La “Pre”


militaresAyer, primer día de clases, mi hijo -según cuenta- entonó el Himno Nacional como jamás lo había hecho: Fuerte, firme, entusiasmado, convencido. Me llena de emoción. “Esto está sirviendo, no te rindas”, me repito.

“Comprar la libreta militar es más barato que hacer la Pre”, le había dicho el fin de semana la madre de uno de sus compañeros de colegio; me lo contaba a mí como queriendo convencerme  de abandonar la premilitar que ciertamente lo tiene agotado muy a pesar de que ayer fue el primero en levantarse; muy a pesar de que, sin darse cuenta, entonó las sagradas notas del Himno Nacional con carácter; muy a pesar del entusiasmo con el que cuenta su día a día en la Pre.

El comentario de la mamá fue la gota que colmó el vaso. Me obligó a repetir el discurso pero esta vez más fuerte, más enérgica y con mejores argumentos. Le largué la perorata, una vez más, una vez más, las veces que sean necesarias para que el chico acabe de comprender la importancia de cumplir la ley.

“Hijo, no se trata de la Pre, se trata de cumplir la ley y punto….no, no y punto…el discurso fue más largo que eso, bastante más extenso porque convencer a un hijo que debe seguir y acabar la premilitar no es cuestión sencilla cuando tu discurso es contrario al que maneja la gran mayoría de las familias, amigos y conocidos que te rodean. Todos, verdad que todos, insisten en comprar la libreta.

De acuerdo a lo indagado, el porcentaje de jóvenes de áreas urbanas que hace el servicio premilitar no alcanza ni al 2 por ciento. En áreas rurales, la asistencia es notablemente mayor.

La pregunta de rigor entonces es ¿qué pasa con el 98 por ciento de los chicos de la ciudad que no hace el servicio siendo que el documento de la libreta es obligatorio?

Si no tienes la libreta militar no puedes ser Presidente ni Senador ni Diputado, supongo que tampoco Consejero ni Concejal, mucho menos Gobernador y/o Alcalde. ¿Y quién quiere serlo en verdad? Ese es otro tema, sin embargo. (Estoy dando por hecho que todos los mencionados la tienen).

Vamos por otro lado. No puedes tramitar tu título en Provisión Nacional, tampoco conseguir trabajo en la cosa pública, y eso es grave porque te perderías la oportunidad de trabajar en la Gestora y recibir un jugoso haber mensual de 70 mil bolivianos.

Eres un don nadie, prácticamente.

¿Es que ese 98 por ciento que no hace el servicio militar no pretende ni un cargo público? ¿No aspira a un título profesional legalizado?

Esto no es grave ni agudo. Es lo de menos porque quizá su deseo sea irse “afuera”, después de todo este es un país que no ofrece un futuro muy prometedor a no ser que tengas ciertas amistades poderosas que te abran cancha en un carguito  del nuevo Estado Plurinacional y hayas nacido, claro está, para ser funcionario público.

Quizá esos jóvenes sin libreta militar anhelen heredar la empresa familiar…quizá, pero aun así, por cuestión de honor, por cuestión de frente alta y limpia, por cuestión de vivir en norma, la libreta es obligatoria y la única forma legal de conseguirla es haciendo la Pre.

Sea como fuere y se tengan las expectativas que se tengan, aproximadamente el 98 por ciento de los jóvenes de clase media para arriba no hace la Pre y entonces opta por comprarse la libreta, cosa muy normal que solo suena a barbarie cuando encuentran a un candidato a opositor que se había comprado el documentito cuando era joven. ¡Horror! No había tenido la libreta militar. Y entonces es cuando aflora ese patriotismo de mentiritas y el no tener la libreta militar se convierte en un motivo de traición a la patria. Es cuando demostramos la más espantosa hipocresía y nuestra capacidad sin límite para reírnos del sistema, un sistema que además de hipócrita es corrupto, tremendamente corrupto.

