Atajos Chauvinistas (Los Tiempos, 2015)


amo_chauvinismo_camiseta-r92bcc29fdc6047d6844ca6cf428fcfe6_8nhmi_324Lo que viene pasando hace nueves años pero, de manera concreta lo ocurrido esta semana con algunos “fenómenos” políticos, sociales y deportivos incluso, confirman que el gobierno del presidente “indígena” Evo Morales ha alcanzado con éxito una de sus principales metas: Convertirnos en una sociedad con demasiados chauvinistas.

Nuestra patológica necesidad de logros, la ignorancia que reina en gran parte de la población respecto de su propia historia debido, entre otras causas, a reformas educativas fracasadas y a gobiernos indolentes con esa realidad, y nuestros complejos sociales tan arraigados y extendidos, se han convertido en el mejor caldo de cultivo para una gestión que ha encontrado en el chauvinismo el mejor atajo para posicionarse –de manera demasiado cómoda- en el poder, pero además y lo que es peor,  para convencernos de que la reconfiguración de la esencia del “ser boliviano” es una necesidad patriótica.

Cualquier expresión que vaya en contra de los “intereses” (pluri)nacionales o simplemente cuestione hechos o situaciones dirigidas a exaltar ese “sentir boliviano”, es tildado de racismo, discriminación, falto de identidad u odio al otro; es así que frases tan ausentes de criterio como “el boliviano es el peor enemigo del boliviano” o el “viva Bolivia, carajo” o el “por fin todos unidos por el éxito de X”, no son otra cosa que resultados de logro del chauvinismo que el MAS emplea para ejercer dominio.

“Uno de los primeros actos de los estados totalitarios fue la más descarada y monstruosa falsificación del presente y del pasado en aras de realizar las metas de un futuro glorioso”, dice Hannah Arendt (2007) quien advierte sobre la debilidad de los “demagogos, charlatanes y aventureros políticos” por “convertir a las masas en un instrumento político”.

La “necesidad” de refundar Bolivia a partir del Estado Plurinacional, la amenaza actual que constituyen los librepensadores y los críticos de asuntos “irrelevantes”,  y el inevitable proceso de cambio que trae consigo bonanza económica, conciencia de clase, alegrías al pueblo, triunfo y unión entre bolivianos, son una especie de atajos chauvinistas para llegar más rápido y más fácil al poder…totalitario diría Arendt.

Los gobiernos proclives a exaltar sentimientos desmedidos y fanáticos de patriotismo suelen explotar (y desfigurar) el potencial semántico, político e ideológico de términos como racismo/racista porque su fanatismo patriótico les da un carácter etnocentrista; en consecuencia, hoy, llamarle a una persona de racista no solo es el peor de los insultos, sino que se “adecua” a cualquier mortal que ose un argumento, idea, opinión, criterio o reflexión contraria a la del “interés común”; vulgar chauvinismo.

El chauvinista sostiene que nadie puede decir nada en contra de su nación, ni siquiera el conciudadano que “atente” o intente despojarnos de lo nuestro, nuestro territorio, nuestro Estado, nuestros triunfos, nuestros héroes, nuestras costumbres milenarias, nuestra cultura, nuestros olores y sabores…todo esto, de manera especial lo último, de hecho es considero por el chauvinista el más descarnado acto racista.

Los especialistas creen que el chauvinismo es un “sistema cuya manifestación neurótica responde a un complejo de inferioridad que exige demostrar grandeza” a toda costa y a todo precio.

Finalmente, el chauvinismo suele ir acompañado de “manías persecutorias consistentes en culpar de los males propios a otros países, regiones, pueblos o razas” donde hay gente “despiadada, inhumana, individualista, antipatria y pro imperio” que quiere hacer daño hablando mal del país, de sus éxitos (concretos y figurados), de sus circunstanciales logros, de sus connotadas alegrías, de sus situaciones y experiencias de unión fraterna, de sus expresiones culturales, sus símbolos, sus fondos e incluso de sus formas. En fin, se trata nada más que de atajos chauvinistas.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20150123/atajos-chauvinistas_288751_636856.html

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3 comentarios en “Atajos Chauvinistas (Los Tiempos, 2015)

  1. ¿Otra vez, Molmitos? ¿No te cansas de dar en el clavo (en la herida) una y otra vez?

    Es que , Mónica, con estos artículos tuyos estarías cometiendo un tipo de delito denominado Lesa Majestad, el cual generaciones atrás fue el que llevó a mucha gente a sufrir los peores tormentos. Los hallados culpables (por tribunales formales y/o turbas enardecidas) de cometer este tipo de crímenes, por lo general terminaban en la pira, respirando humo.
    Hoy, esa denominación ha desaparecido de los cuerpos legales inclusive del derecho eclesiástico pero el chauvinismo sigue ahí (digo, aquí).

    Antaño el dañar la dignidad de Dios, del Papa, de la Iglesia, del Soberano (léase rey, reina o cualquier persona cuya palabra y figura era ley) era tipificado como crimen de Lesa Majestad y penado en consecuencia; hogaño tenemos que el “dañar nuestra moral y buenas costumbres”, “dañar el interés común”, “dañar nuestra forma de vida”, “hablar mal de los que ya sabemos pero no nombramos”, “tener una sonrisa torcida de vende-patria”, et cétera conlleva a unas cacerías de brujas similares a las realizadas en esas “edades” (que por cierto no son tan lejanas como la de piedra, digamos).

    Así que, en lugar de escribir tan relevantemente sobre temas irrelevantes… metele al chisme, a la crítica de “la moda”, a relatar eventos de comparsa ¿no se? si no, te advierto que te estás exponiendo a que alguien comience a llamarte con epítetos como “irrelevante”, “exagerada”, “criticona”, “jodichi”… y si insistes, podría ir escalando: “insatisfecha”, “discriminadora” “odiadora”, “pro-imperio”, “individualista”, “anti-patria” y por último, hasta podrían llegar a decirte “bruja”.

    YOU HAVE BEEN WARNED

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    1. mis epítetos o los que me he ganado con puro sacrificio (jejejej), están en la primera escala. Felizmente entiendes cuál es el espíritu de la crítica. No podemos dejar de vernos en el espejo, y somos nosotros a los que tenemos que ver, no otros rostros, ni parecidos ni diferentes ni disfrazados. Nosotros nos tenemos que mirar tal cual somos y reconocernos y tomar medidas al respecto.

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