Plenitud, preludio de canas


plenitud[1]La vida resulta demasiado corta para la intensidad con la que quieres vivirla.

Acabo de pasar al grupo de los descuentos considerando que me predispongo a vivir ocho décadas.

La mitad más uno ya se fue y casi no caigo en cuenta. Los 41 se están por ir, pero es ahora que comienzo a disfrutar de esta vida y a disfrutarme a mí misma. Ahora recién tengo el tiempo para mirarme, para pensarme; me redescubro, me redescubren y confundo y no me molesta, lo peor, no me molesta (sonrío).

(Pienso) Fui nada, me hicieron, me moldearon, me enseñaron, no sé lo que aprendí y me rebelé; luego pretendí enseñar, formar; hasta que creí responder, cumplir.

Es recién ahora que me detengo en una velocidad menos apresurada, calma pero intensa, con el movimiento y ritmos perfectos; más cómoda aunque no sé si más segura.

Aquí estoy detenida en una estación que me permite acariciar mi otro yo: esa mitad complementaria que llega para quedarse y gustarme.

Se disputan mi atención y reclaman. Y yo, en la naturalidad del caso, digo “mucho gusto, esa soy yo, estaba esperando el momento para ser”; entonces, me gusta y me gusto…pero no sé si gusto. Te desconocen, eso sí no cabe a duda.

Y en este que es tu mejor momento piensas y te cuestionas ¿diez, tal vez veinte, treinta, algo más, cuántos años más? La maldita incertidumbre que no sabes siquiera si es o no.

Más allá no quiero ir, me costó tanto llegar a descubrir esta plenitud, extraordinaria plenitud que te hace reír hasta llorar, que te enseña a banalizar lo superficial, a complejizar lo fundamental, a comprender lo esencial, a amar lo que se deja amar…amar lo que se deja amar…qué sencillo. A ese más allá en el que tu cabeza no solo se viste de blanco, sino de miedos y rabias, de desconocimientos y olvidos, de tristeza y soledad.

No quiero moverme de donde estoy, no quiero que acabe ni que desaparezca ni siquiera que juegue a las escondidas…quiero gozarlo en su máxima plenitud…pero, ¿cuánto más?

Preludio de Canas, la decadencia hecha crueldad y fin.

 (Cambio e involuciono)

thumbs-php[1]Todos los capítulos de El Hombre Mediocre de José Ingenieros son para temer. Teme más el que se niega a verse a sí mismo para de pronto reconocerse en las palabras de José, José, José  que para nada fue Ingeniero, filósofo de la vida y del hombre, sí.

El Capítulo VI comienza con Las Canas, terrible descripción del hombre adulto mayor presa, !no! víctima de esa madurez que ha poblado su cabeza también de canas, cabellos blancos que suelen ser sensuales cuando son pocas, patéticas cuando abundan, desastrosas cuando se caen y desaparecen porque con ellas cae el hombre mismo.

Para pensar o no pensar… ¿Qué será mejor? ¿Conciencia o inconciencia si de todas formas estaremos ausentes cuando llegue el momento?

Aquí va.

“Encanecer es una cosa muy triste porque las canas son un mensaje de la naturaleza que nos advierte la proximidad del crepúsculo. Las canas son lo más visible”, pero qué pasa con el corazón y el cerebro, se pregunta Ingenieros.

“Ser viejo es desconsolador porque el viejo es mediocre, con rara excepción”. La muerte, esto sí es la muerte, o al menos lo más parecido, pienso.

“La máxima desdicha de un hombre superior es sobrevivirse a sí mismo…cuántos se suicidarían si pudieran advertir ese pasaje terrible del hombre que piensa al hombre que vegeta, que empuja al que es arrastrado, del que ara surcos nuevos al que se esclaviza en las huellas de la rutina. Vejez y mediocridad suelen ser desdichas paralelas”.

“…si la muerte se empeña en no venir, los genios tórnanse extraños a sí mismos, supervivencia que los lleva hasta no comprender su propia obra. Les sucede como a un astrónomo que perdiera su telescopio y acabara por dudar de sus anteriores descubrimientos, al verse imposibilitado para confirmarlos a simple vista”.

“La decadencia del hombre que envejece está representada por una regresión sistemática de la intelectualidad. Al principio, la vejez mediocriza a todo hombre superior, más tarde, la decrepitud inferioriza al viejo mediocre”.

“…la personalidad humana es una formación continua, no una entidad fija; se organiza y desorganiza, evoluciona e involuciona, crece y se amengua, se intensifica y se agota…”

¿Síntomas? Estos son algunos que plantea Ingenieros.

