La luna, en la luna… ¡esa luna! (Los Tiempos, 2012)


Quiero pensar solo en la luna que estos días estuvo tan hermosa…la otra noche me la regaló Álvaro como viene haciendo hace casi un cuarto de siglo. Esa luna que hemos enseñado a admirar a nuestros hijos y que algún día también regalarán a sus esposas. Esa luna que hace que todos salgamos corriendo al jardín a verla cuando alguien de la casa la descubre y anuncia.

Quiero pensar en lo maravilloso que es mirarla en especial cuando sientes que casi la puedes tocar.

Esa luna llena, llena de historias hermosas y jocosas como la de mi hijo de siete años quien le discutió a su profesora cuando ella dijo que solo salía de noche y él insistió en que también salía de día. Bien por él que aprendió a no dudar de su existencia ni de lo que es capaz de ver.

Quiero, estos días, intentar pensar solo en la luna que como apaciguadora de dolores e incertidumbres decidió reconquistarnos con su brillo, su tamaño…su magia.

En la luna quiero estar ignorando todo lo que pasa en este mundo terrenal, a veces caótico, a veces de locos, a veces de mierda. En la luna para no darme cuenta de la sinvergüenzura de los políticos, de los dirigentes y de todos quienes se atreven a mover  las masas tal cual marionetas estúpidas.

De día, cruzando el puente en medio de bloqueos y bloqueadores, mirando y escuchando que vivimos en un país difícil, de aprovechados y aprovechadores, viendo cómo los más pobres padecen la ignorancia de su voto y los más ricos siguen siendo más ricos, vendiendo, ofertando y siendo exitosos aunque a pie y con la cabeza metida en el pavimento haciendo buenos negocios.

Y en esa oscuridad, la luna, tranquilizadora, me devuelve a mi alma, me reconecta con mi corazón, intenta darme fuerza y lucidez para decirles a mis hijos que el futuro es posible, un futuro juntos, con ellos, viendo a mis nietos crecer y no lejos de ellos por culpa de un país que no quiere, que no puede liberarse de la pandemia…de la falta de educación, la pobreza espiritual, la miseria material, la corrupción.

¿Se verá igual la luna desde otros lugares? me preguntó mi hijo de catorce años. Le dije que sí, que la luna se veía igual desde donde estuvieras…quiero creer eso y que lo crea él también y ambos pensar que desde acá es posible seguir mirando la luna…hasta dejar de existir.

Quiero pensar que todos los bolivianos somos capaces de salir a nuestra ventana y maravillarnos con la luna, que no hay un solo ciudadano que no deje de admirarse con su belleza, que al final del día sea ella la que nos conecte con lo fundamental de esta vida…y que su encanto mágico y grandeza hagan que despertemos siendo mejores personas.

Quiero creer que todos –por muy diferentes que seamos, que pensemos y actuemos– al final del día seamos capaces de conectarnos a través de la luna y que ésta nos recuerde lo pequeños e insignificantes que somos y, por tanto, la humildad que debe reflejar nuestros actos.

Esa luna linda que nos lleva de vuelta al mundo de los sentimientos, la esperanza y los sueños, de tomarse de la mano, de mirar a tu pareja y regalarle una sonrisa, de enseñarle a tu hijo a mirar el cielo para buscar estrellas, para admirar al señor sol y para amar a la señora luna…

¿Qué más es esta vida?

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