“Mirá hijo, hablando en bolas, a mí también me parece que la Pre es hasta cierto punto una pérdida de tiempo y que ojalá fuera algo mejor de lo que es, pero es lo que es y también es obligatoria y pues hay que acatar la ley. Nada más sencillo que eso”, terminé diciéndole al joven que a momentos se siente muy motivado y hasta orgulloso, y otras cansado y aburrido, sobre todo cuando escucha a sus compañeros, amigos y a los padres de sus amigos devaluar el sentido de la Pre y lo fácil que resulta adquirir la libreta de forma irregular. De hecho, no hace falta escuchar a nadie, solo saber que de su curso (alrededor de 50 estudiantes), solo 3 incluido él, están haciendo la Pre.

No puedo imaginar tener que comprar la libreta el día de mañana, así como tampoco puedo imaginar tener que comprar el título académico (como algunos postulantes a autoridades que conozco, toda una vergüenza), o tener que comprar el certificado médico, o comprar el cargo, o comprar el amor, o comprar la honorabilidad. Es que hay cosas que no se compran porque simplemente no deberían estar a la venta y la libreta militar es una de esas.

¿Y por qué no puedo imaginarlo? Porque no puedo enseñarle a mi hijo a ser corrupto. Se comienza con la libreta, ok, se la compro a los 16…con qué moral voy a exigirle que acabe la carrera profesional que de pronto le llega al huevo a los 22? ¿Con qué moral le voy a exigir que se case por amor, que eduque a sus hijos con honestidad?

Le parecerá que este cuento acaba de pasar a ser un drama o al menos una novela mexicana con actrices venezolanas…una tragedia completa…si finalmente la cosa no es tan grave ni un poquito grave…”es solo la libreta”, y, además, “todos lo hacen”. Finalmente, “la Pre es una huevada y no te enseña nada”.

Pues resulta que prefiero ser dramática, redactora de novelas, cuentista de historias ñoñas, medio loca, muy histérica, prefiero cumplir mi rol de madre, de guía, de soporte moral, prefiero aguantarme cuando “mi hijito, mi wawita” llega insolado, con los labios inflamados, con los ojos rojos, el uniforme embarrado, cuando su Sargento le dice que si “se porta mal le va a ser el amor”, o que todos son “unos hijos de puta”…prefiero eso a enseñarle que la ley es cuestión de meterle nomás porque ahí, ahí estoy jodida, ahí sí fracasé como madre y como ciudadana y no podré dormir en paz.

Sucede que es fácil criticar la etiqueta azul que toma el Presidente, o el avión de varios millones, o el traje de diseñador…pero también había sido fácil ser parte del sistema y reunir unos cuantos dólares y salir corriendo a comprarle la libreta al hijo de tan solo 16. Es decir ¿con qué moral criticamos los “usos y costumbres” del Presidente si somos los primeros en acomodarnos al sistema?

Este país va a ser otro cuando todos, usted, el Presidente y yo, pensemos igual sobre la ley y el respeto indiscutible que se merece…y es fundamental que comencemos por casa, con esos chiquitos de 16 que se hacen hombres de verdad y que tienen que entender con odiosos discursos más parecidos a dramones o a palos, finalmente, que la ley se cumple y que el Himno Nacional se entona firme, fuerte y con la mano en el corazón.

No soy un ramillete de ejemplo moral. Con todos mis defectos, limitaciones y errores, ahí ando, tratando de ser lo mejor para él, para que él sea mejor que yo.

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17 comentarios en “La “Pre”

  1. Javier

    A mí me tocó hacer el servicio premilitar cuando recién comenzaba su organización. No todas las reglas estaban claras, ni para los instructores ni mucho menos para las familias y reclutas. Recuerdo que de mi curso (35 alumnos), la mayoría se enlistó al servicio, unos 25 o más. Cuando recibimos la visita de los instructores de la Fuerza Aerea, nos pintaron un panorama color de rosa, poco menos que recibiríamos instrucciones de pilotaje, obviamente no ocurrió, pero si sirvió para aumentar el deseo de enrolarse en las filas de la Fuerza Area en detrimento del Ejército.

