El “sí” plurinacional…porque sí. En Cobija, se celebró el “Matrimonio Colectivo desde la Amazonia para descolonizar el Estado desde el Estado”.


DSC_3595Espero en el sofá de terciopelo rojo de la Dirección de Postgrado de la Universidad Amazónica de Pando. Mientras intentan distraerme con un café tinto y me preguntan si lo deseo con azúcar, la secretaria comenta que una de sus colegas de apellido Huanca se va a casar el sábado.

“Y no nos ha invitado”, alguien reclama.- “No, si el matrimonio es colectivo allá en el parque Piñata”, explica y justifica la informante.

Inmediatamente una cascada de preguntas inunda la habitación. Me sonrío. Tengo algo interesante para El blog de la Molmitos.

“Álvaro ven, nos casamos el sábado; trae la cámara fotográfica”, dice el mensaje de texto (vaya forma de pedir matrimonio) que le envío a mi esposo. La idea también le entusiasma; se pone en campaña para comprar los pasajes pero le informan que en una semana el precio de los boletos de la ruta Cochabamba – Cobija en todas las líneas aéreas se ha incrementado en más del cincuenta por ciento argumentando que los vecinos brasileros se encuentran de vacaciones.
No nos casaremos por el Estado Plurinacional, resulta muy costoso hacerlo, tampoco será posible contar con la cámara profesional. No puede ser.
Si hay algo que el nuevo Estado no ha podido y no podrá cambiar son las leyes del mercado que a la hora de regular la oferta y la demanda ningún caso hace a los complejos socialistas de algún funcionario con economía emergente.
Viernes 4. Los bancos y financieras han amanecido con las puertas cerradas y contar con dinero no está en la expectativa de los mortales que con cara de desesperación, nos damos media vuelta al encontrar las cortinas de metal aseguradas con grandes candados a cada lado. Quizá los suboficiales amotinados sean los únicos que puedan conseguir algo de plata si sus demandas postergadas por fin son atendidas.
No me casaré, no llegará la cámara y ando con los centavos a las justas. Quizá sea oportuno rezarle a la virgen de Urkupiña -recién llegada a Cobija- para que el conflicto policial se solucione y el sábado mis bolsillos puedan mejorar su autoestima.

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Publicidad instalada en una transitada calle del centro de Cobija

Un pasacalle detiene mi curiosidad. Saco el mini xperia HD, me acerco lo más posible y le tomo un par de fotos; no quiero olvidar la información que dice “Matrimonios colectivos desde nuestra identidad en la Amazonía 2014 para descolonizar el Estado desde el Estado; descolonización y modelos de hogar”.
En Cobija todos conocen los pormenores de la celebración cosa que no quiere decir que la comprendan; es segunda vez que se va a llevar a cabo en esta ciudad capital que quizá sea –por sus actuales características migratorias- una de las más propicias del país para festejar la unión del matrimonio desde la identidad plurinacional y hasta transnacional incluso.

Sábado 5, siete de la noche. “Feliz matrimonio Lic. Mónica” dice la última diapositiva del sexto grupo en exponer. Se me escapa una carcajada. Mis estudiantes creen que aún me caso, desconocen que el novio no llegó por culpa de las vacaciones de los bullangueros vecinos.

Me trepo en una moto y me agarro bien de lo que encuentro (nadie dudaría que soy del interior). Agradezco la brisa fresca que reanima mi acalorado cuerpo que ante los 38 grados de temperatura, pide perdón por todos los pecados cometidos y por cometer.

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Uno de los monumentos típicos de la amazonia boliviana que luce su belleza en el parque Piñata

En cuestión de cinco minutos el mototaxista me ha transportado en línea recta por la 9 de febrero al parque Piñata, espacio público engalanado con estatuas, monumentos, jardines, un coliseo y un arcoíris que -dependiendo del estado de ánimo y la imaginación del visitante y estante- tiene uno u otro significado.

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El arcoíris, símbolo del parque Piñata

La gente ha comenzado a llegar. Algunos aguardan el acto sentados en las graderías de madera acomodadas en el parque central formando un rectángulo humano que atestiguará la unión de un poco más de 85 parejas plurinacionales.

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Familiares y curiosos aguardan la entrada de los novios en las graderías

En uno de los costados, funcionarios de la Alcaldía y del Gobierno Autónomo del departamento, han armado una gran tarima decorada con hojas de palma y flores tropicales. Casi una decena de sillas blancas de plástico reserva la presencia de los invitados especiales.

