Desde este otro lado de la ventana


14, 15…en el mejor de los casos 16 años. La niña, su cuerpo, su pelo,  su rostro hablaban de un inframundo tan mundo como en el que los demás también sobrevivimos desde este otro lado de la ventana.

Vestía unos andrajos y traía otro atado a su cintura. Sentada se movía, nerviosa, se retorcía en el borde de una jardinera, debajo de un motacú cansado por el peso de sus frutos en racimo.

Su cabello suelto y sucio había perdido la fuerza del negro azabache que por ley natural es tan intenso. La mujer no mostraba ninguna belleza posible, era puro sufrimiento, angustia, abandono.

Mientras hablaba sobre la relación competencias y  mundo de trabajo y les explicaba a mis estudiantes que un currículo por competencias se propone formar profesionales íntegros capaces de transformar la realidad, escuchaba el retumbar de mis palabras y sentía que el discurso se agotaba ante lo que era la verdad de la realidad. Sí, me quedé mirando a la mujer mientras pronunciaba palabras…Ay los discursos, las teorías, los propósitos, los criterios…cuando la realidad es tan lejana, tan cruda, tan eso, real.

Repetía lo que sabía mientras miraba lo que no sabía.

“Niña con niña”, dije mientras  mis ojos  impresionaban  todo mi ser.

“Vive acá abajo a orillas del río”, respondió una estudiante que sin verla, sabía qué miraba y a qué me refería. La niña grande, la de los trapos y el cabello negro desteñido por su pobre vida, tenía envuelto en esa tela a un bebé.

Alguien que me diga cuál es el futuro de ese crío, pensé en voz alta. El eco de mi voz hace unos segundos decía que había que mejorar la educación para cambiar la realidad, y de pronto, esa niña con su niño me enseñaban lo ilusa que soy, lo asquerosamente urbana de mi mirada, lo ciegos que son mis ojos acostumbrados a mirar la nada…era nada, es nada; todo lo que existe estaba en ese cuerpo violado antes de tiempo…¿cuándo es tiempo? pienso y me sonrío y quiero llorar. Por estos lados, ese tiempo existe y es demasiado antes, tanto como para perderse en los años de esas niñas a las que la ignorancia, la fuerza y el instinto animal las ha convertido en una especie de mujeres.

Con seguridad el bebé era mayor de lo que parecía. ¿Acaso parecía siquiera? Parecía no tener vida, era delgado, demasiado; su piel ploma y no se movía. Quizá estaba muerto, quizá ya no servía por culpa del uso de esa costumbre de montarse sobre un cuerpo virgen y poseerlo hasta engendrar el pecado con olor a castigo eterno.

Todos los niños vienen con su marraqueta bajo el brazo. ¡Pero qué estupidez inaceptable! Ese pobre jamás llegará a probar un pan. No alcanzará siquiera a conocer su aroma.

Esos son los ojos urbanos de docentes que enseñan alguna teoría de moda pasada; ese es el pensamiento de adultos nacidos en la pulcritud de una cama de hospital; ese es el discurso bochornoso del político que se atraganta todas las mañanas con su promesas  y por las noches no encuentra  remedio para calmar el malestar de su estómago ulcerado por el ácido de sus mentiras.

Todo fluye en la creencia, en la ilusión de un mundo mejor, en la palabra…creencias, solo eso; ilusiones,  de esas vivimos los hombres; palabras, huecos ruidosos más crueles que el silencio del sonido que al menos es algo, silencio.

Y la vida, si es vida, está ahí, se mira a través de la ventana, un paño de vidrio frío y transparente que separa dos mundos, dos realidades, dos circunstancias. Un abismo.

Quizá nunca más los vuelva  a ver…nunca los olvidaré.

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11 comentarios en “Desde este otro lado de la ventana

  1. Eduardo Chumacero

    Excelente tu relato, como siempre. Y en cuanto al problema que planteas, pues no la situación no cambiará mientras la educación perrmanezca alejada de esa cruda realidad. El problema, como dices, no es solo de los educadores, sino de todos en general, todos somos responsables y cada quien debería asumir su parte, pero parece que cada cual va a defender sólo su situación, comenzando por el gobierno que no quiere ver lo que está sucediendo y hace apología de los logros materiales (computadoras, edificios, tecnología, bonos), pero no se pone a hacer una evaluación de la pertinencia de lo que se quiere lograr.
    Eduardo

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    1. Eduardo, como dices, pertinencia y pertenencia, porque es evidente que la niña debajo del motacú no sospecha siquiera que alguien la mira desde el otro lado; es decir, seguro siente que la escuela no es para ella, y ciertamente no lo es. Como van las cosas, la educación seguirá siendo cosa extraña para ella y los suyos: la escuela tiene que cambiar y no pretender ser un molde que trabaja con materia prima de similares características. debe despojarse de creencias y procedimientos tradicionales para acomodarse a, por ejemplo, la niña esa a quien una computadora, un edificio e incluso un bono, le sirven bien poco por no decir nada. ¿Educación para la vida? su vida, no la que unos educadores encaramados en el poder creen que es su vida.

