaciones de skype o de feis también son catalogadas como relaciones de amor.

Esto hace pensar que mientras más veces amamos y nos enamoramos, mejores amantes vamos a ser, más diestros, más competencias para ponerlo en un contexto educativo profesional. También se puede llegar a pensar que mientras más se experimenta, más aumenta nuestra capacidad de amar y que la siguiente vez será mejor que la anterior pero peor que la próxima.

Resulta que, sin embargo, ocurre un fenómeno contrario: esa adquisición de destreza en el arte de amar está destinado a ser el desaprendizaje del amor, es decir, una incapacidad aprendida de amar.

“Amar es desear concebir y procrear, el amante busca y se esfuerza por encontrar la cosa bella en la cual pueda concebir. El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas. El amor está muy cercano a la trascendencia; es tan solo otro nombre del impulso creativo y está cargado de riesgos ya que toda creación ignora siempre cuál será su producto final”.

Amor, miedo y gozo, la misma cosa. Abrirse al amor es permitirse ser a partir del otro…una libertad encarnada en el otro.

Para esa posibilidad se necesita, dice Bauman, “humildad, coraje, fe y disciplina. En una cultura en la que esas cualidades son raras, la conquista de la capacidad de amar será necesariamente un raro logro”. Me pregunto, ¿se ama de acuerdo a la cultura? ¿Hay culturas en las que se ama más que en otras? ¿La intensidad del amor depende de lo cultural?

¿Eros, con tendencia suicida?

Todos o casi todos acaban en tragedia, dice con razón Ewel.

¿Esta es la natural desesperación de estar enamorado?: “El desafío, la atracción, la seducción que ejerce el otro vuelve toda distancia, por reducida y minúscula que sea, intolerablemente grande. La brecha se siente como un precipicio”…dos caminos: la fusión o el dominio.

¿Cuál prefieres tú?

Y ya que hago una pregunta, te hago otra aún más compleja: ¿Prefieres amar o desear?

Hermanos, mellizos incluso, pero nunca gemelos idénticos. El amor y el placer, queda claro que no son lo mismo.

El deseo tiene sus características que lo hacen aparecer como el elemento opuesto al amor.

El deseo es anhelo de consumir, absorber, devotar, ingerir y digerir, de aniquilar. Necesita el estímulo de alteridad.

Lo que se puede consumir atrae, una vez satisfecho el placer, lo que quedan son los desechos y las sobras siempre repelen. El deseo encuentra júbilo en la satisfacción y está condenado a desaparecer una vez saciado; el deseo es entonces, un impulso de (auto)destrucción, contaminado desde su nacimiento, dice Bauman, por el deseo de muerte.

¿El amor? El amor es cosa diferente.

Es el anhelo de querer y preservar el objeto querido; impulso centrífugo a diferencia del centrípeto del deseo. Es un impulso a la expansión, a ir más allá.

El amor es la supervivencia del yo y por eso es el impulso de proteger, de nutrir, de dar refugio, de acariciar y mimar…pero también de poseer. El amor es amo, es dueño, es patrón.

El amor se satisface con su durabilidad.

Si el deseo es autodestructivo, el amor se autoperpetúa….aunque se muera en sus brazos cada día.

El deseo y el amor tienen propósitos opuestos. Fiel a su naturaleza el amor luchará por perpetuar el deseo; el deseo en cambio escapará de los grilletes del amor.

Siendo algo muy parecido a la muerte, el deseo aún es vida y es decente….hay algo más pobre aún pero más frecuente o común en esta modernidad líquida con amores líquidos y con conexiones permanentes: las ganas.

Es que el deseo necesita su tiempo y paciencia, sus estrategias, sus formas y fondos, sus copas de vino y baile de media noche…y da pereza esperar tanto. Las ganas son en cambio lo instantáneo.

De lo que se trata hoy es de rendirse a las propias ganas….¿tienes ganas de? Sí o  no, rápido por favor.

Entregarse a las ganas garantiza la imposibilidad de una relación duradera, lo que muchos pretenden en estos tiempos…entregarse a la ganas también garantiza dejar la puerta abierta a otras ganas, a otros placeres y a otras posibilidades de cama, algo que puede ser realmente satisfactorio y pleno.

El deseo ha dejado el proceso para concentrarse en el objetivo: su inmediatez, las ganas.

Cuando la relación está inspirada en las ganas sigue la pauta del consumo…terreno que todos conocemos muy bien; es descartable, cambiable, intercambiable incluso, sin ningún prejuicio que medie la decisión.

¿Se siente cómodo con tanta libertad? Claro que se siente bien, el único problema es que su pareja también siente y piensa lo mismo….y el objeto descartable o intercambiable es usted…dónde se queda su miedo a estar sólo pero acompañado?

Continuará con el amor a primera vista, la importancia de la comunicación y otros males….

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