    Habiendo sido criado y educado en el seno de una familia de clase media, con posibilidades de ir a un “prestigioso” colegio privado católico de nuestra ciudad, debo decir que el servicio premilitar, más allá de la instrucción cívico-militar, me sirvió para encontrarme con realidades muy diferentes a la mía. Recuerdo haber conocido compañeros que disponían de un par de bolivianos para su transporte, comida y esparcimiento diario. Esto era patente a la hora del almuerzo en el que algunos podíamos comprar algún plato de comida decente del restaurante del cuartel en cuanto que otros debían paliar el hambre a plan de pan y gaseosa, o algo menos. Conocí algunas historias de gente que además tenía que trabajar después de salir los sábados del servicio, y a mi me esperaba una cómoda cama, con cena y tv por cable. Supongo que el cuartel es de los pocos lugares que medianamente iguala a todos, porque el sufrimiento de dar una y mil vueltas una cancha de futbol, o los pantones al sol o lluvia o enlodarse en la tierra más asquerosa no discriminaba cuanto se tenía en el bolsillo….es más creaba lo que llaman el espíritu de cuerpo que al final te hace olvidar las diferencias y te hace sentir que al final eres un simple hombre sufriendo lo mismo que quien tienes a tu izquierda y derecha.

    Si bien hay muchas horas de pérdida, la satisfacción de haber recibido y ganado la libreta es mayor.

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    1. Javier, lo que usted menciona es lo que deseo, entre otras cosas, que perciba mi hijo…que salga de “su” mundo y sea capaz de comprender y valorar el de los demás….eso no puede estar mal, cierto? gracias por su reflexión.

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  2. Verdad que mis “historias de cuartel” son arcaicas, al fin y al cabo tengo 44 años, así que cuando cuento las experiencias de mis contemporáneos estoy hablando de -por lo menos- 1/4 de siglo atrás. Qué bueno que hoy, en el tiempo del cambio, ya no ocurran en los cuarteles las barbaridades que entonces ocurrieron. Eso me alegra… y mucho.

    Debo recalcar lo que no se entendió: ¡Qué bueno que existe el servicio PRE militar!

    Mientras exista la ley del servicio militar obligatorio, “la pre” es la única manera de evitar a los jóvenes bolivianos el tener que ir a desperdiciar un año de su vida en un cuartel.

    Ahora, por favor, díganme cuanto cuesta tener a un hijo en “la pre” ¿Es verdad que hay que “invertir” cerca de 180 dólares?
    En el artículo que enlazo encuentro este fragmento de testimonio de un joven recluta:

    “Solía llevar cuarenta bolivianos en mi bolsillo y llegaba a casa sin un centavo. Más de mil bolivianos gastaron mis padres para que ingrese al servicio, seiscientos para mi alimentación durante el campamento, diez semanales para el peluquero y los gastos extras de cada día que involucraban forro de la libreta, artículos de oficina, mochilas, ligas, poleras, cuelleras, mástil, porta estandarte, disfraz para el corso, alquiler de la amplificación, membretes, plaquetas de identificación, vacunas, fotografías, etc.”

    Pregunté en mi entorno (amigas, cuñadas, vecin@s) y de todo lo que me contaron -cosas que no son arcaicas sino de esta Era en la que vivimos- me quedan ciertas dudas, por lo cual tengo algunas preguntas para aquellos padres y madres que inscribieron a sus hijos en la “pre”:

    • ¿Cuánto tuvieron que invertir?
    • ¿Cuánta cola tuvieron que hacer para poder inscribir a su recluta? ¿horas? ¿días?
    • ¿Qué requisitos tuvo que cumplir para ser elegible?
    • ¿fue necesario tener un “padrino” para lograr una plaza?
    • ¿Cuánto dinero le dan cada día que tiene que presentarse a instrucción?
    • El uniforme que usa ¿es dotación del gobierno? ¿las botas?
    • ¿Cuántas noches NO duerme en casa el recluta -en época de clases?
    • ¿Cuántas noches NO duerme en casa el recluta –en vacaciones durante el descanso pedagógico?
    • En este Carnaval 2015, ¿tendrán los reclutas que ir a hacer una coreografía en el Corso? ¿Cuánto cuesta eso?
    • ¿Cuánto tendrán que invertir en el Día del Mar?
    • ¿Saben si habrá que invertir alguito más el día de la graduación?

