Otro año perdido (Los Tiempos, 2014)


2014 está siendo otro año perdido, extraviado en  un proceso electoral que la mayoría de los bolivianos no le encuentra utilidad. Si quienes gozamos de cierta calidad de vida con acceso a servicios básicos, educación, salud y otros “privilegios” alcanzados a fuerza de trabajo y esmero nos preguntamos para qué una elección más, no puedo imaginarme cuánto lo lamentan aquellos bolivianos cuyo diario vivir se debate entre la pobreza y la miseria, entre madrugadas para conseguir una ficha médica y la ausencia de un centro de salud, entre una escuela sin los suficientes ítems y una con maestros en huelga, entre un plato de fideo con huevo y otro con chuño y papa.

Otro año perdido en el que la atención de las opiniones públicas se encuentra concentrada en la retórica del ofrecimiento hecho milagro, obsequios que impresionan a los incrédulos, a los persuadidos y a los escépticos, obras con olor a alquitrán, a césped sintético, a grava, y a papel de cuanta ley sea necesaria para seducir al alma del elector.

Otro año perdido en el que después de algunos esfuerzos inútiles por pelear la legalidad de la candidatura del pugilista oficial, los agotados luchadores -jamás enfrentados- deciden entrar al ring en condición de payasos, constructores de sueños, trotadores munidos de la bandera de la unidad hacedores de emprendedores, otra inútil retórica.  En el escenario de la política se han agotado los espectáculos dignos por falta de actores que estén a la altura.

Otro año perdido en el que la mayoría de los alcaldes y gobernadores del país jugará a hacerse jalar las orejas a modo de disimular los lagrimones que provocan sus pésimas ejecuciones. Máximo llegarán al 25% de ese 50% que el jefe puso de techo, pues el otro 50% debía estar invertido en la campaña.

Mientras tanto…puntos suspensivos, dicen que todo cambia y ciertamente algunas realidades sí lo han hecho siempre y cuando se las mire con las gafas del asfalto, el trufi chuto y el restaurante lleno en domingo. Más allá de esa mirada urbana superficial hay una ausencia total de lo esencial.

Necesitamos al menos 3 hospitales más de segundo nivel solo para Cochabamba, asegura el director del Hospital Viedma. El sistema de salud en el país es deplorable, ninguna novedad.

Ni hablar del maternológico Germán Urquidi, ¿cómo es posible que en un país donde las autoridades nos dan cátedra en Economía y aseguran que estamos rumbo a convertirnos en la Suiza sudamericana, las mujeres parturientas celebren la llegada de sus bebés en el pasillo de un hospital hacinado de pacientes? ¿De qué vivir bien hablan si la vida te recibe en el piso de un nosocomio lleno de indiferencia?

La misma indiferencia que reciben miles de niñas apenas adolescentes que cargan en brazos a sus hijos en áreas rurales del Beni y Pando donde es “normal” que una niña de 11, 12 o 13 años amamante a su crío. ¿Costumbre? Por supuesto, costumbre es pensar que las mujeres somos objetos de placer sexual. ¿Otro dato? En El Alto una de cada tres mujeres ha sufrido algún tipo de violencia sexual.

Estas son realidades que deben convocarnos a reflexionar sobre cuánto estamos avanzando. Me temo que andamos distraídos en teleféricos dichosos de ser unos pelucones cosmopolitas; muy alegres al ritmo de las Misteriositas del Valle; satisfechos con las 40 ferias y jolgorios que publicitan como noticia en la televisión donde se incluyen novelas políticas con argumentos híbridos de drama, comedia y terror.

No cabe duda, este es otro año perdido.

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