Amor, placer y algo más  (Parte I: Relaciones líquidas)


Fui por libros sobre Pedagogía pues, entre otras cosas, la novela y ramas afines no son lo mío, suficiente con la realidad política del país.

Encontré uno que me llamó y lo compré porque vale la pena reestudiar a Vigotsky y su constructivismo social, después de todo, es una de las bases de nuestra actual Ley de Educación. No lo he leído aún porque me he dejado seducir, quizá enamorar, por otra joyita que encontré en las puertas de la librería Yachaywasi en pleno San Miguel de La Paz: “Amor líquido, acerca de la fragilidad de los vínculos humanos” de Zygmunt Bauman y a su lado reposaba otrito interesting también de Bauman: “Sobre la educación de un mundo líquido”. Compré los tres y me dije “bueno, después de todo una salida a comer el domingo vale más que estos tres ejemplares, la diferencia es que la salida del domingo engorda las carnes y los libros enriquecen el pensamiento”. No hay dónde perderse, aunque según el autor en cuestión, he tomado una decisión impropia para estos tiempos…líquidos.

Pero !vaya!, al punto…al punto con Bauman y su amor líquido.

Tengo un amigo virtual (que no es lo mismo que un amigo imaginario), que me ofrece hace meses hacer un trío amoroso. Que dice que su chica es muy amplia de mente y que cree que yo también lo soy dizque por lo que escribo. Yo le he dicho que la que escribe no soy yo; que yo soy una conservadora más, además criada en Cochabamba y a la cochabambina…esas son palabras mayores. Así, el hombre dupla ha dejado de insistir, aunque de vez en cuando manda indirectas porque sigue creyendo que la que escribe soy yo.

El amigo éste más otros cuantos pescadores que pululan por el virtualismo acosador pero real me hicieron repensar en algo que no estaba entendiendo y que Bauman con su amor líquido, con su educación líquida, con su sociedad líquida y su modernidad líquida me hizo comprender.

Era previsible que Bauman intente explicar que “la fragilidad de los vínculos humanos, el sentimiento de inseguridad que esa fragilidad inspira y los deseos conflictivos que ese sentimiento despierta provocando el impulso de estrechar los lazos pero manteniéndolos al mismo tiempo flojos para poder desanudarlos”, es el pan de cada día en nuestra sociedad líquida.

¿Tensión entre compromiso y libertad? ¿Sensación tormentosamente rica de que somos productos consumibles, objetos de placer, sujetos de humo y miel?

Total, si algo no funciona lo cambio, lo reinicio, lo borro, lo bloqueo. Y entonces me divorcio y luego me vuelvo a casar y después me redivorcio para acabar juntado  porque no quiero estar solo, pero tampoco deseo estar comprometido para siempre.

Pruebo y saboreo, degusto y me deleito hasta saciarme. Y vuelvo a probar hasta que mi lengua y mi piel ya no sientan nada. Lo mismo que le pasa a mi paladar, mi lengua y mi epidermis pasa con las relaciones humanas: “En un entorno de vida moderno, las relaciones suelen ser, quizá, las encarnaciones más comunes, intensas y profundas de la ambivalencia” y por eso, las relaciones, “ocupan para los individuos líquidos modernos, el primer lugar de sus proyectos de vida”, dice Bauman.

Al parecer es muy tormentoso  no estar relacionado, en cambio, estarlo es satisfactorio…y como ratas, las ratas del experimento de Miller y Dollard, tanta excitación por relacionarnos nos conduce a la inacción: “la incapacidad de elegir entre la atracción y repulsión, entre la esperanza y temor, desemboca en la imposibilidad de actuar”. Me encanta.

El trío sexual, por ejemplo (buen ejemplo), toma fuerza porque no faltan los asesores sociales y de conciencia que dicen que hacen bien al asfixiante matrimonio… y hay personas constituidas en pareja que se lo creen.

El compromiso a largo plazo es otra mala palabra que los individuos líquidos tratarán de no pronunciar porque el solo hecho de hacerlo y de imaginarse “amarrados for ever”, les produce parálisis corporal y cerebral.

“Los consejeros expertos suelen decir que el comprometerse es cerrar la puerta a otras posibilidades amorosas más satisfactorias y gratificantes”, dice Bauman, por lo que deja entender que (incluso) la academia, la ciencia, el conocimiento, la razón, están por buen camino y que es bueno hacerles caso a esos señores y señoras de gabinete. Y entonces ¿para qué el compromiso si podemos ser felices y encontrar gratificación en las relaciones a puerta abierta y conscientes de su tiempo de expiración?

Por todo lo dicho, es decir, por el valor (líquido) de las relaciones humanas, Bauman prefiere usar el término conexión. Conexiones en vez de relaciones. De estar conectado en vez de estar en una relación y en vez de hablar de parejas prefiere hablar de redes.

Cuál es la ventaja de la conexión, se pregunta. Es que la conexión implica poder estar también desconectado: “en una red, conectarse y desconectarse son elecciones igualmente legítimas, gozan del mismo estatus y de igual importancia (…) en una red, las conexiones se establecen a demanda y pueden cortarse a voluntad (…) las conexiones pueden ser y son disueltas mucho antes de que empiecen a ser detestables”.

No te escribo más o te escribo menos (hasta que te acostumbres o hasta que te des cuenta de que me aburres); me conecto cada vez menos en disimulo para sugerir cierto distanciamiento hasta que desaparezco casi por completo y luego por completo. Típico del hombre más que de la mujer diría yo, la Molmitos. Y yo digo también que esto es cruel, tan cruel como el amor líquido.

¿Cómo ha cambiado el amor? Antes los cortejos se encontraban, hablaban y jaloneaban, según su educación y costumbres. Luego se puso de moda hablar por teléfono (esa es de mi época) y ambos enamorados terminábamos con las orejas como pailas y recién cuando colgábamos nos dábamos cuenta del tiempo que habíamos desperdiciado con el aparato pegado al oído y que hubiera sido más sabroso darse de besitos en el mismo sentido. Y ahora, el amor es iniciado, desarrollado y acabado por los dedos, es parte de esa cultura de “por favor toque” tan usada en los museos modernos de arte antiguo. Todo se hace tocando un teclado o una pantalla, hasta el amor.

¿Hagamos el amor por teléfono? Típico de estos tiempos también. Y los amorosos creen que son “relaciones muy auténticas”…es que el amor tiene esas características hoy en día: no se escapan al toqueteo digital.

Se dicen que se gustan, que se quieren, se “declaran” y se “aceptan”, se “terminan” y terminan al toque de un par de dedos que vuelan por teclado caliente. No es necesario ni escucharse ni verse ni mirarse ni tocarse… pura magia virtual que habla bien del poder de la conexión y del fracaso de la relación, que habla, en definitiva, del amor líquido.

…CONTINUARÁ HASTA LLEGAR AL PLACER Y SI PODEMOS AL AMOR.

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