Cultura Silicona


unicair-as-1002-amoladora-de-silicona-neumaticaCuando me preguntan si creo que todo tiempo pasado fue mejor, respondo que en varios, muchos, demasiados aspectos sí fue mejor. Desde lo material hasta lo inmaterial como si hubiera una suerte de relación causal entre lo concreto y lo subjetivo, o mejor, al revés, lo subjetivo, lo pensado y el hecho concreto.

“Ven maestro, pasemos a mi dormitorio”. El carpintero me mira entusiasmado pero asustado. “Entrá, entrá. Mirá, le muestro el balcón. Hay humedad y estoy segura que una lluvia como la de la otra noche no aguantará y se vendrá abajo. Por favor, tienes que arreglar este problema, le imploro al hombre”.

Observa y pronto me sale con la solución: “Hay que siliconear señora”, me dice muy seguro de su alternativa que más que eso parece fechoría.

“No pues maestrito, no me la charles”, le digo, ¿“no ves que tiene siliconas de todos los colores y que la solución es hacer un botaagua más ancho”?

Esta es una muestra de lo que digo; creemos y hacemos; creemos y actuamos; creemos y la cagamos porque vivimos la cultura de la silicona.

La silicona está presente en nuestros marcos de madera, en los de aluminio, en las ventanas, en las rendijas, en los muebles de la cocina, en los mesones de los baños, en las juntas del piso, en los vidrios, en los inodoros. La silicona sirve para tapar agujeros, disimular diferencias, tapar defectos. Está en todas partes, tenemos una casa hecha de silicona porque los constructores la utilizan como solución a sus debilidades, defectos e imposturas.

La silicona es barata y de fácil aplicación…pero es solo silicona y se gasta, se pudre, se seca, se rompe, se sale.

Si la silicona se hubiera empleado como hoy hace 50 años, nuestros padres no estarían usando aún sus refrigeradores celestes o rojos, esos feos y viejos pero que sirven mejor que los muy modernos y pintudazos de los nuestros.

Si la silicona se hubiera empleado hace 200 años, los balcones tan bellos de Sucre se habrían caído, pero resulta que no, están ahí, firmes, perfectos, imponentes y bellos, bellísimos.

Mi balcón que apenas tiene 6 años está a punto de claudicar porque entre otras cosas, se ha rematado con la puta silicona.

Y hablando de la santa sexualidad, la cultura de la silicona también invade las partes íntimas y sagradas de nuestros cuerpos como invade nuestras viviendas.

Que si no tienes lo suficiente, no importa, cumples 15 y a punta de bisturí y silicona te habilitan dos hermosas, grandes, robustas, firmes y redondas  tetas. Que si no tienes posaderas, no te preocupes, ahí está la amiga silicona dispuesta a darte un poco de colchón y en cuestión de minutos luces un enorme, firme y bien parado trasero, nalgas que serán la envidia de las inseguras y el chiste de las que se quieren.

“No me fumes maestro que ya lo han hecho otros. Por favor cámbiame nomás las botaaguas y olvídate de la silicona”, insistí con ese ser especial y necesario llamado carpintero.

Y no te fumes porque con tetas o sin tetas, con poto o sin poto, el que te quiera te querrá como eres…y chao silicona. Saquémonos la sustancia gomosa de nuestra cabeza y dejemos de pensar en que va a solucionar nuestros problemas materiales e inmateriales. Es solo silicona y sirve para tapar defectos o para tratar de disimular mermas que al fin y al cabo no nos hacen ni más ni menos.

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