La responsabilidad de ser boliviano


bandera[1]Es feriado, 6 de agosto. Los chicos no van al colegio, en teoría no hay prisa, en la práctica es un día más en el que el desvelo apura mi noche y agita mi existencia.  Aún está oscuro, podrían ser las tres de la mañana pero según el reloj del sur son las seis; en minutos más el cielo despertará. Algunos petardos se escuchan lejos, !viva Bolivia! quieren decir con su barullo.

Hace algunos años escuchamos hablar de las dos Bolivias; si mal no recuerdo fue el Mallku, Felipe Quispe quien la pronunció…sí, Felipe, el líder campesino que tiene a sus hijos estudiando en el extranjero.

En estos días y luego de leer a Ingenieros, hombre naturalizado argentino, me puse a releer a Arguedas y la que con seguridad es su obra más detestable por la mitad más uno de los bolivianos. Él, como Tamayo y casi todos los de la época, amó a su modo a Bolivia y gozó de Paris como todos los demás. Luego cuestionaría también la facilidad con la que los nacionales nos criticamos y ansiamos, al mismo tiempo,  escenarios europeos o gringos.

No deja de ser interesante leer la obra bárbara de Pueblo Enfermo. Digo bárbara para quedar bien con los radicales cuando bien podría decir que es un texto que en algunos aspectos nos sigue representando, eso, claro, me traería problemas porque finalmente, en el actual contexto  al igual que en cualquiera anterior, todo representa un problema.

Medinaceli siempre decía que a los bolivianos no nos gusta decirnos la verdad….¿y a quién no le gusta cuando ésta viene en forma de espejo?  “En la lógica de la humanidad, nos creemos la mentira y nadie aguanta la verdad”,  dice Calle 13…y dale con El Aguante, pasa que la letra es un himno a la estupidez humana.

Vuelvo a las dos Bolivias.

Les decía a unos colegas docentes en Cobija que sería oportuno que analizaran el potencial del aula. Este, por la clase, es el espacio en el que se debe reflexionar y discutir el presente y el futuro, aquellos asuntos fundamentales de nuestra vida.  Cobija, por ejemplo,  está  “administrada” por gente del interior: educación, policía, comercio, hotelería, instituciones públicas están al mando de paceños, cochabambinos, chuquisaqueños, potosinos y orureños.  Los pandinos están cansados, dicen algunos, de que así sea. Esa situación nos habla de una de las Bolivias, la postergada, la olvidada, la sin Estado, la pobre sin serlo. ¿Hasta cuándo?

¿El potencial del aula? Anoche aún,  la avenida Circunvalación estaba llena de basura. Hace dos días se llevó a cabo el desfile cívico escolar del Distrito 9. Todos los establecimientos educativos de la zona participaron del acto y una vez acabado, quedó la basura, la mugre, hay que ver la cantidad de papeles, bolsas con bombillas sobresaliendo, botellas plásticas y cáscaras de naranja regadas por el suelo. ¡Es algo increíble!

He escuchado decir en los medios de comunicación que esto de los desfiles “refuerza el espíritu cívico”. ¡A la mierda! les digo. Civismo es meterse la basura al bolsillo, compadres. Civismo es respetar hasta el empute las reglas de tránsito y las normas en general. Civismo es cuidar las jardineras aunque estén pintadas de azul, negro y blanco; los parques y las luminarias aunque lleven la foto del Evo y del Cholango juntos. Civismo es no mearse ni cagarse en la calle. Civismo es saludar a la gente mayor como se merece. Civismo es vivir en la certeza de que todos los días se hace algo por el país.

Entonces tenemos niños muy bien uniformados y con los zapatos negros hechos una luz, portando banderitas de Bolivia, niños y niñas cuidadosamente peinados que a su paso van dejando una mugre la calle porque sus padres y maestros hacen lo mismo.  ¿De qué sirve la escuela  si no enseña lo verdaderamente útil?  Útil será formar ciudadanos educados en toda la extensión de la palabra, no esos  fanfarrones que asisten a los desfiles cívicos y cuando grandes a las marchas de protesta sin saber por qué lo hacen y además de ese atrevimiento, tienen la osadía de dejar las calles convertidas en basurales.

Esa es una cuestión de aula…porque claro, en casa lamentablemente no lo enseñan. Será, sin duda, un proceso en el que debamos insistir los educadores.