    Por último

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    1. Pablo, comienzo por el final con otra pregunta: cuando tu te inscribes al colegio, pagas por la plaza, las pensiones, el uniforme, los materiales, y demás, no es una forma disfrazada de pagar por el título de bachiller? me imagino que considerarás que no. Bien, en la pre, todo cuesta, todo, vestir, ir, comer, beber, leer, bailar, parecer, ser…todo tiene un precio, es parte de un sistema dañadito hace rato. Bien que exista la pre porque nos salva de lo otro…y qué bueno que no seas tan fatalista porque al solo leerte me entró pánico, un pánico que está latente todo el tiempo porque no quiero que mi hijo pierda la vida en la famosa y obligatoria pre….me parece que no es tan grave, al menos eso quiero pensar para darme fuerzas. No todo es tan malo….pero todo, eso sí, podría ser mejor.

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      1. Estimada Mónica, no es mi intención hacer que entres en pánico. Seguro que en la pre, por el hecho de que los jóvenes no están 24/7 en el poder de los instructores, estos se cuidan de no hacerles daño porque saben que tienen que enviarlos a sus casas dentro de pocas horas.

        Además, insisto, la pre NO es obligatoria, lo que es obligatorio es el Servicio Militar.

        La pre es la manera legal de evadirlo.

        Por otro lado, tienes razón… bueno… en algo:
        Se supone que el Servicio Militar es (además de obligación ciudadana), obligación del Estado; es decir que si “la pre” se supone sea parte de dicho servicio, -en teoría- no debería costar ningún gasto de dineros por parte de los padres de familia.
        Sin embargo bien sabemos que ni siquiera la educación Fiscal es totalmente cubierta por el Estado.

        Mi hijo estudia en un colegio fiscal y (aunque no cobran una matrícula ni pensión mensual), cuesta el vestir (porque igual le exigen un uniforme), el ir (porque no existe un transporte escolar), el comer y beber (porque un pilfrut y una barra de cereal no es alimento), el leer (ni un libro les dan, ni un folleto), el bailar (las horas cívicas y días especiales salen tan caros como en los colegios particulares), y cuesta hacer cola desde la madrugada el día de la inscripción y un largo etcétera… pero no me estoy quejando porque sé que, más que un mal, se supone que al mandar a mi hijo al colegio le estoy haciendo un bien.
        Todo ese gasto no “compra” el título de bachiller porque simplemente no es lo mismo y tampoco es igual. Son 12 años en los que el alumno debe ganarse su pase al siguiente nivel con mucho esfuerzo. Y en esto me refiero al colegio particular tanto como al fiscal.

        Sería una compra de Título de Bachiller al estilo de “la pre” si, digamos, el propio Estado instituyera una escuela “paraFISCAL”, donde mi hijo pudiera:

        • asistir 2 añitos,
        • pagar yo (entre matrículas y tucuimas) el valor de lo que pagas en un colegio particular durante 12 años y que
        • al concluir los 24 meses le dieran el mismo diploma que les dan a los hijos de los padres que cumplen con su deber legal (y moral) de enviar a sus hijos al colegio obligatorio.

        Olvido mencionar que la ley no obliga a la obtención de un título de bachiller ni a la asistencia escolar durante 12 años… creo que la obligación LEGAL son menos años: la primaria y nada más, sin título ni nada… o algo así.

