A la sombra de la realidad y a la luz de la fantasía


Esta mañana acabé una historia sobre la taxonomía de la sexualidad masculina y con ello me vacié, vaciamiento que suele durar unas pocas horas hasta que se me ocurre algo o me inquieta otra.

No quiero escribir por el momento, pero resulta que en contra de esa voluntad, me agarro del teclado y decido hacerlo ¿forzada? Al contrario, entusiasmada, lista para otro round, como si nada hubiera pasado…como si no hubiera dejado descalabro y medio por ahí con esas líneas que pusieron a elucubrar  a más de un Judas que se pregunta si será él Señor.

Estoy en el avión de vuelta a casa. Miro las nubes y escucho música. Mi música, esa que registro cuando el corazón ríe y también cuando llora…son tonadas que tranquilizan cuando la rutina se hace antipática. El mismo discurso de seguridad, de prohibir todo, de mirar al uniformado que tienes  en frente para aprender a abrocharte el cinturón o ponerte la mascarilla, de rezar para que nadie se siente a tu lado lado y no tener que incurrir en la educada banalidad de una conversación estúpida.

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En una tarde de caminata por la plaza de Cobija

Me viene la tristeza, me pongo a pensar en cuántas veces estuve en Cobija este año. Fueron nueve, suficientes como para tomar cierta costumbre y pensar si volveré. Es mi último viaje del año y quizá de siempre. De pronto en 20 no me quede otra que apelar a algún recuerdo para distraer a mis nietos…serán cuentos construidos a la sombra de la realidad y a la luz de la fantasía.

Les hablaré de un lugar amazónico habitado por aymaras que no se desabrigan ni a los  38 grados de calor. De un lugar donde el atardecer es naranja y seductor al extremo. De árboles gigantescos y de ríos furiosos. De originarios en extinción y de comerciantes paceños en evolución. De calles con pocos perros porque el calor y la humedad no son muy amables con ellos. Les hablaré del Curichi del Cocodrilo y del buffet brasilero. De las ganas de unos pocos, del conformismo de los demás. Del incendio de una tarde de domingo, de los vecinos corriendo con baldes para apagar el fuego. De lagartijas intrusas caminando por la habitación a media noche. De fiestas y presteríos millonarios. De un comercio que habla portugués. De unas aulas llenas de sueños y pretextos. De calles llenas de karaokes, de carnavales fuera de tiempo, de baile y fiesta eternos. Y claro, de un equipo liguero que muestra las garras de un joven jaguar. Cobija, te llevaré siempre en mis recuerdos.

DSC_1662Me da saudade pensar que estuve por estos lugares, tan lejanos pero próximos… tan míos. Fueron días, horas que compartí conmigo, solo conmigo; días y noches para pensarme, para reconocerme y acordarme de quién soy.

Cada vez es más difícil mirarse sin maquillajes ni posturas y preguntarse qué haces, cómo estás. Estas idas y vueltas en solitario me han permitido hacer un reconocimiento que a ratos me da miedo. No debe haber algo tan tranquilizador o escabroso como encontrarse a solas contigo.

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Llegando a Cochabamba.

El vuelo está tranquilo, no hay turbulencias, cosa rara considerando que el cielo está con demasiadas nubes. Esa tranquilidad me inspira, claro que lo hace. Me invita a pensar en la realidad…la realidad que no existe. Invento de cada uno, percepción individual, tan efímera como el momento, como el presente. El presente, me río….El presente tampoco existe, o si lo hace tiene vida corta, apenas nace agoniza y muere para hacerse pasado. Lo que eres es pasado en constante sobrevivencia, en permanente rasguño por ese futuro…que tampoco existe.

La realidad, ridícula eres pobre realidad. Relativa a los ojos de quien la vive, de quien la ve, de quien la toca, de quien la huele. ¿Qué eres entonces? ¿De qué estás hecha realidad? De apenas segundos, de miradas, de sentidos, de experiencias…no existes ¿y pensar que por ti inventamos amores y guerras?

El pájaro de lata apaga motores. El viaje llega a su fin y esta realidad también. Piso tierra con un suspiro profundo, un pensamiento oscuro, una reflexión confundida, la frente en alto y la sonrisa siempre dispuesta.

Hago la señal de la cruz, demasiado que agradecer. Estoy en casa.

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Un comentario en “A la sombra de la realidad y a la luz de la fantasía

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