Vivir en un eterno pedo


Woman Holds Her NoseSalir de casa hacia el colegio es estresante, pero lo ocurrido la otra mañana hizo de esta rutina algo sobrecogedor…y estresante. 

Nos subimos al pequeño automóvil blanco mis tres hijos y yo, y de pronto: Mmmm….!mierda!  ¿Quién se tiró un pedo?, preguntó mi hijo mayor que apenas alcanzó a hacer la pregunta tuvo que salir apresurado del auto pensando que la arcada acabaría hecha materia. Mis hijitos no son melindrosos debe ser porque tienen la sana costumbre de cuando se les cae algo de comer  al suelo -por ejemplo-  lo recogen, le echan un soplido y se lo meten a la boca (y no me miren a mí que nada tengo que ver con esa malacrianza); pero esta vez había que ver la cara de los chicos, era de arrebato, de confusión, de terror y de asco. Y la mía de desconcierto total.

A la pregunta ¿quién se tiró un pedo?  la respuesta inmediata y disculpadora. “Yo no”, dijo el del medio;  “yo tampoco”, dijo el menor, solo quedaba yo que tuve que decir la verdad: “yo menos”. Nadie se había tirado el pedo o para ser más elegantes el gas (qué cursi ¡gas!)…pedo nomás en casa, puff entre amigas fifilonas; una mirada de locos entre extraños.

Yo comencé a buscar de dónde provenía ese terrible y nauseabundo olor a mierda. ¡No! era un olor como envasado, aprisionado, como muy poderoso como para estar pegado en la suela de algún zapato distraído. Era algo…tétrico, espantoso, feroz.

De pronto me iluminé y me acordé. Hacía 20 minutos había llegado de dejar a mi marido en el aeropuerto internacional Jorge Wilsterman. Era una madrugada muy fría y se puso más gélida al volver a casa sin él. Mantuve las ventanas cerradas hasta que los chicos se subieron al auto y casi mueren creyendo que su madre había ingerido algo poco recomendable.

Me había traído el olor del aeropuerto y sus entornos. ¡Qué cosa bárbara!

Estoy atravesando unas turbulencias un poco molestosas, dicen que hay sur en Santa Cruz y el cielo se ve con muchas nubes. Como de costumbre aprovecho para escribir algo que me saque del nerviosismo y me transporte a una situación mejor, aunque lo del pedo no fue nada mejor. Hay una azafata de unos 45 años  muy amable y eso es agradable en un país en el que la gente no suele serlo tanto. Pero esa señora sí lo es  y por eso lo apunto.

El caballero que está a mi lado cree que estoy loca…me río sola mientras escribo esto, ¿quién no lo creería?

Hace poco más de una hora cuando llegábamos al aeropuerto, me acordé del pedo y las arcadas de mi wawa mayor y la desconfianza de la que fui sujeto.  Le comenté a mi marido lo que nos había pasado y claro, puteó de tristeza…¿hasta cuándo será que esto huela  así, se preguntó.

Ya tienes un temita para tu blog, acotó.  “Olores irrespirables”, me sugirió como título….neeee, nadie me leerá marido, tiene que ser algo atrevido, le respondí.  Como el de los típicos pelotudos de la otra vez, o el del calzoncillo amarillo, o lo del matrimonio en pijama o el del sillón y el amante…a lo que el esposo se puso serio, muy serio y así continuamos  la marcha hacia la terminal del aeropuerto y llegamos al mostrador de BOA…bien perfumados a pedo.

Chequeamos, subimos y el amoroso susodicho me dijo, y si le pones de título ¿quién desayunó huevo? A lo que nos miramos y nos soltamos en carcajadas (qué lindo es reír con tu pareja de cosas tan absurdas como estas).

Ahora en serio (porque el asunto es muy serio,  ciertamente).

Desde que tengo uso de razón, será pues unos 35 años, que el aeropuerto y sus alrededores huelen a peste.  Quienes conocen Cochabamba saben de lo que hablo y no necesitan mayor descripción. Para quienes nunca han venido a esta tierra que, a pesar de todo, se deja querer y mucho, les puedo decir que justo, pero justo es en el aeropuerto  -lugar donde se da la bienvenida y la despedida a gente querida-  donde se acumulan todos los malos olores de la ciudad.

No toda huele así, ¡bendito Dios!

Es por estos sectores donde se encuentran las curtiembres de algunos empresarios millonarios que exportan cuero y dejan sus desechos en nuestra tierra y aire…ojalá exportaran todo, todito, ¡a ver quién les compra!

Nadie hasta ahora ha podido solucionar el tema, debe ser porque de por medio hay una danza de verdes que mantiene al  pobre pueblo sobreviviendo a una gran fetidez que no es nada benigna, es decir, si hay mal olor es por la presencia de partículas contaminantes.

¿Contaminación? Pobre gente la que vive las 24 horas del día y 365 días del año por esos lugares…¿se habrá acostumbrado que no dice nada?

El dicho “wawa que no llora no mama”, que más que dicho en Bolivia es ley, es frecuentemente utilizado en el país (una de las pocas leyes que se cumple al pie de la letra).  Si no haces protestas no pasa nada, si no sales a bloquear calles, te costuras los labios, te cuelgas como Cristo,  te sacas sangre o figuras huelgas de hambre de 30 días, no atienden tus demandas.

Al parecer lo que hace falta es que los vecinos al aeropuerto incluidos personal de tierra, pilotos y azafatas se organicen, constituyan su sindicato y planifiquen una estrategia de protesta cuyo pliego petitorio diga: “demandamos respirar limpio, para vivir como gente, algo así como vivir bien”.  Una idea, podrían hacer que unas cuantas vacas en cueros encabecen la marcha hacia la Plaza y se queden rumiando, cagando y mugiendo todo el día en las puertas de las oficinas del Novillo y el Cholango.

El tema es que la zona del aeropuerto huele a huevo procesado, a mierda, a explosivo retenido, a caca de borracho…y a todo eso junto; huele realmente mal y ya está bueno que alguien solucione ese desastre ambiental porque nadie merece vivir en un eterno pedo.

Mientras tanto, a brindar por el aguante ¡Salud!

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2 comentarios en “Vivir en un eterno pedo

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