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  3. tere

    Los comentarios vertidos por los antecesores me parecen por demas arcaicos, porque hoy en dia el realizar el servicio pre militar y servicio militar obligatorio para todos los jovenes en edad de servir a la patria si bien en la Constitucion Politica del Estado Plurinacional se encuentra como un acto obligatorio, tambien en la vida de cada uno de esos jovenes es un acto voluntario, si quieren lo hacen y si no no lo hacen nadie los obliga, sin embargo como dijo la protagonista de la columna cuando quieren optar por cualquier cargo publico o converstirse en servidores publicos les sera un documento de presentacion obligatoria la Libreta de Servicio MIlitar.Digo exagerada y arcaica porque yo soy madre de un hijo unico y me siento super orgullosa porque mi hijo ha hecho el servicio premilitar, que ha sido “jaripeado” por sus superiores ha sido y lo tuvo que asumir como un acto de valentia y entereza, nunca antes me senti tan orgullosa de ser boliviana cuando vi a mi unico hijo besar nuestra bandera jurando defenderla por encima de todo y ante todo, esos son actos que se viven una sola vez en la vida y si alguien dijo que no sirve de nada, pues yo digo lo contrario, sirve para templar el caracter “mimado” de nuestros hijos, sirve para valorar la familia y los padres que tienen y sobre todo aprenden no solo a entonar el himno nacional con fervor y patriotismo, aprenden a AMAR A BOLIVIA, POR SOBRE TODAS LAS COSAS.Felicidades Monica!!!

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  4. Oran Gutan

    En mi tiempo (90’s) no había “pre” que me hubiera gustado que la haya pues si para hacerla, no la hice, tampoco la compre y no sé si la comprare tomando en cuenta que año que pasa hay que aumentarle un cerito al costo. Mis hijos mayores la hicieron (2011 y 2013), al mayor que lo tuve en un colegio de papitusniy me costó que comprendiera que “era por su bien”, al final me lo agradeció aunque no esté en este país donde pretenden adoctrinar a nuestra niñez y juventud con una doctrina o régimen de la que no comparto. Fue grande mi orgullo al verlo a su “sub” entregándole su libreta y un abrazo (cosa que no lo hacen) en plena ceremonia de licenciamiento, creo que se lo ganó como se ganó la buena voluntad de ese “sub”. Si hiciste bien en que tu hijo haga la pre?; pues si lo hiciste y te felicito. Cuán difícil es el rol de padres y más aún enseñarles a que las decisiones como las que “no se debe comprar una libreta” o “hacerle sacar su metida de pata” son lo que nos permitirá que nuestros hijos sean unos correctos individuos, ciudadanos de bien con buenos valores morales para consigo mismos y con el prójimo.

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  5. Omar

    Yo lo hice por la via legal, me acogí a la ley que dice que se excusa del servicio militar obligatorio a quién sea único hijo varón dentro de su familia. Me presenté recién a los 26, cuando ya te has pasado del limite de edad y recibí lo que se llama Libreta Militar de Redención. Claro que para eso tuve que pagar lo mismo que me hubiera costado “comprar” la libreta a mis 18. Irónico, pero legal.

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  6. A ver, Moni, si me explicas un poquito algo que no termino de entender… yo siempre pensé que lo que es obligatorio es “hacer el Servicio Militar”, es decir, presentarse al cuartel munido de tu maleta de madera (cacha) y otros insumos e ingresar al Servicio “full time” (con un probable destino a alguna frontera o campamento de por medio) y que tu mamá, en lugar de mandarte al colegio de Lunes a Viernes y de Lunes a Viernes alimentarte y mimarte como solo ella sabe, debe conformarse con enviarte tu “tapeque” cada cierto tiempo para que tus camaradas y superiores puedan compartir (no necesariamente contigo) esa muestra de amor. Y que eso de “la pre” es una manera legal de evitar lo antes mencionado. ¿es así?

    En tal caso, estoy de acuerdo contigo: mis hijos tendrán que hacer “la pre” cuando les corresponda mientras cursen la secundaria y así recibir las necesarias libretas sin las cuales se les dificultarán muchos procedimientos posteriores en sus vidas adultas.

    Pero eso de “la Pre” es algo intermitente: cuando mi primo de “cincuentaytantos” estaba en secundaria había “pre”, cuando yo estaba en secundaria, no había. ¿Cuál es la alternativa cuando no hay “pre”?