El cuerpo y los deseos:

“Cuando el cuerpo se niega a servir todas nuestras intenciones y deseos o cuando estos son medidos en previsión de fracasos posibles podemos afirmar que ha comenzado la vejez. Detenerse a meditar una intención noble es matarla…”

El ahorro utilitario:

“La rutina es  el estigma mental de la vejez; el ahorro es su estigma social. El hombre envejece cuando el cálculo utilitario reemplaza a la alegría juvenil. Quien se pone a mirar si lo que tiene le bastará para todo su porvenir posible, ya no es joven; cuando opina que es preferible tener demás a tener menos, esta viejo: cuando su afán de poseer excede su posibilidad de vivir está moralmente decrépito”.

La avaricia:

“Las canas son avaras y la avaricia es un árbol estéril: la humanidad perecería si tuviese que alimentarse de sus frutos…esa pasión de coleccionar bienes que no se disfrutan se acrecienta con los años…el que es maniestrecho en la juventud llega hasta asesinar por dinero en la vejez. La avaricia seca el corazón, lo cierra a la fe, al amor, a la esperanza, al ideal….es más miserable cuanto más tiene; para soterrar talegas que no disfruta, renuncia a la dignidad o al bienestar…”

Y continúa con Etapas de la decadencia.

¿Qué es la vejez y cuándo llega?

El individuo ignora su propio crepúsculo; ningún viejo admite que su inteligencia haya disminuido.

La longevidad mental es un accidente, no es la regla

La vejez es cuestión de decisión, de forma de vida, de actitud, le pregunto a Ingenieros, y me responde:

“la vejez inequívoca es la que pone más arrugas en el espíritu que en la frente. La juventud no es simple cuestión de estado civil y puede sobrevivir a alguna cana: es un don de vida intensa, expresiva y optimista. Muchos adolescentes no lo tienen y algunos viejos desbordan de él. Hay hombres que nunca han sido jóvenes;  en sus corazones, prematuramente agostados, no encontraron calor las opiniones extremas ni aliento las exageraciones románticas. En ellos, la única precocidad es la vejez. Hay, en cambio, espíritus de excepción que guardan algunos originalidades hasta sus años últimos, envejecidos  tardíamente. Pero, en unos antes y en otros después, despacio o de prisa, el tiempo consuma su obra y transforma nuestras ideas, sentimientos, pasiones, energías”.

“El proceso de involución intelectual sigue el mismo curso que el de su organización, pero invertido. Primero desaparece la mentalidad individual, más tarde la mentalidad social, y or último, la mentalidad de la especie”

“…el anciano se inferioriza, vuelve poco a poco a su primitiva mentalidad infantil, conservando las adquisiciones más antiguas de su personalidad que son las mejores consolidadas. Es notorio que la infancia y la senectud se tocan”.

“El hombre superior deja de serlo, se nivela. Sus ideas propias, organizadas en el periodo del perfeccionamiento tienden a ser reemplazadas por ideas comunes o inferiores”.

“…Leemos la segunda parte de Fausto por respeto al autor de la primera no podemos salir de ello sin recordar que nunca segundas partes fueron buenas, adagio inapelable si la primera fue obra de juventud y la segunda es fruto de la vejez”.

Y luego de citar la decrepitud de Kant, Spencer, Virchow, Lombroso y Tolstoy, Ingenieros reflexiona sobre la Psicología de la vejez.

“A medida que envejece, tórnase el hombre infantil, tanto por su ineptitud creadora como por su achacamiento moral. Al periodo expansivo sucede el de concentración; la incapacidad para el asalto perfecciona la defensa. La insensibilidad física se acompaña de analgesia moral; en vez de participar del dolor ajeno, el viejo acaba por no sentir no el propio; la ansiedad de prolongar su vida parece advertirle que una fuerte emoción puede gastar energía y se endurece contra el dolor como la tortuga se retrae debajo de su caparazón cuando presiente un peligro. Así llega a sentir un odio oculto por todas las fuerzas vivas que crecen y avanzan, un sordo rencor contra todas las primaveras”.

“La psicología de la vejez denuncia ideas obsesivas absorbentes. Todo viejo cree que los jóvenes le desprecian y desean su muerte para suplantarle. Traduce tal manía por hostilidad a la juventud considerándola muy inferior a la de su tiempo, juicio que extiende a las nuevas costumbres cuando ya no puede adaptarse a ellas”.

“La edad atenúa o anula el celo, el ardor, aptitud para crear, descubrir o simplemente saborear el arte, para tener la curiosidad despierta….Señalemos también, con la vejez, la hostilidad decidida contra las innovaciones: nuevas formas artísticas, nuevos descubrimientos, nuevas formas de plantear o tratar problemas científicos”.

“No tienen la capacidad de emoción ni pasión por la modorra de su vida afectiva, se diluyen los sentimientos superiores como los altruistas y los egoaltruistas, perdurando hasta el fin los egoístas”.

Acaba por explicar el fenómeno de la Regresión de la memoria senil…recordar lo mejor de nuestras vidas, cuando fuimos jóvenes, cuando nuestro cerebro gozaba de la mejor y mayor plasticidad….triste.

Plenitud, vivamos a plenitud, lo demás será historia de otro cuento, uno para no contar ni recordar.

 

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