Vicente (medio cuento o cuento a medias)


images[3]Si tuviera que comenzar haciendo una descripción de este personaje destacaría su barba crecida y descuidada, entre rubia y naranja como la del famoso pintor de los girasoles. Manos grandes, blancas y peludas como sus brazos y como su pecho que se dejaba ver entre una camisa a cuadros desabotonada en exageración, jeans desgastados por el tiempo bien vivido, zapatillas sucias un poco viejas.

Así recuerdo a Vicente, el profesor de Psicología de masas. Vicente, Vicente como el impresionista holandés, el de los girasoles.

Entraba al aula, nos miraba con sonrisa agrandada y pícara como adelantándose a los pormenores de su materia; rompía reglas: se sentaba sobre la mesa con los pies colgando y comenzaba su historia.

Como a todo psicólogo le fascinaba Freud. ¿Freud, en la materia de psicología de masas? Jamás nos instruyó en el arte del dominio de las masas…Joseph Goebbels y sus once principios de la propaganda, por ejemplo, hubiera sido genial y hoy nos sería más útil que el psicoanálisis del famoso cocainómano.

Vicente optó por el estudio del Yo del susodicho. Esperábamos que nos hablara de Edward Bernays con sus escritos sobre la manipulación de la mente a través de los medios de propaganda.

Vicente insistió en las fases de la evolución libidinal de Freud….Freud.

Gustave LeBon hubiera sido útil para comprender el comportamiento de las masas, pero Vicente insistió con Freud ¿al menos si nos hubiera referido la crítica que éste le propinó al francés nombrado?

Vicente había incluido al austríaco en su plan global no por casualidad, tampoco porque le fascinara, sino porque lo usaba como pretexto para enfrentar sus patológicos delirios…y no porque no los reconociera, todo lo contrario: el aula, más Freud, más un par de alumnas a las que solía dirigir su mirada con sospechada frecuencia, daban como resultado la lógica perfecta para dar rienda suelta a sus delirios, los delirios freudianos de un profesor de psicología.

Interrumpió bruscamente su explicación sobre la fase genital y se quedó mirándome fijamente….a mí que solía sentarme al centro de la segunda fila, casi al frente del profesor.

Tienes algún problema con el lapicero, me preguntó….yo lo miré y moví la cabeza en señal de un no…temeroso pero pícaro no, seguro que sí.

Vicente mirando fijamente cómo el lapicero se paseaba por entre mis labios  dijo: “Algunas personas nunca superan la fase oral haciendo de su boca, el centro de máximo placer sexual”.

Yo más rápido que inmediato me saqué el lapicero de la boca y agaché la mirada tratando de encontrar respuesta a la vergüenza que sentía en el sucio y rayado pupitre de madera que para colmo no era para zurdos.

Los zurdos, los bancos sucios, las zapatillas viejas y una camisa abierta en exageración, confunden mi boca que sigue sin abandonar esa fase de máximo placer, mientras recuerdo al ridículo de Freud en la materia de Vicente, el profesor de Psicología de masas.

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