Dejar huella (Los Tiempos, 2014)


Gracias+profesora+Luz+Estela+por+su+trabajo+y+enseñanza.[1]Han pasado trece años y la escena se mantiene viva en mi memoria: Don Bely, abuelo de mi esposo, nos había invitado a almorzar  “al Club”. Luego de una comida sin cóctel de tumbo para la única dama de la mesa (solo los varones recibían aperitivo), nos aprestábamos a bajar las gradas del “jailón” y machista Club Social. De pronto, un señor mayor se acercó, dirigió su atención a don Bely y visiblemente emocionado le dijo: “Doctor, qué gusto verlo. He sido su alumno en la Facultad; quería decirle que lo recuerdo con mucho cariño, gracias maestro”. El anciano de 94 años le regaló una sonrisa y un gracias, y orgulloso comenzó a bajar por la ancha escalinata.

A sus 95 años, el abuelo nos dijo que recién se sentía preparado para dar clases en la Universidad. Su confesión nos dejó confundidos pues Belisario Velasco de la Zerda había sido reconocido como docente excelso de la Facultad de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Mayor de San Simón. Su modestia y humildad se complementaban con su pasión por la ciencia y los libros y a esa avanzada edad, él creía que recién estaba preparado para “enseñar”. ¡Increíble!

Es importante tener referentes y por fortuna hay varios en mi vida; don Bely fue uno de ellos y ahora que me dedico a la docencia, los pienso siempre.

Recuerdo a la española profesora de Historia del arte. La clase había terminado y pidió a algunos estudiantes que nos quedáramos. Nos dijo que habíamos reprobado el primer parcial pero que ella confiaba en nuestro potencial y que estaba segurísima que recuperaríamos la nota. Lo dijo con tanta convicción que ninguno de los reprobados volvimos a estar en esa despreciable categoría. Algunos le llaman Psicología básica, otros chantaje emocional, la Psicopedagogía le llama motivación extrínseca, y es que ¿cómo podíamos fallarle a la señora que, entre otras cosas, dejaba la vida en el aula y de yapa confiaba en unos holgazanes?

El Lic. Mendoza, joven en años y experiencia, se esmeraba tanto, pero tanto, que no se podía menos que admirar. Transpiraba la gota gorda y terminaba la clase mojadito; yo, impresionada por su sabiduría y memoria, pero sobre todo por su dedicación y esfuerzo.

Quien también está siempre en mi corazón y memoria fue alguien que solía decirnos con voz de radialista “buenas tardes jóvenes”. Krings, era rudo y a menudo arbitrario, ni qué decir de la disciplina que imponía. El señor, que descansa en paz, ha marcado mi formación porque simplemente dejaba ver que adoraba “enseñarnos” y para mí, eso fue suficiente.

Aunque no fui nada aficionada al colegio, mis profes fueron especiales como la “miss” de tercero básico que se dio cuenta que no comprendía los antónimos y para no dejarme en vergüenza me dijo: A ver Mónica “ahora vamos a pelearnos”. Entendí que me pedía “el contrario” de las palabras que iría mencionando. A las buenas ¿quién no entiende?

Cómo no recordar al “tío Willy” para quien yo era la “turista que reía en quechua” (ya daba algunas señales de mi insolente y viajera personalidad); o al “tío Chino Decker” que de manera sui géneris me enseñó a autoevaluarme preguntándome en un examen que nunca di (estaba de viaje) cuánto creía que me merecía. No me regalé la nota, ni él tampoco lo hizo, fue un acto de justifica y honradez que nunca olvidaré. Tuve 45, ambos sabíamos que no daba para más.

El rol fundamental del profesor es que deje huella en la vida de sus estudiantes por eso ¡gracias maestros, feliz día!

(Para acceder a la publicación de Los Tiempos:

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20140606/dejar-huella_257587_564257.html)

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4 comentarios en “Dejar huella (Los Tiempos, 2014)

  1. José Decker Márquez

    Moniquita, cómo no acordarme de tus momentos felices en el colegio,porque yo creo que tu gozaste cada minuto de esos momentos tan lindos de nuestra vida y qué lindo es recibir un cumplido tan hermoso con esta publicación inmerecida pero llena de emoción, de sinceridad y ante todo de gratitud. Estoy al tanto de todo lo que tu escribes y no imaginas lo orgulloso que estoy de esa mujer bella y hermosa físicamente, pero más bella y hermosa intelectualmente. Te quiero mucho y felicidades por todo lo que estas haciendo.

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    1. Chinito, no es un cumplido, es un recuerdo bonito que tengo de profesores como tú que le dieron un “toque” muy especial a mi educación. Para nada es inmerecida pero sí llena de emoción, sinceridad…y gratitud, eso sí.
      El cariño es recíproco. Muchas gracias.

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