Carta a Sean Penn (Los Tiempos, 2012)


Lo primero que supe de usted fue que estuvo casado con la reina del Pop; lo último que admiré fue Milk, su actuación como defensor de los derechos políticos de las personas homosexuales fue fascinante.

Por su hoja de vida, no logro comprender por qué el interés suyo en el caso judicial de Jacob Ostreicher, caso que adquiere connotaciones particulares al haberse descubierto que detrás de la detención, actuaba una banda de delincuentes de cuello blanco con el más absoluto y legítimo pero ilegal poder.

Me parece extraordinario que un hombre premiado por sus actuaciones en Hollywood se sensibilice con la desgracia de un compatriota, y felicito que ocupe el poder que le otorga su fama actoral para ayudar a los resbalados en desgracia; pero mi desconcierto tiene que ver con la relación Hugo Chávez-Evo Morales-Jacob Ostreicher (y banda de oficiales extorsionadores o extorsionadores oficiales; es decir, delincuentes que oficiaban como asesores jurídicos del gobierno, fiscales y otros cargos importantes).

Sr. Penn, no logro comprender la tríada. Es posible que se trate de una horrible coincidencia, es decir, que usted solo sea amigo de Hugo Chávez y por ende de Evo Morales, y que a tiempo de haber sido nombrado asesor de los casos especiales del gobierno del presidente Evo (cosa que entiendo menos) se haya sentido compungido por Ostreicher. Pero también puede ser que no.

Aprovecho su fama, extraña influencia y buen corazón para contarle que en Bolivia, existen cientos de personas privadas de su libertad las cuales no gozan de un debido proceso, convirtiéndose  en víctimas de un sistema judicial con evidente injerencia política (como se da cuenta porque usted tampoco es ajeno a ella), y escandalosamente corrupto, inhumano y despiadado.

Esto no se inauguró en el gobierno de Evo Morales, por supuesto, pero resulta que es en su gestión donde la enfermedad adquiere un carácter pandémico. Hay personas, muchas, que viven lo que su compatriota Ostreicher sufre: Ciudadanos bolivianos y extranjeros que son presas de funcionarios públicos que han creído que su poder había sido ilimitado, ilimitado ¿me entiende?

La prensa ha hecho que el caso Ostreicher adquiera ribetes de escándalo y con ello se dé la impresión de que es el único caso en donde la banda de delincuentes constituida al interior del poder político, había ejercido influencia. Yo dudo de que la red de extorsionadores solo haya actuado en este hecho particular.

Hay otros casos en los que los bolivianos venimos preguntándonos qué está pasando con los administradores de justicia: Decenas de audiencias que por una u otra razón no se llevan a cabo o porque son postergadas, suspendidas o interrumpidas. Esto, se ha vuelto el pan de cada día y mientras tanto, el tiempo no perdona y los detenidos -culpables o inocentes-  padecen lo indecible, señor Penn.

En resumen, en materia judicial, lamento decirle que mi país es una verdadera mierda. Los penales son inhumanos –a no ser que se pague para disimular sus precariedades-, no se tiene confianza en los abogados porque tampoco hacen su mejor esfuerzo para ganársela, fiscales y jueces obedientes al poder político; es decir, un sistema del que pido al Supremo nos tenga resguardados.

Sean: ¿no encuentra increíble que la gente agradezca su presencia en Bolivia? ¿Se da cuenta de que la confianza en un sistema judicial depende de su persona, un actor de cine? Es que los bolivianos preferimos vivir en el placebo que nos otorga la fantasía del absurdo, del absurdo posible porque en este país, lo más posible es el absurdo.

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