Hablando de proceso, el otro día constaté cuán maravillosa puede ser la educación. Mi hijo mayor que hace poco ha descubierto sus tríceps, bíceps, aletas, pectorales y no sé qué musculitos más que anda haciéndolos crecer a punta de gimnasio y pesas, lucía orgulloso sus avances  a lo que mi querido suegro que se ha criado en el campo y que hoy hace gala de sus  85 años, le dijo que la mejor forma de sacar brazo es hacheando y que debería ir “a la propiedad” (que ya no es propiedad)  a hachear.  Mi hijo de 9 comentó que eso estaría muy mal porque sería un atentado contra el medio ambiente. Dos visiones marcadas por el paso del tiempo y un proceso de aprendizaje acelerado por el reclamo de la naturaleza. O acaso, solamente y una vez más ¿reflejo de esas dos Bolivias?

Así como hemos crecido en muchos aspectos, nos hemos quedado en otros, incluso hasta involucionado. En mi época, le dije ayer nomás a mi hijo del medio, cuando íbamos a la casa de un compañerito, nos acercábamos a sus papás para saludarlos y luego para agradecerles efusivamente y despedirnos eufóricamente, además del tío de rigor.  Creo que éramos muy protocolares y cariñosos.  Hoy los chicos, entran a tu casa y lo máximo que puedes esperar es un hola. Ni te percatas de cuándo se han ido…lo hacen en el más malagradecido silencio.

¡Ay carajo que uno de ustedes me haga eso en casa ajena!,  les advierto hasta el cansancio a mis tres potenciales malcriados. Es, según mi visión, consecuencia de la falta de “procesamiento” de las dos Bolivias.

El odiado y amado Arguedas habla demasiado del alcohol…Tamayo también lo hace, claro, desde la acera contraria. La afición por el alcohol es algo que,  por ejemplo, no ha cambiado y se constituye en uno de nuestros peores males.

Miro el reloj, son las siete y el cielo ha cambiado de color.  A esta hora y considerando que ayer martes se hizo horario contínuo, que hoy es feriado, y que es un buen pretexto para echarse unos alcoholes, debe haber un triste espectáculo en las calles, tanto del norte como del sur porque en términos chupísticos, las dos Bolivias se hacen una sola.

El trago en Bolivia ha inspirado a todos y el otro día estuvo a punto de convocarme al teclado cuando llegué al gimnasio a las ocho y la licorería vecina impedía que los ociosos como yo, parqueáramos nuestro automóvil en casi la mitad de la cuadra. La licorería en cuestión coloca en la calle todas las noches y durante todo el día, cinco obstáculos que prohíben estacionar. Esto es el colmo del abuso del alcohol y de un poder que no tienen los dueños del local….lo peor, sin embargo, es que nadie dice ni hace nada. Los que tenemos  necesidad de estacionar terminamos  por hacer mil maniobras para meternos entre palo y palo; algún emputado, se baja, retira el palo y se parquea. Me pregunto si en otros países, no le hubiera llegado la multa al dueño de la licorería por creerse el dueño de la mitad de la cuadra y joder a los demás. O será nomás que el dueño de la licorería tiene el permiso de la municipalidad para ser el dueño legal de la mitad de la cuadra. Si así fuera, podríamos decir con seguridad que ése, ése, es el poder del alcohol en Bolivia.

¡Cuántos quieren irse creyendo que París es mejor! ¡Cuántos quieren volver convencidos de que en Bolivia se vive mejor! Y sí, vivimos bien  algunos, otros no porque ésta sigue siendo la dos Bolivias. La de los abusivos y la de los sumisos; la muy utilizada a convenio y conveniencia y la olvidada…en fin, son muchas y crueles las diferencias que podemos hallar en este pedazo extenso y maravilloso de territorio.

Cada vez que me subo a un avión y miro mi Bolivia desde el cielo, me lleno de un sentimiento de ternura. Hay tanto por hacer, por aprender, por trabajar, por enseñar, por mostrar, por decir, por escribir que lo que menos debemos hacer es callar…nunca callar amigos porque depende de cada uno de nosotros hacer que todos tengamos las mismas oportunidades y ventajas, depende de nosotros que todos gocemos de la misma Bolivia.

No podemos seguir viviendo en dos Bolivias, ni en 36. Una sola, la amable, la educada, la trabajadora, la de la sonrisa, la del gracias, la del respeto, la de la mano extendida, la de la palabra honesta, la del acto transparente. Esa es la Bolivia por la que nos toca trabajar.

¡Viva Bolivia carajo!

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2 comentarios en “La responsabilidad de ser boliviano

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