    Aquí tal vez discreparás conmigo: En caso de que dentro de 4 años, cuando a Matias le toque, o dentro de 15, cuando sea el turno de mi León, si no hay “pre” yo NO pienso permitir a mis hijos (si estoy todavía comiendo pan en este mundo y ellos todavía me hacen caso) a que se presenten al cuartel a pasar un año ¡UN AÑO! en las garras de esos -disculpa pero tengo que decirlo- MONSTRUOS. Así es: monstruos.

    No estoy en contra de la disciplina pero si de la tortura y el abuso; amen de algunas otras destrezas que en el cuartel se aprenden como robar o maltratar a los semejantes y a los animales, entre otras hermosuras.

    Por otra parte, estoy en contra de la ley 😀 . Si. Estoy en contra de la ley del Servicio Militar Obligatorio en cualquier país pero especialmente en este país donde conozco cómo son los militares: oficiales, sargentos y “antiguos”.

    Ojalá para cuando mis hijos estén en edad ya no existiera el Servicio Militar Obligatorio ¡Por Dios! Esto es una súplica, una plegaria: ojalá cuando mis hijos estén en edad, por lo menos siga existiendo la “pre”, porque así no me veré obligado a romper la ley, a desobedecerla, a ignorarla y darle por completo la espalda.

    ¿Quiero darle a León (mi hijo de 7 años) el “buen ejemplo” de cumplir a rajatabla la ley obligando a Matias a presentarse y que después vea a su hermano mayor regresar con un riñón destrozado o quizás muerto (sin que haya habido siquiera una guerra que de Gloria lo cubra, sino) a consecuencia de una “chocolateada” o “jaripeada” o como se llamen los castigos acostumbrados en los cuarteles bolivianos? NO GRACIAS, yo paso. Prefiero dar a mis hijos el ejemplo de DESOBEDECER “en conciencia”

    Estoy de acuerdo con cumplir la ley pero… cuando una ley es injusta… cuando una ley es mala…

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    1. Pablo, cada vez que mi hijo se va al cuartel, mi corazón queda hecho un trapo…y rezo para que vuelva sano…¿te das cuenta lo que te digo? ¿te das cuenta el sacrificio que hago por tratar de hacer que el chico sea recto? ¿te das cuenta lo que sufro cuando me dice que no hace nada productivo, que lo maltratan, que le obligan a comprar ciertas cosas? que los abusan, que los dejan sacando piedras toda la mañana? te das cuenta el tipo de explicaciones que debo darle cuando él mismo se da cuenta que es una estupidez? pero sabes….es la ley carajo y se cumple. Y no voy a comprarle la libreta porque me parece vergonzoso, quiero que se la gane y que se sienta dichoso de haberla conseguido así. Si hacer el cuartel le permite a él comer con los dedos sentado junto a 100 jóvenes diferentes o iguales a él, si le permite aprender a tolerar ciertas cosas con las cuales no está de acuerdo, si le permite entonar el himno como debe ser, si le permite conocer finalmente lo corrupto que es el sistema, si le permite saber que su madre sufre cada día pero que se aguanta por cuestión de un principio de vida, si le permite darse cuenta sobre lo bueno y lo malo del sistema…entonces, está bien. Para mí sería muy sencillo comprarle la libreta, pero con qué cara se hace eso querido? con qué cara? yo no la tengo. Ojalá esto se acabe, ojalá se discuta y se termine la obligatoriedad del asunto…pero eso es otro asunto, mientras tanto, debo cumplir y punto. Bueno, tu sabes que soy radical, pero no se trata de radicalismos, se trata de lo que uno considera que es moral…y comprar la libreta no es moral para mí ni para mi familia.

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      1. Por eso digo, mientras exista la “pre” (y ojalá siga existiendo por lo menos hasta que se derogue la ley del Servicio Militar Obligatorio), se hace más fácil (entre comillas) el conseguir la dichosa libreta sin tener que comprarla y especialmente SIN PRESENTARSE al VERDADERO servicio militar.