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  2. Esta es una dura realidad que los educadores desde el lugar que ocupan deberian cambias, muchas veces decimos basta de violencia contra las mujeres, las niñas, pero ese tema nunca se podra acabar si no cambiamos de mentalidad si no atacamos al problema estructural que empieza desde la casa, la escuela, la universidad, el trabajo, etc.
    Es bueno observar la tristeza de una vida sin empezar de niñas como la que relatas, pero es mas triste no poder hacer nada y solo ser un espectador. Estos espectadores estan en todos los medios, tanto en el ambito educacional, social y sobre todo politica y no escapa la sociedad en la que vivimos, permisiva, pasiva, donde los mas pudientes siempre tratan de humillar al que menos educacion tiene. Sin embargo muy interesante el relato, sobre todo muy real!!

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    1. Gracias Tere, pero yo creo que en esto todos, educadores y no educadores tenemos responsabilidad; sobre todo cuando emitimos un voto para favorecer a un candidato que más tarde será nuestra autoridad y nos gobernará, ahí radica nuestra mayor responsabilidad, no lo crees. Ojalá solo dependiera de los educadores, ya habríamos cambiado el orden de cosas, pero nada en la vida actúa solo y la educación es un complejo que depende de la sociedad y del Estado/Gobierno para poder ser efectiva. Un cariño.

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      1. Estimada Monica, Tus relatos, siempre reflejan una realidad que la tenemos en nuestro frente y la sociedad no la quiere ver, al decir estructural no solo pienso en politicos de todos los niveles que tienen rayada la vision sobre lo que significa una mujer en toda la extension de la palabra. La pureza de la niñez en muchas regiones de nuestro pais (el oriente por ejemplo) que segun la vision machista, pasados los 20 ya estan para los collas. Esas tendencias se debe cambiar y eso solo vamos a lograr inculcando desde los cimientos de toda sociedad, como es el hogar, la casa. Y si es correcta tu afirmacion al decir que si dependiera de los educadores este orden de cosas ya habria cambiado, pero tambien me pregunto, la calidad actual de educadores que tenemos tendra esa capacidad??? no desmerezco a exelentes educadores, pero como tambien hay buenos , los hay los mediocres que no hacen de su trabajo una verdadera mision.
        Eres una exelente visionaria, sigue adelante, mi respeto y admiracion hacia ti, como persona y como profesional!!

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      2. Querida Tere…me has hecho una pregunta muy difícil. Mira, no se puede entender la acción docente sin comprender que ésta depende en gran medida (casi toda la medida) de las políticas educativas de las cuales se desprenderá un currículo. Es decir, se “enseña” lo que se debe enseñar. En este sentido, la responsabilidad no pasa tanto por la calidad del docente o maestro, sino por la calidad de esa educación (propósitos educativos, sustentos del currículo, metodologías, evaluación, etc.). No es que me esté yendo por las ramas para evitar decir que nuestros maestros no son capaces de hacerlo. No creo que exista ni un solo maestro en el mundo que no desee realmente transformar la realidad, su formación y capacitación responde a una responsabilidad individual pero sobre todo a una obligación del Estado que debe ser incansable en ese propósito. La pregunta debería ser ¿es nuestro sistema educativo capaz de transformar esa realidad? esto pasa por cuestionarse sobre el rol de la educación…educación para qué? qué tipo de educación? y bueno tantas preguntas que ahora más que nunca inquietan mi mente…..gracias por estar interesada en esta temática y por tus conceptos, un cariño.

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  3. Jose

    Muy bueno, excelente relato de la contradicción de la cultura con la realidad y de la imposibilidad de las revoluciones.
    Yo vivi en un país donde esos chicos estaban en extinción, pero ese país ha desaparecido también.
    Nada que no sea la sociedad organizada podrá cambiar la tendencia.

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      1. Jose

        Argentina era un país en que la pobreza estaba en retroceso hasta hace unos veinte años, luego cambió la tendencia.
        En cuanto a la organización de la sociedad, los gobiernos solamente reaccionan cuando la sociedad les pone un estate quieto con manifestaciones claras y contundentes, de lo contrario continuaran fabricando pobres, que es su negocio, porque luego les dan ayudas que los mantienen pobres pero agradecidos.

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      2. La pobreza seguirá siendo un buen negocio mientras la sociedad civil no haga respetar sus derechos, el de la educación en primer orden que es el portador de crítica, insatisfacciones, rechazo al abuso de poder, a la mentira, y a otras costumbres poco sanas pero bastante frecuentes en quienes nos gobiernan.

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