Títulos que quitan el sueño (Los Tiempos, 2012)


El dormitorio aún se teñía de amarillo artificial, había silencio de madrugada, el frío amedrentaba mi humanidad y ahogaba una vejiga que pedía auxilio; serían las cinco de la mañana y yo con la mirada puesta en el techo pensando en un título para esta columna.

Sabía lo que quería pero no podía armar el contenido, se entremezclaban enfoques, recuerdos, experiencias…solo sabía que quería escribir sobre educación y su propósito, y a quién estamos educando, y lo mal que estamos, y lo mucho que hay por hacer.

“Eduquemos en ideas”. “Construyendo utopías”. “Educación, liderazgo y futuro”. “De retorno al Trivium”. Mi mente estaba confundida por esos titulares que abstraen mi preocupación por la educación de los bolivianos.

Resulta que leer a Tamayo y a Medinaceli es darse cuenta de que el tiempo se ha detenido y que los males se han  profundizado. Leer la crítica que hizo José Ortega y Gasset al profesional europeo es evidenciar el pobre impacto social de la Universidad. Pedir al boliviano que visualice un futuro, que idealice un perfil profesional es convencerse de nuestra incapacidad de soñar; de acariciar utopías; de creer que el mañana llega según cómo vivamos el presente; es sentir enojo por los 500 años que nos enseñaron a vivir del pasado, oscuro y tremendo sí, pero pasado; es cuestionarse el objeto de la pedagogía y el rol del educador; es devolverse a las ciencias básicas, a la lógica, a la filosofía y a la música; es interpelar la vida y nuestro estar en ella; es seguir convencida de que no es tiempo de claudicar…que tenemos que seguir con polvo de tiza en las manos, con manchas de tinta en los dedos, con palabras de aliento y esperanza en las aulas, con voz de crítica y reflexión, con oídos siempre atentos a las preguntas de nuestros estudiantes y con ojos de amor para ellos.

Desde las aulas, desde las plataformas virtuales, los salones de profesores, las salas de conferencias, laboratorios y pasillos impulsemos ideas, construyamos bellas utopías, visualicemos al hombre ideal, al profesional educado en ciencia, valores y actitudes, edifiquemos desde el espacio educativo a ese niño crítico, a ese joven consciente, a ese adulto líder.

Luego dije no. ¿Qué tal si escribo sobre la historia de Cecilia? El título sería “Don Domingo”. Es que a esta mi amiga -como a muchas mujeres- la vida se le ha hecho cuesta arriba, y en esa dura escalada me confesó que el hombre más importante de su vida es su mecánico, don Domingo, quien la saca de apuros cuando su cacharro se planta, que no le cobra y que además se ha puesto en campaña para conseguirle marido.

Entonces pensé en mi madre y en las peripecias que tuvo que hacer por nosotros: Experta en reconectar la luz, en cebar la bomba de agua desde una vieja escalera de 14 peldaños,  vendedora de miles de metros cuadrados de esperanza y amiga de todos los de la cuadra que llegado el momento le prestaban el alquiler y las pensiones.

Mujeres autorizadas para hablar de vida y  agonía.

Cuando aún no había logrado decidir el título –ya con los ojos cerrados como queriendo caer en sueño-  sonó el despertador y con él saltó mi marido. Siete horas antes le había contado que unos viejitos murieron tomados de la mano después de 72 años de matrimonio. Inmediatamente agarró la mía y se durmió.

Educar, valorar la lucha de una madre sola, y que te tomen de la mano por las noches son demasiadas bendiciones por las que agradecer.

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2 comentarios en “Títulos que quitan el sueño (Los Tiempos, 2012)

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