No escribiré sensualidades (Los Tiempos, 2012)


No hay cosa más desagradable que un mosquito ronde tus orejas con ese zumbido tan odioso que obliga a taparte hasta la coronilla. Y me desperté porque entre el calor de la noche, el canto del bicho y los abogados corruptos del ministerio de Gobierno, pensé que era mejor bajar a mi oficina (la cocina) a escribir sin pelos en la lengua.

Aquí estoy, triste y angustiada.  Si podría graficar mi estado de ánimo, se observaría un inmenso signo de interrogación sobre mi humanidad. ¿Qué pasó? Las noticias dicen que estos señores, juristas y funcionarios de los dos ministerios más importantes, habrían ocupado funciones desde el inicio de la gestión Morales-García Linera; es decir, habrían trabajado para varios Ministros.

Qué horror, entonces el signo de interrogación no sea la mejor expresión de mi sentir, sino la cara del Chucky, ese horrible muñeco asesino que iba por las calles cogiendo a sus víctimas para matarlas…algo así como recorrer los departamentos de Bolivia cazando opositores, amordazando a indígenas marchistas, metiendo bala a supuestos terroristas mientras dormían, pagando para que los administradores de justicia se hagan a los cojudos. Es que Chucky es un niño tierno y bondadoso comparado con el horror de la realidad.

Mi amigo Javier me dijo que soy una pesimista por haber anunciado el fracaso de las competencias; mientras José me ruega para que no escriba sobre el gobierno porque estoy en la lista negra. ¡Joder! Javier y José ambos con jota.  ¿Cómo no voy a ser pesimista y cómo no voy a escribir sobre el gobierno si solo soy una madre que piensa en el futuro de sus hijos? Quiero Bolivia para ellos, por eso mismo escribo lo que escribo.

No digo las cosas porque me solace hacerlo como a esos tristes opositores que festejan cada cagada del gobierno y que hacen política con el sueldo y sexualidad del Presidente. No soy opositora al régimen, pero si me opongo a cualquier forma de  abuso. Solo escribo como simple ciudadana y como madre que ve que sus hijos crecen en un país invadido de corrupción.

Cuando empezaba a creer en la candidatura de Jessica y en las obras del Cholango, en la nacionalización y en las leyes sociales de este gobierno, la tapa se entreabre y empiezan a salir los monstruos: esos abogados que han estudiado para ¨meterle nomás¨…y recupero memoria.

Es entonces cuando comprendo tanta audiencia postergada en el caso Leopoldo Fernández; la muerte en la Calancha, el Enero Negro en Cochabamba, el tour judicial de los implicados en el caso “terrorismo”; el autoexilio de opositores obligados a escapar al Brasil, Paraguay y Estados Unidos; la presencia del protagonista de Milk y su nombramiento como  defensor de  casos especiales.

¿Tendremos que acudir a Madonna, Barbra Streisand o Mr. Bean para que los verdaderos maleantes  -los “postergadores y compradores de  justicia”- se pudran en las terroríficas cárceles bolivianas?

¿Cómo no voy a ser pesimista cuando  las  senadores, ministras y diputadas protegen con su silencio a un correligionario suyo que ha violado a su hija durante cinco años? ¿O cuando la ministra de Comunicación dice que los periodistas son los culpables de las diferencias entre Romero y Delgado? ¿Cómo no voy a decir nada cuando los dos ministerios más poderosos del país son asesorados por una banda de delincuentes?

Yo sé que es más sensual escribir sobre el calor del verano y el calzón rojo de Año Nuevo, y menos riesgoso también; pero ¡por Dios! no perdamos el valor de defender el futuro y dignidad de nuestros hijos. ¡Eso jamás!

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