De una periodista a una política


Dicen que las cosas malas hay que olvidarlas. No estoy de acuerdo porque son precisamente aquellas las que te hacen crecer.

Hace unos siete años aproximadamente, viví una de las experiencias profesionales más tristes de mi vida que no quiero olvidar, aunque siga doliendo.

Nunca hablé de esto pero siento que hoy es tiempo de escribir sobre ese hecho que hizo que llorara demasiado. Sí, lloré de rabia, de impotencia, lloré de pena, de amargura, de decepción, lloré y lloré y soy capaz de seguir llorando por eso.

Fui contratada por el gerente general de la Red Bolivisión de aquel entonces para conducir los dos noticiarios, el de la mañana y el del medio día. Mi contrato era indefinido, pero mi ingreso coincidió con la salida temporal de la jefa de prensa, la señora Rocío Molina T. quien se alejaba por algo así de tres meses por baja médica, daría a luz a su tercer hijo, el bello Santiaguito.

Durante tres meses  me desempeñé en mis funciones con altas y bajas como es normal. Mi jefe inmediato era Martín Colque quien con más experiencia que yo en el campo periodístico, me guiaba en ese andar de la conducción de noticias. Nunca fui sumisa y tampoco lo sería entonces, él comprendía aquello. También sabía que no estaba ante una chiquilla que había ido a mostrar escotes ni a repetir textos. Sabía, finalmente, que yo soy profesional tanto como él y que nuestra relación debía manejarse en ese marco. Y así fue con Martín, Martincho como le digo o Gargamel como suelo llamarle también cuando nos encontramos en la calle y nos reunimos para charlar y reír aunque sea un minuto.

El día que la señora Molina volvió de su baja médica comenzó mi martirio.

Cuando me contrataron me habían dicho que haría pantalla indefinidamente, que no estaba  en reemplazo de nadie. Eso lo entendí pero hubo quien no quiso entenderlo así o nunca se lo dijeron en esos términos. Al parecer, la señora Molina, se enteró que no volvería a hacer pantalla nunca más en Bolivisión el mismo día de su reincorporación. En fin, eso a mí nunca me interesó porque  mi contrato siempre fue muy claro y no había nada que indicara lo contrario.

Mi martirio. Sí. Al parecer la noticia del no retorno a las pantallas atormentó la psiquis y autoestima de la señora Molina quien inmediatamente, reasumido su cargo de jefa de prensa pero no de conductora, comenzó una guerra declarada y sin pausa…para sacarme.

Entrar en detalles no es pertinente porque es algo que ambas lo sabemos muy bien…y también Cristian que presenció –en silencio y asombro-  toda la reunión. Sólo voy a decir que su maltrato psicológico llegó al extremo hasta que me obligó a renunciar, cosa que hice con gusto porque seguir en el canal en esas condiciones era inhumano.

Entre las tantas cosas que me criticó la señora Molina, es que según ella yo discriminaba a la gente del MAS cuando hacía entrevistas en vivo, razón por la que yo notaba que evitaban darme entrevistas a lo que salía Cristian (el otro conductor) a hacer las preguntas a los personajes políticos, preguntas que casi siempre eran dictadas vía “sonopronter” por nuestro jefe Martín.

A mí me ponían a bailar, a presentar a los grupos musicales o a la señora Gaby que todos los viernes traía algo rico para comer. O sea, me daban lo más banal porque sabían que a un político de la sigla que fuera, no preguntaría cojudeces ni se me escaparía ningún pelotudo sinvergüenza, todo, claro está, en el marco del profesionalismo con el que debía asumir tal asunto. Además, mi contrato no decía que debía hacerme a la ciega, sorda y muda con los pinches políticos a quienes por naturaleza detesto, sobre todo a los que incendian prefecturas, a los que violan, matan, roban…a esos los detesto hasta el infinito y más allá.

Con una imitación grotesca y dañina, la señora Molina, remedó lo que sería, según ella, mi actuación en estudio. Me recalcó varias veces, en esa misma y única reunión que yo no era objetiva ni imparcial con los entrevistados y que eso no lo podía admitir. Me dijo otras cosillas más duras, pero repito, no las voy a mencionar para no entrar en el género del drama ni confundirlo con el terror.

Hoy me entero que la señora Rocío Molina periodista va de candidata a primera concejal por el MAS….¿y qué puedo decir? Nada, nada, nada, solo me sonrío y me acuerdo de aquella reunión en la que la señora Molina, ahora candidata por el MAS, me basureó, me criticó sin piedad, me maltrató, me injurió diciéndome que yo no era buena profesional y que discriminaba y trataba mal a los del MAS.

Pese a todo, y desde el corazón le deseo suerte señora Molina, aunque debía decirle “querida amiga Chío” como cuando éramos compinches en esas aulas del Amerinst. No creas que no recuerdo nuestros momentos de bella amistad en las que el tema de conversación eran nuestros Álvaros, tiempos en los que la vida era más fácil, simple y honesta, en los que tu confiabas en mí, en los que yo confiaba en ti y en los que nunca pude imaginar lo que realmente harías conmigo. Miento, miento, recuerdo también que fueron momentos en los que tanto tú como yo disfrutábamos de nuestras clases de sociología, política y economía. ¿Y pensar que solo teníamos 16? En fin, debo reconocer que siempre fuiste inteligente y apasionada.

De esa reunión de prensa que convocó para lastimarme con tanta saña aprendí mucho, sobre todo a llorar; pero es de su candidatura con el MAS que aprendo todo el resto, especialmente a sonreír.

Un saludo, señora Molina.

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4 comentarios en “De una periodista a una política

  1. Julio Infante

    Las heridas cicatrizan pero no cierran aun que pase mucho tiempo, nuestro cerebro tiene un rinconcito que atesora hermosos como también desagradables momentos durante nuestra vida y están ahí esperando el momento para salir a la luz y estallar.
    Sin embargo la educación que recibimos de nuestros padres nos dice que no hay nada mas bello que perdonar y eso Monica lo tiene mas que de sobra.
    Paciencia.

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