Educación, cuestión de actitud (Los Tiempos, 2014)


actitud-positiva1[1]Miércoles 2. Terminal del aeropuerto internacional de El Alto. No hay seguridad, todo puede pasar.

En mi computador veo que Los Tiempos publica dos columnas de opinión sobre la crisis de la universidad pública. En un asiento vacío alguien deja un ejemplar de Página Siete, me detengo en dos determinaciones del Ministerio de Educación. En medio de turbulencias sobre territorio pandino, reviso algunas monografías que intentan aclarar la problemática de la educación superior.

Los columnistas culpan de la crisis universitaria a factores que, desde mi criterio, no son esenciales. C. Virgüetti habla de la masificación, del cogobierno y de la cultura del diálogo al interior de la institución; mientras que M. Esther Pozo señala a “la investigación científica, la educación de forma intelectual y el pensamiento crítico” como caminos para el desarrollo de la Universidad aproximándose a lo que considero tres aspectos claves pero que, aun así, son consecuencia y no causa.

Página Siete destaca que el Ministerio de Educación capacitará de forma gratuita a 500 maestros de educación alternativa y especial en el uso de las TIC. También informa sobre otros cursos que los maestros deberán hacer a través del Programa de Formación Complementaria (Profocom) para que puedan enseñar a los estudiantes de nivel inicial (que aún no han sido “colonizados”) la lectura del “reloj del sur”, cuya interpretación se hace en dirección opuesta a la tradicional.

Las monografías que estudio y cuyos investigadores son de docentes universitarios coinciden en la calidad de la educación superior; transfieren experiencias de aula al plano de la abstracción teórica para, en un intento por comprender la realidad desde lo pensado, animarse a plantear soluciones concretas.

Una mañana de “consumir” y procesar educación; de coincidir con los entendidos en los efectos que tienen el presupuesto y los recursos económicos, la gobernabilidad y la política educativa, la administración y la gestión, los paradigmas y los modelos educativos. A pesar de ello, ninguno de estos aspectos puede ni es determinante al momento de identificar el elemento trascendental de la problemática educativa: creer que disponiendo de mayores recursos económicos y mejores infraestructuras e insumos educativos se va a gozar de una mejor educación (del nivel que sea), es caer en un reduccionismo cuestionado incluso por el más radical de los pragmáticos.

¿De qué estamos hablando, entonces? Pregunta complicada para una sociedad civil y unos gobernantes poco acostumbrados a contarse la verdad. Quizá la respuesta sea demasiado obvia, pero no por ello menos dolorosa: el problema esencial de la educación responde a una cuestión ética. Estoy hablando de la actitud ante el aprendizaje; con ello involucro al estudiante, pero también convoco al profesor.

Solo piense en la diferencia cualitativa si formáramos a nuestros niños y jóvenes para que aprendan sólo por el puro placer de hacerlo.

educacion[1]No es fortuito que el estudiante sienta que en vano hizo la tarea porque resulta que no se la revisaron; que perdió su tiempo estudiando algo que no entró en el examen; que da igual si crea o copia; si hace o lo compra hecho; si llega puntual a clases o se va de viaje a Miami; si opta por la escuela o se pone a trabajar; si se gana la nota o la empeña; si se autoevalúa con la verdad o con la mentira.

 ¿Acaso llama la atención que el estudiante sea un producto enseñado de la sociedad?

 ¿El maestro? preocupado en acabar el programa, hasta el cuello con exámenes que calificar y con una multitud de chicos malcriados, opta por anquilosarse en aquello que le da seguridad; también, cuestión de actitud ante el aprendizaje.

Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20140703/educacion-cuestion-de-actitud_265329_581421.html

Anuncios

Un comentario en “Educación, cuestión de actitud (Los Tiempos, 2014)

  1. Luis Eduardo Miranda Flores

    me gustó este artículo porque realmente la educación cambiará desde el momento que nos pongamos a pensar qué debe ser en nuestro ´país lo que se debe inculcar o estimular sin necesidad de que se vuelva una obligacion y mas bien sea una satisfacción, ademas tiene mucha razón en indicar que los maestros también deben cambiar pues una tarea no revisada, un trabajo práctico no valorado hace que el esfuerzo empleado por el estudiante por cumplir con dicha obligacion lo desmotive y que la próxima vez no lo hará porque al maestro no le interesa la puntualidad ni el cumplimiento de la obligacion por lo que el estudiante estará desmotivado.

    Me gusta

¿Quieres comentar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s