Hombres mancos (Los Tiempos, 2014)


1234206111910_fEn la fila, mujeres maduras, profesionales y con solvencia intelectual y económica esperan que haga lo mismo que ellas. ¿No le vas a servir a tu marido?, me pregunta una de ellas, las demás bajan la mirada. “No, él se puede servir sólo, ningún manco”. Puedo adivinar lo que piensan: qué mujer más engreída que no atiende al esposo como debería.

Un tío trepado en años no sabe con cuántas cucharillas de azúcar toma el café. Nunca se ha preparado una taza de tinto porque primero se lo hizo su madre, luego su esposa y ahora su hija. Aunque los dos brazos le cuelguen, es un perfecto manco; un manco dependiente de mujeres.

El abuelo que hace siete décadas está acostumbrado a que le pongan y le retiren el plato. No lo sabe hacer porque también ha sido “asistido” por la madre, la esposa, las hijas y ahora las nietas que muy serviciales todas ellas, convirtieron al caballero en un comodón.

Mi amiga me cuenta que su marido llega del trabajo y lo primero que hace es ponerse a ver televisión mientras tanto ella -también llegada del laburo- se lava las manos aún con la cartera colgando y prepara la cena, luego se encarga de los niños, los platos, la cocina y la basura mientras el perla del esposo descansa.

En casa tengo tres muchachitos propensos a dejar vasos y platos por todo lado; la esclava en potencia, o sea yo, debe concentrarse para no levantarlos. Parecería que está en mi chip disimular el desorden de los críos. Sucede lo mismo con la ropa, zapatos, camas, mochilas, cuadernos, juguetes….¿Luego vendrán los condones y las corbatas? Me incluyo en el drama porque soy de una generación en la que las únicas que trabajábamos en la casa éramos las mujercitas (así en diminutivo), los varones eran educados para mancos.

Ese chip incorporado hace que las manos me tiemblen y mi lucha contra el maldito dispositivo sea diaria porque mancos en mi casa yo no quiero. Cuesta, claro que sí, es una fuerza sobrenatural que pretende dominarte, voz maligna que te grita que debes hacer ese trabajo…también.

Una vez una vecina me preguntó que qué hice para tener un marido colaborador. “Nada”, le dije, “vino así de paquete”: Mi suegro quedó viudo y les enseñó a sus cuatro hijos varones a hacerse hombres de verdad.

No crean que soy tan desgraciada (justificando el mea culpa, parte del chip), le sirvo a mi marido cuando me nace, levanto los vasos cuando estoy de buen humor, le hago un café al tío una vez al año y le retiro el plato al abuelo cuando quiero ¡ninguna obligación!

“Nunca dependan de una mujer, niños”, les pido a mis manquitos en potencia, “ustedes son lo bastante hombres como para lavar y planchar sus trapitos, cocinarse y demás deberes domésticos”.

¿Miedo a que sean unos dominados? ¡No! Terror a que no disfruten las cambiadas de pañales con chorro en la cara; a que no conozcan los paseos nocturnos con su bebé enfermo en brazos; a que no sepan cómo se prepara el biberón; a que no se solacen con la recogida del kínder y la secundaria; a que no sepan que el café es más saludable sin azúcar; a que se pierdan el cariño de las caseras del mercado; a que mueran de hambre cuando la mujer falte; a que dependan de una fémina para existir; a que sean unos mancos con manos.

El tema de las responsabilidades domésticas no es banal porque en la casa es donde se aprende la violencia de género.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20141128/hombres-%E2%80%9Cmancos%E2%80%9D_282459_622059.html

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3 comentarios en “Hombres mancos (Los Tiempos, 2014)

  1. Alexandra

    verdaderamente Monica, admiro la manera en que expresas de forma coherente y sarcástica, como debería transformarse el mundo en la actualidad, que en pleno siglo XXI seguimos viviendo en los hogares el machismo y la dominacion del “macho potencial” que se jacta por ser el que trabaja, pero ahora no solo los hombres trabajan, sino trambien las mujeres!, vayan enterandose queridos hombres mancos.

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