“Terminal”


Muchas impresiones me llevé en el viaje a Riberalta y Guayaramerín; dos lugares del Beni que me parecen hermosos, especialmente el primero. Mis escritos y fotos siempre hablan de ello.

Por ese gusto especial que le tengo y el cariño hacia su gente tan querendona y orgullosa de su tierra, es que hay ciertas situaciones que no hacen otra cosa que darme pena y rabia. Una de ellas es el olvido que lugares como estos han padecido de las autoridades de turno. Sin tienen un encanto particular es por las características propias del lugar y el empeño de su gente. Son ciudades muy al “natural” que poco o nada han recibido de sus autoridades.

Para ser sinceros, hoy hay obras; no lo digo yo, se las ve y se las comenta. La gestión de Evo Morales se está ocupando de construir caminos, avenidas, coliseos, paseos y otros trabajos menores que de alguna manera pretenden mejorar la calidad de vida de los pobladores.

Yo vivo en el centro de Bolivia, en el tercer o cuarto departamento del país. Tengo ojos urbanos que me dificultan comprender ciertas situaciones. Y repito, me da pena y rabia; las considero injustas.

Sé que para muchos la rusticidad, naturalidad y el así nomás, pueden resultar simpáticos y muy atractivos. Es como retroceder décadas y creer que todo tiempo pasado fue mejor. Es pensar que esa gente vive muy cómoda como está pero cuando comienzas a escuchar que no tienen agua potable, energía eléctrica, que no tienen gas tampoco buen servicio de salud ni especialistas médicos, que la educación es mala, entonces te preguntas si esa “rusticidad” es realmente lo que ellos se merecen.

Vivir en un lugar donde los semáforos son escasos, los robos también, donde ves que la gente sale a tomar el fresco a la puerta de su casa, donde los niños te saludan sin conocerte, los ancianos te regalan una cara bonita al verte pasar, donde nadie toca bocina, donde el cielo es azul,  la gente es simple y amena, donde la sonrisa habita en los labios, donde no hay supermercados ni largas filas en las cajas, en fin, donde hay tantas cosas, valores y costumbres que apreciar y envidiar es, sin duda, una maravilla.

Pero detrás de esa amabilidad y forma de vida hay pobreza también; hay miseria, necesidad y limitaciones muy complicadas.

¿Por qué? ¿qué ha pasado con esos lugares? ¿por qué están tan olvidados por el Estado? por TODOS los gobernantes que han tenido la oportunidad de trabajar? ¿acaso no era su obligación?

Ayer conocí el aeropuerto de Guayaramerín. Me atacó una ridícula risa nerviosa al ver la terminal; luego entré en depresión y cuestionamiento.

Comenté con otros pasajeros que tengo la suerte de ir a un gimnasio en el que para entrar colocas tu huella en una maquinita, y que no puede ser que en Guayaramerín se llame Terminal a un pequeño, viejo y sucio galpón. !Asquerosas diferencias!

Guayaramerín es una ciudad de frontera con un clima caliente que fácilmente alcanza temperaturas que bordean los 40 y 44 grados. Hasta hoy tiene una terminal aeroportuaria que simplemente deja sin habla.

Esa rusticidad simpática se traduce en un maltrato que hasta hoy las autoridades tanto departamentales como nacionales han dado a estos bolivianos porque más allá de la estética y comodidad del lugar, la seguridad de los viajeros deja mucho que desear. No hay, no existen las mínimas condiciones de seguridad y es eso lo que más llama la atención y molesta. Finalmente, si te sientas en un banco de madera o en uno sillón acolchonado es lo de menos; lo que observo son esas condiciones en las que los pasajeros deben esperar horas de horas para tomar un vuelo con 44 grados de temperatura, con aguaceros como los que acostumbran darse por esos lados, en permanente incertidumbre sobre la llegada y/o salida de un vuelo; sin infraestructura mínima ni dotación de equipos especializados en emergencias, etc. !Inaceptable!

A esta altura de la vida y con un proceso de cambio de 8 años ya no podemos aceptar que alguien reciba este trato.

Al frente de esta “terminal” se construye la nueva, un edificio que aparentemente contará con todas las comodidades de una terminal más o menos decente, pero es una obra que hasta hoy no se puede concluir, es mas, parece estar abandonada, al menos ayer (viernes) durante todo el día no hubo un solo  trabajador.

¿Qué se espera para acabarla? ¿quizá marchas, huelgas, paros, bloqueos, gritos y pataleos? ¿se hace tiempo y se crea expectativa para que vengan luego “las autoridades” con banda y guirnaldas a cortar la cinta en plena época electoral?

Las fotos que muestro a continuación son testigo de lo que expreso. Juzgue usted.

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La terminal de pasajeros
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La terminal y el restaurant
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Los baños
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Aerocon
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los pasajeros haciendo fila para ingresar al avión
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En control
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El restaurant
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Impresionada por la rusticidad y naturalidad de una terminal que no cuenta con las mínimas condiciones de seguridad ni comodidad
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