        Si tu hijo se queja de la estupidez que le parecen las actividades que realiza, de los abusos que tiene que aguantar, de los maltratos que recibe, de las “cosas” que le obligan a comprar (ni me imagino lo qué podrán ser esas cosas que por algún motivo no nombras), y de que lo tengan sacando piedras toda una mañana… en una actividad de fin de semana y de 2 meses de vacaciones, imagínate lo que es el VERDADERO servicio militar, ese servicio de 24/24 – 7/7 – 365/365

        Ese servicio militar de los jóvenes que no van a la “pre” porque no pueden al estar viviendo en zonas rurales donde no existe, porque simplemente no tienen la oportunidad (en mi época no había) o porque a sus padres directamente no les parece “cosa de hombres bien machos” ya que eso no es “ir al cuartel”. Ese servicio militar en el que se va al cuartel una madrugada, se hace fila todo el día y NO SE VUELVE A VER A LOS PADRES hasta dentro de un año porque se es destinado solo Dios sabe a dónde.

        Ese servicio militar del que te hablo, el que no es “pre”, ese es el “servicio a la Patria” que yo quiero evitar a mis hijos, no “la pre”. Te repito que ojalá siga habiendo la pre cuando mis hijos estén en edad para que se me haga más fácil el poder cumplir la ley.

        A mi también me parece vergonzoso el comprar la libreta militar, no por que sea la “sagrada libreta” que para mi no es más que una ridiculez, sino porque el comprar la libreta militar es un acto fraudulento como lo es el comprar títulos, el pagar por calificaciones, el “ganar” una licitación sin presentarse al concurso y todas esas actividades que -infelizmente- son pan de cada día en nuestro medio y para muchos es de lo más normal como pasarle unos quintos al paco que está meleando en una esquina con cualquier excusa.

        Comprar la libreta no es moral. De acuerdo, no lo es y por supuesto que no aspiro a tener que comprar 2 libretas en el futuro. Por eso digo ojalá que siga existiendo la pre cuando me toque cumplir con mi deber de entregar a mis hijos en las mismísimas manos de la corrupción en aras de no fomentar la corrupción en ellos.

        Yo nunca hice el servicio militar, por si acaso te lo preguntas salí inhábil gracias a un problema en la espalda y a mi astigmatismo, pero tengo cantidades de amigos cuyas “historias de cuartel” me han llegado al alma por lo desgarradoras que son. Algunos eran obligados a robar gallinas en las granjas vecinas al cuartel para las parrilladas de los sargentos, otros eran obligados a robar dinero cerca del cuartel para poder comer ellos mismos y sus compañeros, otros ya no eran obligados a robar… se habían acostumbrado a hacerlo y tuvieron que desacostumbrarse cuando volvieron a la vida real. Esos fueron los afortunados

        Los menos afortunados regresaron a sus casas como dije en el anterior comentario, uno con un riñón inservible a causa de los “cortos” propinados por sus propios camaradas, otro con la vejiga destrozada a causa de las patadas recibidas por parte de los suboficiales, dos de ellos no me contaron nada porque regresaron en calidad de cadáveres…otros no fueron tan afortunados.

        Los desafortunados son los que regresaron convertidos en violadores porque habían sido violados y/u obligados a violar a hombres y mujeres y los que no se suicidaron viven una vida atormentada.

        Yo nunca hice el servicio militar pero canto -y siempre canté- el Himno como debe ser: firme, con la frente en alto, la mano derecha en el pecho (y la izquierda pegada al muslo) y a voz en cuello pronuncio “morir antes que ver humillado de la Patria el augusto pendón” y me creo eso de que hay que conservar en glorioso esplendor el Alto Nombre de la Patria. Pero eso no lo aprendí en ningún cuartel, me lo enseñaron mi Mamá y mi Papá y mi abuelo Mario que sirvió de verdad a la patria cuando a sus 14 años fue a defender este suelo en la Guerra del Chaco en calidad de chofer de camiones aguateros. También lo aprendí de muchos buenos maestros que tuve en el colegio y de los libros que leí, porque también en los libros (y en la Familia) se aprende el amor a la Patria, el orgullo de ser boliviano y la obligación de conservar la Institucionalidad, la Democracia y la Libertad y … el cumplimiento de la Constitución y de la Ley.

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