Niña grande


4557198259294055Esperó con ansias hacerse mujer; sentía especial curiosidad por descubrir las sensaciones que su cuerpo le reservaba. La  la niña grande de cuerpo y sueños se sabía diferente; no encajaba en su edad ni en los juegos que obligada compartía con las demás niñas. Sería porque  era una niña grande, una mujer atrapada en apenas once años, ese corto tiempo que se vino intenso y de manera brusca, tanto que no alcanzó a percatarse de los peligros de su aparente madurez.

Es posible que el viejo ése haya sido el culpable cuando una tarde de sol cansado, ella atravesó una puerta oscura que jamás debió.

Los niños del barrio le llamaban abuelo, mote que él de forma muy astuta había conseguido a fuerza de monedas, actitud amable y variados caramelos. La rutina de los sobornos, ese diario convivir en aquel callejón municipal sin salida y la ausencia de sus padres, confabularon en contra de su inocencia.

De pronto se vio montada sobre él quien con alarmante delicadeza comenzó a recogerle la falda como haciendo perfectos pliegues con ella, mientras le susurraba sutilezas al oído con las que pretendía distraerla de su asfixiante fechoría sexual.

Los dedos del anciano no dejaban de moverse con suavidad maestra, sabía que si apuraba el ritmo la niña presa huiría de entre sus piernas. Sus manos viejas y tibias comenzaron a subir por los blancos muslos de la niña grande.  Te gustan los dulces, le preguntó. La muchachita sintiendo la humedad de su aliento en su cuello le respondió que sí. ¿Mucho?, insistió, sí, atinó a exclamar. El viejo continuó…con el ingenuo permiso de ella.

Autorizado a seguir su recorrido, el hombre llegó y posó sus dedos donde quería. Era la primera vez que ella sentía que otra persona le tocaba su intimidad. Con los ojos cerrados, ciegos a la escena, el fuego del placer corrió por sus venas, aceleró su corazón y encendió  su bello rostro asustado.

Bastaron algunos débiles movimientos de dedo sobre su virginidad para que ella, alertada por el desconcierto nuevo, saliera corriendo de aquel cuarto en el que el hombre adulto -el de los caramelos- empalagara a la niña grande con el más amargo de los sabores que ella jamás hubiera deseado probar.

Continuará…

(Las críticas “constructivas” serán agradecidas y muy posiblemente tomadas en cuenta).

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3 comentarios en “Niña grande

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