“A la mujer hay que llenarla de hijos”


DyPtcpEAPnOiQLE-556x313-noPad[1]Mientras nos “refrigerábamos” (a las 11:00 llega el refrigerio, alivio para los estómagos vacíos y las mentes cansadas), se me ocurrió proponer una conversación que terminó, de acuerdo a los “argumentos”, en debate de sexos y no de géneros.

En pleno intercambio de opiniones, Vladimir, el Odontólogo, me dijo con una sonrisa adivinadora: “Ya tiene tema para su próximo escrito”…”Lo haré una vez esté en el avión de vuelta a Cochabamba”, aseguré.  Y así está sucediendo. En medio de una turbulencia espantosa, intento desahogar la tensión en aquella charla de pasillo que tuve con colegas que mientras saboreaban unas –“lindas” salteñas-  trataban de empatar.

El más experimentado del grupo, abogado que bordea los 60, dijo que la mejor manera de mantener a una mujer ocupada es llenándola de hijos: “hay que llenarla para que esté ocupada”. Provocó  risa en el grupo e indignación bien poco disimulada en mí.

El Agrónomo, más joven, dijo que la mujer “tiene que llevar” porque así respeta al hombre y lo quiere más. El que estaba al lado, otro odontólogo, acotó: “si intentas meterte a defender a una mujer que está siendo violentada por su pareja, sales mal parado porque te pregunta quién eres tú para hacerlo…el famoso dicho, si me pega es porque me quiere”.

El Economista intentó suavizar la rudeza de los comentarios vertidos por sus colegas de género con “a la mujer no hay que entenderla, solo amarla”. La más jovencita del grupo reaccionó: “pero tienen que amarnos como nosotros queremos que nos amen”…complicada la cosa porque volvió a encender la llama.

Y así fue: “La mujer sí o sí tiene que pasar por la cocina, no interesa que sea profesional o no, pero su lugar es la cocina y pasará allí mucho tiempo de su vida porque así nomás es, o usted que piensa doctora”, me dijo. Silencio en el pasillo; miradas expectantes a ver qué cosita respondía  la docente.

Tomé aire mientras organizaba la respuesta.

Como un huracán mental, pensaba que con estos caballeros había que tener cuidado. Si supieran que soy  2/3 feminista; si supieran que no tengo uñas largas ni cuidadas porque gran parte del día estoy entre la cocina y la lavandería; si supieran que tengo tres hijos a los cuales dedico gran parte de mi vida y que eso implicaba que alguien me había llenado de hijos y que sin querer o no, me mantenía ocupadita…estaba en un conflicto existencial porque por muy moderna, independiente, autónoma y liberal que me crea, soy producto de una generación  que aún no acaba de desprenderse de ciertas ideas/roles sociales, culturales y demás revueltos.

Exhalé y les dije: “Es sencillo, miren mis manos: mientras yo lavo los platos, mi marido los seca; mientras yo barro, él trapea; mientras yo ordeno dormitorios, él limpia baños; mientras yo dejo wawas, él las recoge; mientras yo viajo por trabajo, él asume el control de la casa (en este momento está planchando uniformes del colegio, les dije); cuando él viaja, mis hijos y yo nos encargamos”; mientras la comida se hace, trabajo; mientras espero a mis hijos, escribo; cuando todos se han dormido, pienso”.

Les dije la verdad, y como toda verdad puede que resulte molestosa e incluso ofensiva para algunos estoy segura que ésta resultó una de dos o las dos porque además sonó a exageración, a engreimiento, a suerte, a bendición, a fenómeno, a mentira, a invento…o a matriarcado.

La Claudiña me preguntó hace unos años que qué había hecho para que mi marido sea como es. Yo le dije que nada, que ya había venido así de paquete.

Mi suegro, don Rolando,  quedó viudo cuando menos se lo esperaba, con cuatro niños y una vida por delante. Les enseñó muchas cosas, entre ellas a ser unos caballeros dispuestos a entenderse con mamaderas,  pañales,  sacadas de chanchos a media noche, llevadas y recogidas del colegio,  tareas, lavadas, planchadas, aspiradas y desempolvadas….una bendición para cualquier mujer, matrimonio, en realidad.

Mucho que agradecerle al Basilio (alias de mi suegro), que –quizá en ausencia de doña Nancy- comprendió la importancia de no tener que depender de una mujer para comer, vestir y demás. Cosa que nunca han aprendido algunos señores.

La confesión acabó el desplante de unos, las bromitas machistas de los otros, las medias verdades de los demás y las verdades completas del resto. Todos comprendimos que el éxito del matrimonio –“contrato de tramposos”, según Vladimir–  descansa en entender y ejecutar bien ese contrato: no de tramposos, sino de dos personas que deciden hacer  familia sin prejuicios, sin roles impuestos ni obligados; con voluntades declaradas.

Escribo lo que escribo con el  único propósito de dejar una reflexión en aquella mamá joven que teme que su esposo sea capaz de cambiar un pañal (conozco muchas); en aquellos varoncitos que creen que a la mujer hay que llenarla de hijos para que no se le ocurra ser profesional con todo lo que ello implica; en esas señoras que se creen superiores y en esos señores que están convencidos de que lo son.

No hay nada más saludable que tu marido te regale un juego de elegantes lapiceros o un tarjetero para tu escritorio, y que tú le regales un clavel envuelto en un delantal  a rayas. No hay nada más maravilloso que tu esposo te llene de hijos, y que luego él haga la mitad del trabajo que le corresponde.

Así de simple…y maravilloso.

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6 comentarios en ““A la mujer hay que llenarla de hijos”

  1. Excelente!! me gusto mucho, me divertí leyendo y te felicito el poder expresarte de una manera tan natural y auténtica. Tuviste suerte para encontrar un esposo completo (en todo el sentido de la palabra). Casarse con el “macho alfa” resulta indignante a estas alturas, sin embargo todavía se da en sociedades como la nuestra. Debemos educar a nuestras nuevas generaciones para lograr el cambio que necesitamos. Sigue escribiendo!

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  2. Sandy

    Me gusta como escribes! y mas aun la forma como reaccionaste ante tal situación,experimente situaciones similares y me costo mucho responder con tranquilidad…. es increíble cuan internalizada esta en nuestra sociedad la idea de la mujer en la cocina ,el hombre en la calle,y lo mas triste es que muchas mujeres lo creen y lo hacen.Soy una activista joven en temas de equidad de genero, y estudiante de comunicación social,me gustaría mucho conocerla…..

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    1. monica

      Sandy, agradezco tu comentario y te felicito por ser activista….creo que ser docente es, sobre todo, plantear debates de esta naturaleza, al final, sobre esa cotidianidad es que adquiere sentido nuestra vida…gracias. Un saludo.

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  3. Ximena Panozo

    Puedo pensar que muchas veces podemos tener suerte o tal vez pensar que los tiempos mejoraron o cambiaron para nosotras, suerte que no compartieron nuestras progenitoras, me gustó mucho lo que escribiste, no todas podemos tener esa facultad de de opinar tan natural y libremente sin sonar exagerado

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    1. monica

      Ximena, puede que esa suerte se llame “educación” como en el caso de mi esposo quien tuvo que aprender de niño que la vida es complicada y que la dos manitas hay que usarlas también en la cocina. Si no tenemos esa “suerte”, hay que abrir bien los ojos para asumir en pareja los retos y obligaciones que nos depara la vida. Las mujeres no tenemos que nacer asumiento que los hombres son de la calle ni que son unos inútiles para la crianza de los niños. Si pensamos así, así será.
      Un cariño y gracias por leerme.

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