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El palco oficial donde se aprecian las gigantografías del evento

De fondo de escenario, una gigantografía del gobierno central anuncia el auspicio del evento y abajo, en los pies, otro letrero enorme destaca la participación del cacique Tacana Arapo y del líder indígena guaraní Apiaguayqui Tumpa.

El olor a pipocas recién hechas, los vendedores de papas fritas, manzanas acarameladas y de algodón dulce, más un par de carruseles destartalados y algunos autitos a batería le dan el ambiente de fiesta popular urbana a una noche que, sin lugar a dudas, es la más importante en la vida de quienes esperan el enlace.

Busco a los novios y no los encuentro. Jóvenes con poleras blancas serigrafiadas con el rostro de Marcelo Quiroga Santa Cruz me señalan el camino. Sin preguntar ni esperar respuesta, llego al coliseo donde seguramente aguardan los valientes enamorados.

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La fila de aproximadamente 90 parejas aún en el coliseo

Varias decenas de parejas vestidas con trajes típicos de la región de donde son oriundos, son organizadas por el coordinador quien tiene en su poder la lista oficial de los novios. Llama a cada uno y los va acomodando en ese mismo orden.

Parejas jóvenes comparten la ilusión con otras que están más próximas al epílogo de sus vidas; al fin y al cabo, no hay edad para contraer matrimonio y por lo visto la procedencia y el credo no son argumentos que lo impidan.

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Dos parejas que esperan ansiosas el momento del sí

Chapacos con benianas, paceñas con pandinos, potosinos con cochalas, de pronto dos parejas de benianos con benianas; lo plurinacional es algo que no se discute esta noche.

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La pareja feliz

Arminda Parisaca y Róger Averanga ambos oriundos de La Paz, hoy van a reconfirmar su unión, viven hace siete años en Cobija. Sus rostros no pueden borrar la emoción que los embarga.

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Gerardo y María, pareja de tierras bajas aguardan impacientes sellar su unión.

Gerardo Mariño, pandino y María Gema Nogales, beniana es otra de las parejas que esta noche está a punto de oficializar su unión. Lucen acicalados y predispuestos.

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Edgar Valdez y Marcia Juárez, 30 años de unión

Edgar Valdez y Marcía Juárez los dos de La Paz, conviven hace 30 años. Se han establecido en Cobija hace 15. “Estamos cumpliendo una obligación”, me confiesa Edgar y con ello revela que no fue necesario un documento para entregarle su vida y amor a doña María. Sus dos hijos, comparten su decisión y alegría.

La fila de novios plurinacionales está organizada; cada pareja se toma de las manos, ha llegado la hora y se aprestan a pasar por debajo del inmenso arco de colores, cruzar la avenida, ingresar al parque y hacer realidad su sueño.

Todo lo que diga puede ser usado en mi contra, pienso mientras escribo. Es complicado atreverse a juzgar este acto, no por lo que me puedan decir sino por el conflicto interno que éste generó en mí. Mujeres, mujeres…siempre existiendo entre el corazón y la razón; las hormonas y la neuronas.

Cuando leí el pasacalle me pregunté qué es esto que pretende reconfigurar el significado del matrimonio. Hoy me vengo a enterar que he sido recolonizada por un cura gaucho, ¡qué horror!

Cuando lo comenté con mis estudiantes del diplomado, tomé una postura casi radical: no faltó quien me explicó que el Estado plurinacional pretende con este tipo de actos reforzar el Estado al considerar que el matrimonio es el núcleo de la sociedad. Lo que el colega olvidaba es que para cualquier Estado la unión en pareja, el matrimonio, es la institución nucleadora por excelencia; hacía falta decirle que el matrimonio no es un invento del gobierno del proceso de cambio.

Tampoco faltó quien especuló indicando que había escuchado decir que el gobierno facilitaría la adquisición de viviendas populares a las parejas que se casaran en ese acto.
Poco a poco comenzaba a sentir las fibras políticas de un tejido hecho con hilos ideológicos y puntadas simbólicas; era el Estado plurinacional… ése que es motivo de burla y que es, incluso, subestimado por buena parte de intelectuales de derecha.

¿Sería este un acto con complejo de cortina de humo? Sería acaso otra genialidad del radical de Choquehuanca? ¿Se parecería al cuento de las arrugas de los ancianos, a la coca en reemplazo de la leche, al sexo de las piedras y al reloj del sur? Una Choquehuancada más? ¿O se trataría de una estrategia envolvente de nuestro Vice? ¿Acaso anécdota para el recuerdo, simbolismo intrascendente o parte de un borrón y cuenta nueva?

Cientos de preguntas pasaban por mi cabeza; cada una de ellas generaba un motivo más para leer lo que se puede decir era la realidad del matrimonio colectivo para descolonizar el Estado desde el Estado. Y ahí estaba, con mis ojos bien abiertos y mis orejas también. Recordando esos tiempos de reportera: con el celular que saca fotos de pésima calidad y el CPU portátil que llevo atado al cuello.

Cuando creí haber saciado mi expectativa, entré en conflicto existencial. Y por qué no, me dije. ¿Por qué no dar crédito a este acto si lo único que pretende es formalizar una unión? al fin y al cabo es un simbolismo más, tan simbólico como un acto católico, evangélico, musulmán o aymara…!viva el amor!, rematé.

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Parejas plurinacionales con trajes de ocasión posan para la cámara

Varios de los novios ya estaban casados por la religión católica pero, al parecer, nada perdían con este acto que no puede ser calificado ni por ellos ni por mí ni por nadie con un nombre específico. ¿Originario boliviano, plurinacional para vivir bien, desde nuestra creencia, una obligación con el Estado del cambio? ¿Qué nombre le podíamos poner?

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Colocando la lana que simboliza prosperidad y suerte

Quizá si miraba bien podía desenredar la madeja. La chola paceña que encabezaba la fila de novios tenía una…sí, una madeja debajo del brazo. Su esposo agarraba una botellita blanca con chisguete. Mientras la señora tomaba un pedazo de lana y se la amarraba en la muñeca a cada uno de los novios, el hombre los rociaba usando el spray.

¿Qué significa la lana? le pregunté a la señora paceña, “es para que no les falte plata, para que les vaya bien”, me respondió y continuó con su tarea.

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Otra pareja que recibe las felicitaciones por la boda

Amarraba sus muñecas, les daba un beso, un abrazo y felicitaba a los flamantes esposos.

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entregando los anillos de oro en señal de unión eterna

Una de las parejas rápidamente sacó un par de anillos de oro del saco, se lo entregó a la señora y ésta procedió a devolverlos en señal de unión.

A este acto, el del matrimonio, le precedió una serie de encendidos discursos. Discurseó el representante del gobernador, el representante de la alcaldesa, el representante del gobierno central y un militar.

Todos agradecieron, desde “sus adentros” contar con un maestro de ceremonias que engalanaba con buena retórica el transcurrir de la noche: “Una velada muy especial y que seguro será recordaba por aproximadamente 90 parejas, 90 familias que hoy forman parte del nuevo Estado Plurinacional…y así cambian sus vidas y se reencuentran con la madre tierra para vivir bien en un Estado descolonizado….”.

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la pareja de esposos aymaras encargada de oficiar el matrimonio de los novios

¿Casarse en un altar católico ante un sacerdote, con las manos sobre la biblia y toda la parafernalia era, en el fondo, mejor o peor, más o menos, que casarse ante la luna y las estrellas, con una lana en la muñeca y ante una señora de pollera y un marido que te baña con un spray que sólo él sabe que contiene?

¿Podía decir que era un invento, que estaba mal, que era peor de lo que yo hice?

¿Que era una barbaridad? ¿O debía abrir mi mente y aceptar que ese acto es tan genuino como el mío?
¿El matrimonio tiene una religión? ¿El amor tiene un dueño? ¿La fe tiene un Dios?

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parejas escuchando atentamente las palabras de circunstancia

La interculturalidad profesa el respeto de culturas en igualdad de condiciones. ¡Pero acabábamos de presenciar un acto liderado por una pareja aymara! ¿Eso se llama interculturalidad, eso se llama respeto por tu cultura y la mía? Puedo ser mojeño, sirionó, tacana, movima y dejar que un aymara oficie mi unión? ¿Será posible también al revés? Un guaraní casando a un aymara? Un quechua a un aymara? Claro, podría ser en el entendido de aquella interculturalidad de un Estado Plurinacional…pero claro, una cosa es lo que yo crea e imagine, otra muy distinta es la realidad.

DSC_3630Vaya, vaya, demasiadas preguntas. Era suficiente con lo que había visto y escuchado.

Guardo el celular, saco una moneda de cinco pesos, hago parar una mototaxi y le digo que me lleve al hotel X (cuyo dueño es aymara y no por casualidad)…finalmente, estamos en Cobija donde se vive intensamente el más complejo significado de lo plurinacional. Me sonrío, no sé si de felicidad o de tristeza

 

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